El universo fílmico de Kleber Mendoҫa Filho

Resistencia. Los filmes del brasileño son alegato de resistencia en un país de altos contrastes.

 

Crítico cinematográfico, director, coordinador del Instituto Moreira Salles y próximamente presidente del jurado de la semana de la crítica en Cannes. Se trata del pernambucano Kleber Mendoҫa Filho quien se ha convertido en un referente del cine mundial y es parte de una generación que está revitalizando el cine brasileño.

 

Tras un periodo de estabilización post dictadura, el cine brasileño de los ochenta y noventa prefirió la exploración estética a la confrontación política. Pero con el siglo XXI surgieron cineastas que han vuelto su inquietud artística a los temas políticos que caracterizaron la cinematografía brasileña de los años setenta.

 

Con el nuevo milenio también llegó la descentralización. Las nuevas tecnologías y las facilidades de estudio permitían hacer películas sin la necesidad de viajar a Río de Janeiro o Sao Paulo, surgen así, voces provenientes de distintos rincones del territorio brasileño.

 

La nueva efervescencia de cine político encontró en el documental el lugar idóneo para retomar historias inconclusas o sacar a la luz nueva información que la dictadura había sepultado. Aunque cada vez son más las historias que desde la ficción se atreven a denunciar la corrupción o a criticar a la sociedad brasileña.

 

Entre los filmes más representativos está Avanti popolo (Michael Wahrmann, 2012) sobre un hombre que a través de metraje encontrado trata de averiguar lo sucedido con su hermano, que lleva 30 años desaparecido.

 

Recife, capital de Pernambuco en el noreste brasileño, se ha convertido en una región de gran importancia económica,  turística y cultural. Pero ante el avance tecnológico, la brecha que separa a ricos y a pobres es cada vez mayor.

 

Cineastas como Gabriel Mascaro o Marcelo Pedroso han vuelto su mirada hacia estos temas: En Um lugar ao sol (2009), Mascaro explora el pensamiento social y cultural a partir del cambio urbanístico, donde los más adinerados viven por encima del resto. Mientras que en Brasil S/A (2014), Pedroso se vale del cine-ensayo para ofrecer una lectura crítica del llamado desarrollo, a partir de imágenes con estética publicitaria y propagandística.

 

Sin embargo, ni las manifestaciones o filmes en contra del mundial de fútbol Río 2014 o los Juegos Olímpicos del 2016, provocaron tanto escozor como la manifestación pública de Kleber Mendoҫa y el resto del equipo de Aquarius (2016) durante el festival de Cannes, en el que protestaron por lo que consideraban un golpe de Estado contra el gobierno de Dilma Rousseff.

 

La película tuvo a partir de entonces un largo y exitoso recorrido en festivales, mientras que meses después, ya con Michel Temer en el poder, le fue denegada su participación en los Óscar. Una acción tomada evidentemente como represalia política por lo sucedido en Cannes.

 

(Re) pensar el espacio. En el cine de Kleber Mendoҫa destaca principalmente la interacción que tienen los personajes con el espacio, este se convierte en un personaje más y tiene la particularidad de poseer conciencia histórica.

 

La relación entre los personajes y la ciudad siempre está presente en ‘O Som ao Redor’

En sus dos largometrajes inicia con fotografías de archivo, secuencias que advierten el contexto en el que están circunscritas las historias. En O Som ao Redor (2012) son fotos de inicios de siglo XX, con personajes rurales que dejaban atrás la esclavitud más no la pobreza. En Aquarius, son las imágenes de Alcir Lacerda del Recife de fines de los sesenta.

 

La capital de Pernambuco es la locación de todos sus trabajos, sus empinados rascacielos y casas de clase media cubiertas por rejas y cables de electricidad, son el escenario donde sus personajes transitan.

 

En O Som ao Redor el énfasis está en la seguridad. Mientras una familia de varias generaciones, dueña de más de la mitad de las casas de un barrio en Recife, vive en aparente comodidad, los vecinos chocan entre sí, asfixiados por barrotes, columnas de cemento, autos y demás objetos cotidianos. Ante el miedo de la gente, surge la necesidad de contratar seguridad privada.

 

La paranoia por la inseguridad viene desde el primer cortometraje de Filho, Enjaulado (1997), en el que un hombre se suicida tras pasar varios días encerrado con miedo a un asaltante, después de presenciar la muerte de una mujer frente a su apartamento.

 

El director propone pensar el espacio en dos instancias: lo público y lo privado. En su obra, la cámara está constantemente dentro de los apartamentos, siguiendo de cerca a los personajes, mostrando las habitaciones y la forma en que viven, unos más holgadamente como la familia adinerada en O Som ao Redor; otros de manera más hacinada, como la protagonista de Eletrodoméstica (2005), una ama de casa que busca desesperadamente cómo tener un mínimo de espacio personal lejos de sus hijos y encontrar algo de intimidad.

 

Lo público está marcado por los edificios, las calles, la playa y los rascacielos. En Aquarius hay un gran plano secuencia en el que se observa a una pareja teniendo relaciones en la playa de Boa Viagem, cerca, unos jóvenes juegan al fútbol y la cámara entra al apartamento de Doña Clara (Sonia Braga) quien descansa en una hamaca.

 

En esa secuencia el director une lo público y lo privado, y expone la manera en que Doña Clara vive: sin verjas, con la ventana abierta, sin pasar el picaporte a la puerta. Ella pertenece a otra época, una que se ha ido perdiendo.

 

Sonidos de la ciudad. En los filmes de Filho, además del espacio, el espectador está muy consciente de los sonidos y la música, ya que sin importar cuántos muros, verjas o puertas de seguridad hallan, el sonido atraviesa todas esas capas, rompe con la división de clases y se instaura en el salón de cada apartamento.

 

El laborioso diseño sonoro de sus películas crea escenarios barrocos, propios de un Brasil en constante movimiento, con una industria inmobiliaria de crecimiento acelerado, que ofrece vistas de lujo a unos cuantos, mientras la mayoría vive en una ciudad acalorada.

 

La elección de las canciones no es azarosa, sino que es producto de las emociones que el director busca transmitir, tanto en sus personajes como en el espectador. En Aquarius la música ubica temporalmente y marca el carácter de la protagonista, una mujer resistente, que prefiere lo analógico a lo digital por el valor emocional, así como defiende su hogar de ser convertido en un moderno edificio de apartamentos.

 

Urbanismo agresivo. La deshumanización de las ciudades es otra constante en su obra: “la frialdad del urbanismo agresivo tan común en las ciudades latinoamericanas”.

 

En Recife frío (2009), imaginó cómo un meteorito produjo un cambio climático en el que Recife dejó de ser un paraíso tropical. En esta distopía, filmada como un falso documental, el mercado inmobiliario se derrumba y la gente empieza a morir del frío.

 

En O Som ao Redor el viejo patriarca, propietario de varias casas y edificios, ha olvidado los rostros de aquellos a quienes dejó huérfanos. Mientras que en Aquarius, los caminos que dejan las termitas sobre las paredes parecen las cicatrices del edificio. Tanto el inmueble como Doña Clara, llevan marcas que recuerdan lo que han vivido.

 

Sin embargo, la ficción no supera la realidad: en noviembre del 2016, Marcelo Calero, el Ministro de Cultura que impidió que Aquarius compitiera en los Óscar, renunció tras develarse su participación en un proyecto inmobiliario en Salvador, capital de Bahía, zona que es patrimonio histórico nacional. Una semana después, el exministro acusó al presidente Temer de tráfico de influencias.

 

Otros cortos del director:

A Menina do Algodão (2003)

Vinil Verde (2004)

Noite de Sexta Manhã de Sábado (2006)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *