Cine en el FIA 2017. Parte 3.

La tercera jornada del Festival de Cine Europeo que se realiza en paralelo al FIA, ya a estas alturas si se pregunta si es lo mismo, la respuesta es que son actividades distintas; traía los dos filmes más anticipados: Yo, Daniel Blake (2016) de Ken Loach, ganador de la Palma de Oro en Cannes el año pasado, y Paraíso (2016) de Andrei Konchalovski, León de Plata en Venecia a mejor director. Sobre esta última habrá una posterior reseña. Ahora concentrémonos en el filme británico.

 

Ken Loach se convirtió en la persona de más edad en ganar la Palma, aunque su nuevo filme viene en empaque clásico, el realizador no se sale de lo acostumbrado en su cine: realismo social, crítica a la burocracia y personajes obreros, en este caso un carpintero y una madre soltera. La crisis por el desempleo es el telón de fondo en este drama parsimonioso que cumple cabalmente en mostrar cada personaje de la periferia social: adulto mayor desempleado, madre joven que termina prostituyéndose, hijos con problemas escolares, migrantes, unión de trabajadores y los malos, los del servicio de pago de pensiones, los burocráticos del gobierno.

 

El mayor problema del filme es su extrema dicotomía. Loach es enfático en dividir en polos opuestos a sus personajes, por lo que estos pierden en profundidad. Los del servicio de pensiones resultan caricaturizados, su rol simplemente es ser antagónicos del protagonistas, pero se falla en determinar por qué el sistema es de esa manera, qué sucede a nivel social en Gran Bretaña para que haya ese desapego emocional hacia las minorías…

 

Estas preguntas quedan en el aire porque nunca se responden, el argumento ni siquiera se las plantea. El Brexit puede estar en la mente del espectador, es claro que Loach ve una responsabilidad de la política británica reciente, en la crisis económica y social que como siempre afecta a las clases minoritarias.

 

La película, por tanto, resulta manipuladora en extremo, no habrán pocas lágrimas al final, cuando déspotamente Loach ajusticia a su protagonista para subrayar su comentario, como si en la película no lo hubiese hecho ya en reiteradas ocasiones. Este ahínco del director por momentos resulta indeterminado, por ejemplo la escena cuando el protagonista hace un grafiti denunciando su situación y la gente en la calle grita, aplaude y se ríe… pero lo hacen de él o del gobierno… Al final una patrulla se lleva al personaje y más risas.

 

Lo más atractivo del filme es la actuación de Dave Johns, quien sin histrionismos extremos da vida a un enfermo carpintero que apartado de las nuevas tecnologías, deambula en una indeterminación existencial, al mejor estilo de Kafka. Este Quijote envejecido realiza los últimos embistes que su corazón le permite, mientras el espectador mantiene la atención.

 

El carpintero resulta un alter ego de Loach, aquel un hombre que escribe solo a lápiz, que no entiende de computadoras; se compara con el veterano director quien recurre a un dispositivo clásico de narración frente a las nuevas tecnologías del cine contemporáneo. En este sentido, hay algo de analógico en el cine de Loach (a pesar de proyectarse digitalmente, vaya ironía).

 

Al final, el filme es un relato sencillo, con un peso social importante, resulta atractivo, pero está lejos de ser un filme memorable. El Festival de Cine Europeo sigue debiendo una película grande.

 

Un comentario sobre “Cine en el FIA 2017. Parte 3.

  1. Gracias por el comentario.

    Solo recordar que el verbo haber es impersonal. Es error frecuente en el país tornarlo personal, como en el caso «no habrán pocas lágrimas al final». Se dice «no habrá».

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