Nacido en Siria: Retratos de incertidumbre

Por Alonso Aguilar

 

Día a día decenas de barcazas forcejean contra las potentes olas del mar Egeo. Dentro de ellas se encuentran miles de personas aterradas, cada una con un rostro distintivo que evoca una historia en particular pero que comparte la misma esperanza por un futuro mejor. Esa motivación es la que hace a miles iniciar el hostil peregrinaje que es la migración contemporánea.

 

Con estas imagenes inicia el documental Nacido en Siria (Hernán Zin, 2016), coproducción danesa española, pero a diferencia del material que se suele ver en los telenoticiarios matutinos, el director le adhiere al horror de estas tomas una estética impresionista sustentada en la cinematografía (ejecutada por él mismo) y la musicalización.

 

Si bien a lo largo del documental elementos como la cámara lenta, las tomas aéreas y la música enfática por momentos rayan lo reiterativo y rompen con la inmersión, por lo general las decisiones en cuanto a estilo suelen ir de la mano con el acercamiento intimista de la narrativa.

 

En esta, los niños sirios Mohammed, Marwan, Hamude, Jihan y Kais relatan sus experiencias particulares al escapar con sus familias del caos en la república árabe. Cada uno debe pasar por distintos obstáculos que van desde la fatiga de caminar siete horas diarias a las trabas burocráticas y sociales de subsistir como refugiados en un entorno político sumamente volátil.

 

El concepto de retratar la crisis migratoria de manera coral a través de perspectivas infantiles le da un ángulo fresco a la devastadora experiencia de los guetos urbanos y la marginalización. Por momentos el filme se aleja de esta premisa y le da cabida a las convencionales secuencias de  planos generales estilizados e inserciones de discursos políticos que suele haber en este tipo de documental, pero cuando logra centrarse en lo específico de las vivencias cotidianas de estos niños es cuando se torna más efectivo.

 

Por ejemplo, la escena en donde Hamude pierde su patineta en pleno centro de refugiados destaca por cómo contrapone la inocencia de esta búsqueda, aparentemente anecdótica, con un contexto donde cada pequeña victoria cuenta. Por un instante, tanto para Hamude como para el espectador solo existe una preocupación, y es encontrar la patineta.

 

Secuencias como esta aparecen ocasionalmente, sobre todo en la segunda mitad del filme, cuando los protagonistas buscan acentuarse en distintas ciudades europeas, y es aquí donde Nacido en Siria encuentra su fuerza dramática: humanizar a través de la caracterización.

 

Más allá de desviaciones que se perciben como una fórmula y “momentos de simpatía” ejecutados de forma un tanto melodramática, este documental logra enganchar gracias al tacto con que aborda esta representación y al sentido de empatía que transmite en circunstancias del día a día. Cuando se habla de derechos humanos, hay poco que se puede dar por sentado.

 

 

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