mother!: La vida no siempre resulta como uno quiere

Una pareja (Jennifer Lawrence y Javier Bardem) viven en una enorme mansión en una alejada zona rural. Él es un escritor, que en una onda muy cliché se encuentra en la búsqueda de inspiración para su nueva obra luego de un gran éxito; ella trabaja en la remodelación de la casa tras ser arrasada por un incendio tiempo antes, cuando ni siquiera conocía a su actual pareja.

Es claro que Aronofsky tiene una marca ya sumamente establecida, hay un ideal de extrañeza que intenta transmitir en sus obras. Reforzando esto con imágenes, el montaje y sonidos estridentes que al final lo que hacen es tintar todo y ofrecer un espectáculo sugestivo al borde de la locura… Es la idea.

En este largometraje se ciñe sobre un personaje, el de Lawrence, la cámara está encima de ella siempre. En los primeros minutos, Aronofsky, autor del guion como no podía ser de otra forma, la glorifica, su belleza es mostrada, primeros planos de su rostro y cutis de porcelana. Pero luego llega la degeneración en su contra, posterior a esto una pausa que funciona como preparativo para lo siguiente, que no es otra cosa que más degeneración.


Es fallido el intento del drama psicológico sobre la protagonista, porque al fin de cuentas nunca hay una construcción seria y real del relato, quizá en media hora se pierde lo creíble de este, cayendo en un sinfín de excesos. Es claro que la intención del realizador es esa, no se podría juzgar la obra como incongruente porque a fin de cuentas todo dentro del entramado argumental se construye en base a nada, pero esto no la salva de ser criticable. El espectador sabe que la enajenación mental que vemos no es algo real.

Al menos hay que agradecer el riesgo que corre Darren Aronofsky al presentar un trabajo de esta índole, donde ofrece múltiples capas de violencia, de locura y de excesos. Se aleja de un convencionalismo arcaico y marcado para presentar un disparate que pareciera ser fiel reflejo de una sociedad desgastada y derruida que es igual de excesiva.

El director muestra a la enorme mansión donde los protagonistas viven como un personaje más, como un elemento igual de vivo que cada uno de esos visitantes, e incluso en repetidas ocasiones se muestran reflejos de esto gracias al sentir del personaje de Lawrence. Algo que por ejemplo hizo recientemente el mexicano Guillermo del Toro en su filme Crimson Peak (2015), donde de igual forma una enorme casa resulta ser vital para el entramado, y a pesar de que tampoco termina siendo un filme redondo, al menos la intención de personificar a este enorme espacio físico sí funciona más.

Con la llegada de los primeros «invitados» (Ed Harris y Michelle Pfeiffer), por ahí del primer tercio del filme, comienza lo absurdo, pero que no se lea esto como algo negativo, porque en base a esto se pueden encontrar obras muy sólidas, piensen en los trabajos más fenomenales de Luis Buñuel. Hasta cierto punto esto le funciona a Aronofsky, hasta que traspasa la delgada línea entre lo absurdo y lo ridículo.

Hay ideas sueltas sobre conceptos como la divinidad, el culto a los famosos, la privacidad, el fanatismo y quizás mucho más, pero todas se pierden en el espectáculo ofrecido, en el sinfín de excesos y los alaridos de la protagonista. A tal punto que todo llega a convertirse en un chiste, una parodia de sí misma, siendo esto lo peor para esta clase de director.

Mother! Podría pensarse como un ejercicio experimental, una obra pionera que dentro de su caos lleve la bandera del progresismo, pero dónde poco le sale bien, dónde a pesar de su intención argumental de ser redonda, no tiene nada como tal. Todo pareciera más bien un mal chiste y que se le cruzaron dos guiones sumamente opuestos a Aronofsky, quién prefiere un camino fácil de desorden frente al derrumbamiento psicológico de sus personajes, como bien lo ha hecho en otros de sus trabajos.

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