“La tierra y la sombra”: Lo personal y lo colectivo

Hoy miércoles 15 de noviembre a las 11am el Cine UCR presenta”La tierra y la sombra” (2015) de César Acevedo; para conocer más los invitamos a leer la siguiente crítica de nuestro colaborador: Armando Quesada Webb

En la primera escena de “La tierra y la sombra” se puede apreciar un individuo que camina lentamente por un sendero en medio de una siembra de caña de azúcar. De repente, esta persona se hace a un lado, porque detrás viene un camión que se mueve a gran velocidad por el camino, como si nadie estuviera ahí, y al pasar deja una enorme nube de polvo. Estos primeros minutos de la película funcionan como una metáfora para la realidad contemporánea de América Latina, donde el pobre no tiene más opción que hacerse a un lado para sobrevivir en la modernidad, donde su único papel es el de mano de obra barata.

El filme cuenta la historia de Alfonso, un viejo campesino que vuelve a su hogar 17 años después de haberlo abandonado, debido a que su hijo se encuentra gravemente enfermo. De vuelta en su casa, conoce a su nieto y a su nuera, y se reencuentra con su expareja quien continúa resentida por su partida y no lo recibe ceremoniosamente.

Los elementos a los que hace referencia el título poseen un simbolismo dual. Por un lado, representa aquella sombra del pasado que cubre este lugar al que él alguna vez llamó hogar. El protagonista vuelve y lo que encuentra no es lo mismo que estaba en sus recuerdos, sino la realidad: él es un extraño en su propia casa y su familia está desintegrada.

Alfonso regresa a su hogar para reencontrarse con una vida que dejó atrás

Por otro, la sombra se extiende más allá de su vida personal, pues la tierra que hace años trabajó es ahora irreconocible por la presencia del monocultivo a gran escala de caña de azúcar. Su vivienda está rodeada por esta plantación, su hijo enfermó laborando para la empresa que la produce, además tanto su exesposa como su nuera todavía trabajan allí, a pesar que reciben un trato inhumano porque no tienen más opciones para poder vivir.

Esto, al igual que la escena inicial, es una representación de lo que se vive en la actualidad latinoamericana, donde estas empresas agrícolas han tomado el control y son los campesinos pobres quienes pagan la factura, ya que aparte de verse presionados a ceder sus tierras no les queda otra opción que ser empleados de estas compañías con todos los abusos que esto conlleva.

La historia se desenvuelve prácticamente en dos locaciones: el hogar y el campo de trabajo, como si este fuera todo el universo de la familia y no hubiera nada más allá de estas fronteras. Estos dos escenarios son una alegoría sobre los espacios donde se desarrolla la vida de los latinoamericanos de clase baja. En la casa están los conflictos ocasionados por las particulares relaciones familiares y las idiosincrasias de este pueblo, donde una mujer acepta que su esposo vuelva después de casi dos décadas y no le dirige la palabra, pero exige que ayude con los quehaceres. En el campo se encuentra la lucha constante de los trabajadores por los derechos humanos y por un trato digno, algo que ha caracterizado a Latinoamérica durante toda su historia.

Resulta sumamente interesante como en las escenas del hogar predomina el uso de planos generales: siempre existe un distanciamiento de la audiencia con las situaciones que viven los personajes. Mientras que en el campo de trabajo abundan los primeros planos y se experimenta con cercanía el conflicto de los obreros con sus jefes. De esta forma, el mismo director refuerza la separación entre ambos escenarios.

Algo que sí es constante en la película es el lenguaje cinematográfico pausado que utiliza el realizador, el cual se aleja de los cánones del cine de corte más comercial. Los diálogos son limitados y abundan los silencios meditativos, cada escena se toma su tiempo para desarrollarse, incluso los personajes se mueven con lentitud. No obstante, el resultado es sumamente rico y gratificante, pues se acopla perfectamente a la historia que se está contando.

El estilo de  César Acevedo es sencillo y depurado, nunca explica nada en exceso, sino que busca aprovechar cada pequeño detalle para transmitir emociones a la audiencia, en lugar de recurrir al melodrama y caer en lo cliché. A pesar de ser una ópera prima, todo el filme muestra una destacada madurez, nunca se siente como el trabajo de un primerizo, sino de un cineasta que ya ha desarrollado su propio lenguaje particular.

Alfonso y su nieto (a)cercados por la caña

Los planos secuencia son otro aspecto importante del estilo formal de la obra. Casi toda la película consiste en tomas largas y estáticas, bellamente iluminadas, con un contraste notable en las escenas de interiores y compuestas con excelente noción de la estética fotográfica.

Destaca también dentro del filme el elegante uso de símbolos visuales. Constantemente se puede ver fuego durante el metraje, el cual puede ser interpretado como una representación del cambio y del paso del tiempo en la vida de Alfonso. Asimismo, en una excelente escena onírica, el protagonista se encuentra un caballo dentro de un cuarto, que luego escapa por la entrada de la casa, lo cual puede ser apreciado como una contemplación de la naturaleza de los recuerdos.

El caballo, además, es una de las muchas referencias al cine del gran director Andrei Tarkovsky, quien usó a este animal como un símbolo en varias de sus películas. Otras conexiones de esta obra colombiana con el cine del soviético son el uso de las tomas largas, el lenguaje denso y la evocación de los sueños y la memoria.

“La tierra y la sombra” es tanto una anhelación del pasado como una muestra cruda del presente, que utiliza a un hombre envejecido para contar la historia de muchos como él. A primera vista puede parecer un filme frío, pero es en realidad sumamente emotivo, dentro de su tono sombrío hay una gran nostalgia. Es una obra muy personal, pero a la vez muestra el sufrimiento colectivo de un continente.

Acevedo no otorga ningún cierre complaciente. Lo único que le queda a la audiencia es un sentimiento de consternación y tristeza, mientras se observa que todo lo que alguna vez se conoció y amó desaparece y la sombra termina de cubrir lo poco que seguía iluminado en esa tierra.

Recuerden: hoy miércoles 15 de noviembre, 11am, Auditorio de Ciencias Económicas. UCR

Armando Quesada Webb armandoqw1@gmail.com

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