Cine en el FIA 2017. Parte 2

La segunda jornada de cine en el Festival Internacional de las Artes (FIA) 2017 congregó bastante público, a pesar de que hubo un apagón general en el territorio nacional debido a una falla eléctrica que se originó fuera del país. Las autoridades respondieron con mucha eficiencia y el fluido eléctrico se restableció antes de la función en el CENAC. Por su parte el cine Magaly cuenta con una planta que les permite no interrumpir su programación.

 

En el CENAC se presentó la animación brasileña Río 2096: una historia de amor y furia (Luiz Bolognesi, 2013), ganadora del Cristal de Annecy a mejor película. A la actividad llegó el doble de asistentes que la jornada anterior. La organización mejoró y tenía sillas disponibles en la parte frontal para aquellos que no querían subir a la tarima de gradas.

 

El filme narra las aventuras de un guerrero Tupinambá que ha vivido por 600 años. Desde su mirada se cuenta la historia del Brasil con un claro tono de crítica social, con énfasis en la disparidad entre los poderosos acaudalados y las víctimas: indígenas, esclavos, estudiantes, etc., de acuerdo al momento histórico, con referencias al cinema novo.

 

 

Las tres primeras partes tienen un mismo dibujo, toda la animación es hecha por computadora. La concordancia de estilo se debe a que narra momentos históricos reales, eso sí, el tono de denuncia viene dado desde la perspectiva del director, quien iguala a los portugueses de la conquista, con los ricos terratenientes o los militares durante la dictadura brasileña.  La última historia es una suerte de advertencia profética: en un hipotético Río de Janeiro en el año 2096, la guerra es por el agua, ahí las grandes industrias controlan el negocio y como se dio en el pasado, la brecha entre ricos y pobres sigue igual. Las motivaciones del protagonista las dicta el amor que tiene por Janaína, quien también ha dio reencarnando según pasan los siglos.

 

El día dos del Festival de Cine Europeo presentó otra película italiana: Locas de alegría (Paolo Virzi, 2016), filme que ya se había exhibido en el país en el pasado Festival Internacional de Cine 2016.

 

La comedia resulta atropellada por más que plantea temas interesantes, el principal, el estar contada desde la perspectivas de dos mujeres con padecimientos psiquiátricos, pero las situaciones en que se ven envueltas carecen de verosimilitud. El guion cae en la repetición de situaciones que cansan, por más que las actrices realizan un buen trabajo y resultan convincentes en sus roles. El filme es una producción costosa, unos 15 millones de euros, que a duras penas llegó a recuperar la mitad.

 

Muchas locaciones grandilocuentes e innecesarias y escenas pensadas para hacer reír al público, desvían la atención de lo que pudo ser una interesante reflexión sobre los padecimientos psiquiátricos, en cambio, el guion resulta un débil maquillaje destinado a embellecer todo, como lo hace también la paisajística fotografía que cubre de tonos oros varias escenas y coloca la historia como si se tratara de un cuento de hadas. El guiño cinéfilo a Thelma y Louise (1991) es tímido y se pierde en sus intenciones.

 

Lo más interesante del filme recae en la metáfora de una Italia enloquecida por sus contradicciones, con dos mujeres que la sociedad tacha de locas, una de ellas de clase alta y la otra de clase popular; pero ambas sufren y se sienten incomprendidas. Sin embargo, Locas de alegría dista mucho de El capital humano (Paolo Virzi, 2013), en el que el director crea un sólido retrato de la hipocrecía de la sociedad italiana, aunque ambos filmes comparten un descenlace que no está a la altura de lo mostrado anteriormente. La incapacidad para terminar la historia y seguir filmando escenas evita llegar al clímax en el momento adecuado.

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