Morazán: salvaguardando la identidad

Largometraje estrenado en nuestro país durante el Primer Congreso de Cine Centroamericano, realizado durante la segunda semana de noviembre en la Universidad de Costa Rica, presentándose como el cierre de las actividades de dicho evento. Hispano Duron toma las riendas de esta obra, que junto a José Dagoberto Martínez es coguionista.

 

Como no puede ser de otra forma con ese descriptivo título, se desarrolla alrededor de la figura histórica de Francisco Morazán, prócer hondureño y figura primordial en la política centroamericana de la primera mitad del siglo XIX.

 

El filme se enfoca en la campaña que el protagonista realizó en suelo costarricense con la intención de volver a fundar la República Centroamericana, desintegrada años antes. El largometraje parte de una visión completamente hondureña, pro-federación y como es de esperar, busca reivindicar la noción de héroe nacional de este personaje.

 

 

Es curioso observar esto desde el punto de vista de un costarricense, debido a que quien tenga una noción al menos básica de historia, sabe que el énfasis que se le ha dado aquí a Morazán es el de un hombre que quiso dejarnos sin la “independencia” que habíamos obtenido tiempo atrás.

 

Esta inclinación hacia uno de los lados de la historia es algo muy común en el cine a nivel mundial, y es mucho más evidente si se trata de una obra bélica, como la presente. Sano o no ahí está (y seguirá estando), y están también las intenciones del realizador y la productora, que es nada menos que Fundaupnfilms, que es parte de la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán.

 

Pero claro que esto no es un pecado donde uno vaya a señalar directamente a la productora o al director, en lo absoluto, puesto que su interés es rescatar la identidad nacional del hermano país.

 

Esto se detalla claramente puesto que el largometraje tiene una clara intención educativa, lo cual puede parecer falto de interés, sin embargo, salvo el último tercio, el filme entretiene bastante. Lo que pasa en ese cierre es que cuando encarcelan al protagonista, la trama se estanca, quienes sepan lo mínimo de historia saben la resolución, y esto afecta la espera porque llegue el clímax final.

 

Claro, es también evidente que este accionar puede ser señalado por la crítica cinematografía con extrema facilidad, como se hace con el cine gringo más comercial y pro estadounidense, más aún si no se tiene ningún nexo con los eventos y los personajes.

En cuanto a la puesta en escena, Morazán es un filme grande dentro de nuestra industria centroamericana, es entendible de acuerdo a la ya mencionada visión que se quiere transmitir del héroe. Con un costo igual de cuantioso de aproximadamente los $250 mil, que sobrepasa el presupuesto de la mayoría de obras de la región, de la mano con ese carácter épico.

 

Ciertamente, el dinero está bien invertido, no se le puede achacar nada en cuanto a esfuerzos por conseguir una ambientación propia y realista sin caer en lo burdo, artificioso o maquetado. La elección de las locaciones y el vestuario trasladan al espectador a la época en cuestión de manera acertada y creíble.

 

En el apartado de las actuaciones hay dos personas que sobresalen, son quienes llevan el peso del relato. A pesar del poco tiempo de preparación, el actor colombiano Orlando Valenzuela logra un trabajo esmerado y fehaciente como Francisco Morazán, su mano derecha, Vicente Villaseñor, encarnado por Norman Mejía le sigue con muy buen tino.

 

El resto del amplio elenco no llega al nivel actoral de estos dos, se antoja una tendencia muy teatral que vuelve artificial el relato, prestando atención a los diálogos que se escuchan muy marcados intentando ejecutar con precisión una forma de hablar, en este caso la del siglo XIX.

En términos concluyentes, Morazán no es una película perfecta y está lejos de serlo, sin embargo, ofrece una aproximación poco explorada en la cinematografía centroamericana de ficción, sobre estos héroes nacionales de cada país, un intento arriesgado con un público meta más que definido, esto se ve a lo largo del metraje pero más aún en su cierre.

 

Cumple con el cometido de acercar al público un tema que de lo contrario, difícilmente accederían por interés, y que resulta ser entretenido a pesar de sus defectos. Lo pueden observar en el marco del Costa Rica Festival Internacional de Cine los siguientes días:

 

-13 de diciembre, a las 5:30 p.m en el Teatro 1887.

-14 de diciembre, a las 2:30 p.m en el Teatro 1887.

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