Los hongos: Grafitear la resistencia

Por Francisco Acuña

 

El filme colombiano Los hongos, de Oscar Ruiz Navia quien también coguioniza (junto con César Augusto Acevedo), es un audiovisual que narra el día a día de sus dos protagonistas: Ras (interpretado por Jovan Alexis Marquinez) y Calvin (interpretado por Calvin Buenaventura), dos jóvenes cuya mayor pasión en la vida es explorar las posibilidades del grafiti como forma de expresión y resistencia.

 

La película pretende mostrar, mediante los fragmentos de cotidianidad que nos presenta, aquellas vicisitudes de los protagonistas, tanto personales como sociales. Desde la perspectiva de Ras y Calvin se nos plantean comentarios sobre la hipocresía política, la violencia policial, la situación contemporánea de Colombia, el lugar viciado que la religión puede tener en el erguimiento de ideologías políticas, y sobretodo el lugar que posee la revuelta y la subversión, como actos que contribuyen a cambiar un status quo abusivo e injusto.

 

Como es evidente el despliegue temático del filme es variopinto y ambicioso, y tal vez justamente de esta ambición, es de donde se derivan sus mayores problemas. Al plantearse las problemáticas sociales a tratar, la película no puede evitar caer en lugares comunes y en discursos manidos. El abordaje que se realiza de fenómenos muy complejos termina siendo bastante superficial, siempre en blanco y negro, sin los matices que hubieran podido brindarse (y que hubieran sido de agradecer) si se hubiera trascendido cierta frivolidad discursiva.

 

Las actuaciones, con la excepción de la interpretación de Atala Estrada, como la abuela de Calvin (dramática, convincente y conmovedora), poco ayudan al impacto emocional que la película en sus momentos claves pretende generar, por lo común el desempeño actoral se mueve en el espectro entre lo aceptable y lo sonrojante.

 

El pulso narrativo repetidas veces se convierte en otro bache para el audiovisual. Si bien a grandes rasgos funciona y la progresión de los acontecimientos siempre tienen algún punto de interés, constantemente se alargan escenas sin que aporten nada estética o argumentalmente. Si bien el filme parece interesado, por medio de las mismas, en mostrar momentos cotidianos de los protagonistas, la construcción de las situaciones y la manera en que se llega a ellas se vuelve artificiosa.

 

Mención aparte merece una pequeña escena que se añade como una suerte de comic relief protagonizado por tres trabajadoras sexuales trans. Se les caricaturiza, y solo se incluyen en el filme para sacar risas del público porque fueron lascivas con uno de los protagonistas. Esta no es solamente una escena de escaso o nulo valor, sino que ejemplifica también cómo definitivamente la sutileza no es algo que el filme pueda contar dentro de sus atributos.

 

La crítica social que se realiza se manifiesta en términos similares, señalando reiteradamente lo evidente, sin ningún comentario novedoso en el tema. El control social en manos del estado, la religión y la policía se mantienen como viñetas de interés temático, como antagonistas que se turnan a como la película avanza, pero la narrativa se sirve en cada caso de clichés para caracterizarlas.

 

En momentos la película remonta y algo de la subcultura grafitera y el ímpetu juvenil como forma de resistencia reluce en encanto, especialmente en los momentos más íntimos y las escenas en interiores. Pero son breves fragmentos de genialidad que no logran rescatar el conjunto. Así, aun con algunos momentos bastante inspirados (como un travelling muy bien logrado que muestra el trabajo de los grafiteros mientras lo realizan, muy evocador de aquel traveling godariano en Week-end) Los hongos no logra trascender el calificativo de aceptable.

 

El filme de Ruiz posee planteamientos e intenciones interesantes, que no llegan a buen puerto debido a una ejecución actoral, artística y discursiva que en reiteradas ocasiones no dan la talla a las ambiciones propuestas. Aun así, son remarcables la fotografía,  los aspectos técnicos en general y los momentos más íntimos, que por ocasiones dejan ver aquella película, bastante más inspirada que Los hongos hubiera podido ser.

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