Guaraní: la lengua in-visible

Por Ernesto Calvo

 

El cine es, junto a la exploración en los universos contextuales y visuales donde se desarrollan sus tramas y personajes, una inmersión en el lenguaje oral y los matices de los  espacios donde esas historias y conflictos se expresan; una evidencia que, sin embargo, pocas veces es trabajada con profundidad como parte de los análisis cinematográficos.

 

El filme paraguayano Guaraní es, desde su título mismo, una propuesta que toma a la oralidad, en sus tradiciones y contemporaneidad, como base fundamental de su trama; pero sobre todo, como vehículo de comunicación dramatúrgica para comprender los matices simbólicos de la historia que nos narra.

 

No es casual que esto ocurra, teniendo en cuenta que este idioma es hablado, con diversos grados de fluidez y conocimiento, por aproximadamente el 80 % de la población paraguaya; y en algunas regiones, por la totalidad de la población, incluyendo quienes ni siquiera hablan o entienden el español, la primera lengua oficial de Paraguay.

 

Como reivindicación de esa realidad lingüística y cultural, al igual que otros filmes recientes de la emergente aunque pujante cinematografía paraguaya –Hamaca paraguaya, de Paz Encina (2006), 7 cajas, de Juan Carlos Maneglia (2012) o Latas Vacías, de Herib Godoy (2014)-, que también incluyeron diálogos en el idioma originario de Paraguay, Guaraní utiliza ese lenguaje como elemento clave del contexto donde se desarrolla esa trama y sus personajes principales.

 

Es de esa manera que podemos comprender la obstinación de su protagonista, el ya anciano Atilio, de no utilizar el español como forma de comunicación y solo hablar en guaraní, tanto con su familia como en su trabajo habitual de transporte de pequeñas mercancías a través del río Paraná, frontera natural entre Paraguay y la Argentina.

 

El viejo Atilio tiene una nieta, Iara, que le ayuda y le sirve de “intérprete” con respecto a las personas que solo hablan español, en esos viajes habituales en bote a través del Paraná. Pero Iara también se convierte en el contrapunto simbólico de su abuelo, pues aunque  entiende y habla el guaraní con fluidez, no quiere convertirse en la prolongación de las necesidades de su abuelo, que ha visto frustrado su deseo de tener un nieto varón, para trasmitirle sus conocimientos de pesca y del guaraní. En ese sentido, Iara reclama su autonomía como adolescente, cuando se niega a transmutarse en una especie de hombre, cuando usa la ropa que su mamá le envía desde Argentina y le reclama a su abuelo por sus prohibiciones, que pretenden  hacer de ella algo que no es.

 

No obstante, el amor de esta adolescente hacia el abuelo, se manifiesta cuando este decide emprender un viaje a Buenos Aires, al enterarse que la madre de Iara está embarazada de un varón. Atilio quiere traer de vuelta a su hija y madre de Iara al Paraguay, para que su nieto nazca en ese país y no en Argentina.  Pero en el viaje irán haciéndose evidente la edad y vulnerabilidades de este anciano, y es precisamente en esos momentos que su nieta está presente para atenderlo y salvarlo, cuando se hace imprescindible…

 

Contada desde un realismo visual sobrio, con tiempos narrativos lentos y diálogos precisos, Guaraní se inscribe dentro de esas tendencias del cine latinoamericano contemporáneo, que intenta visibilizar realidades escasamente re-conocidas dentro de los espacios culturales-nacionales donde se desarrollan sus (pequeñas) historias, a través de tramas y personajes que apuestan por darle vida a lo que ha permanecido invisible, preterido, no contado en la historia oficial de nuestros países.

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