Los relámpagos de Cordón

Julio Hernández Cordón irrumpió en el año 2008 en la cinematografía mundial al presentar en el Locarno Film Festival su ópera prima: Gasolina, un largometraje que apenas pasaba la hora de duración que sigue a un grupo de jóvenes que roban combustible para andar en automóvil, deslumbró desde ese inicio y continúa latente 10 años y 6 largometrajes después.

 

En sus películas ha experimentado con el lenguaje cinematográfico, ha utilizado actores no profesionales, incluidas algunas amistades, ha mezclado ficción con el documental, a tal punto que las fronteras de uno y otro se vuelven difusas. La mayoría de sus obras tienen mucho de experimentales, casi siempre se ha enfocado en jóvenes para contar sus historias, están basadas en sus vivencias, en sus anhelos, frustraciones, alegrías y tristezas.

 

Son personas del común, con problemas o que se meten (queriendo o sin querer) en ellos, de escasos recursos que buscan mantener su vida a flote, o al menos hacerla más factible de vivir. Son personajes marginados por una sociedad que se arma bajo convencionalismos, en muchos casos, conservadores, que no aceptan la irrupción de desfachatados.

 

María Secco ha sido la directora de fotografía en cuatro de las películas de Cordón, el mismo en una, y Nicolás Wong en su último trabajo, el filme costarricense Atrás hay relámpagos. Este es uno de los apartados donde más sobresale, dando una gran fortaleza visual, se ha servido de secuencias largas bien coreografiadas, creando además un ambiente particular alrededor de la juventud retratada en la obra.

 

En Atrás hay relámpagos el foco se dirige hacía dos chicas, jóvenes fácilmente tachadas como “ninis”, acomodadas económicamente y sin mayor interés por sobresalir o encajar en lo que la sociedad dicta. Pasan sus días dando bromas y hablando, durante la noche se juntan con sus amigos bikers y salen a andar en bicicleta por la ciudad, se montan la fiesta, beben, tienes relaciones, se echan en cara cosas, viven a su forma.

 

Una tribu urbana que bien puede ser catalogada por esa sociedad estigmatizadora como vagos, drogadictos y vacíos, pero que afloran sentimientos cuando tienen que hacerlo, una sensibilidad que dentro del argumento no se antoja gratuita ni barata, por el contrario, es mucha la sinceridad expresada en pantalla de un tema tan vivo en nuestro país (y en el mundo) como es la migración, en este caso específico de la población nicaragüense.

 

Cordón aporta mucho del diario vivir, mucho de naturalidad, por lo cual nada se ve ni artificioso ni ficticio, todo fluye con completa naturalidad, esto es precisamente lo que ayuda a que esta secuencia en particular, entre ticos y nicas sea uno de los puntos más altos del metraje, con todo y que ese contexto no se aborda lo suficiente.

 

Atrás hay relámpagos es un filme que tiene esa visión imperdible de su realizador, sus particulares formas e historias, cine de autor hecho para festivales como lo ha demostrado el recorrido que está teniendo este 2017. A la espera de su estreno en salas en nuestro país, se espera una recepción aceptable, al menos para quienes quieran ver un tipo de cine alejado de lo “normal”, igual que el dúo protagonista.

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