The Beguiled: ¿Dónde está la seducción?

Estrenada en el Festival de Cannes, donde Sofia Coppola se convirtió apenas en la segunda mujer en ganar el premio a Mejor dirección en la historia de este evento, el presente largometraje es la segunda adaptación de la novela titulada A Painted Devil (1966) del escritor Thomas P. Cullinan, luego del trabajo de 1971 dirigido por Don Siegel, protagonizada por Clint Eastwood y Geraldine Page.

El argumento -ambientado en la Guerra de Secesión estadounidense- se centra en un soldado yanqui malherido (Colin Farrell) que está en territorio enemigo, es encontrado por una chica quien lo lleva a su escuela, regentada por la institutriz Martha (Nicole Kidman), un lugar donde yacen cinco féminas con varios rangos de edades, las cuales son educadas bajo las típicas costumbres de mediados del siglo XIX.

 

La intrusión de este personaje, aunque se muestre impávido postrado en una cama buena parte del metraje, resulta ser una bomba de emociones para estas mujeres, igual o más que esos estruendos que en repetidas ocasiones las chicas ven en el horizonte desde el patio de la institución, signo inequívoco de que el conflicto sigue igual de latente, como este personaje.

 

Este es el eje central del relato, John McBurney, el nombre del personaje de Farrell, se convierte en un inicio en una especie de símbolo de emancipación para estas mujeres, frente al sistema opresor en el que se encuentran inmiscuidas. Irrumpe de frente, es una novedad, hay cierto temor, pero está herido y es frágil, de inmediato las miradas y las risas coquetas serán cosa de todos los días mientras se recupera.

Es curioso pensar a este hombre con ese simbolismo, precisamente porque es la cultura machista la que deja a las mujeres recluidas a un segundo plano, a ser bellas y educadas estrictamente como lo son los personajes en el filme, mientras los varones se matan en una guerra. Toda esa mala construcción histórica-cultural alrededor del rol de la mujer se va desmoronando, más aún cuando ni siquiera la aya, quien representa este supuesto ideal de mujer, puede soportar la llegada de McBurney.

 

Aunque es claro que esta idea de representación se quiebra sobre el final, y más bien el largometraje se cierra con la idea de unión frente a un “enemigo”, que resulta ser el hombre, McBurney luego de mostrarse como un posible emancipador, pasa a ser un elemento divisorio al punto de mostrarse todas las situaciones presentes a lo largo de la hora y media de duración, hasta que las mujeres obligadas o queriendo se juntan para actuar.

 

Coppola es una directora consolidada que ha logrado labrar su carrera de buena forma independientemente de su apellido. Conocedora del oficio, filma con muy buen tino, rodea esta escuela-mansión de un hermoso bosque, mostrando secuencias realmente hermosas, ejemplo vivo de ello precisamente es la forma en como inicia. Toda esta belleza, es también la belleza de las protagonistas, de los decorados, del vestuario, de todo lo que se encuentra en este lugar, que es irrumpido por el factor masculino ya mencionado. 

 

Donde la realizadora no se muestra muy hábil es en la construcción del guion, presentándose este muy plano y sin mayor riesgo, todo se muestra muy armado, muy esquematizado. Aparte de esto, el segundo y tercer tracto avanzan de forma muy trepidante, lo que impide una correcta asimilación de las situaciones presentadas, no es que no se entienda, en absoluto, es solo que da pocos respiros, no deja que lo que expone se asiente y esto no le ayuda al ritmo que venía llevando.

 

Es interesante contrastar las propuestas de Coppola y Siegel, dos realizadores que parecieran ser no pueden ser más antagónicos entre ellos, por no mencionar que a las dos películas les separan casi cincuenta años. Don Siegel con una mirada masculina pretende ofrecer una obra con un carácter más sensual y sexual, mientras que Coppola con una mirada femenina opta por ser más conmensurada, siendo más sutil en ese aspecto.

 

The Beguiled, la versión de Sofia Coppola, es un largometraje correcto, muy bien realizado pero que no llega a deslumbrar en absoluto, queda a medio camino, bello pero chato.

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