Shnit: Made in Costa Rica 2017. Un nuevo estándar que se debe mantener

Por Armando Quesada Webb

 

El festival internacional de cortometrajes shnit (con minúscula) con su sede en San José desde el 2011, se ha convertido en una plataforma ideal para que los artistas costarricenses presenten sus trabajos en la sección Made in Costa Rica, dado que existen pocos espacios para exhibir cortos en Costa Rica y ninguno tiene la magnitud de este festival.

 

La edición Made in Costa Rica del 2017 fue algo fuera de lo común, ya que se presentó una selección congruente de excelentes cortometrajes, algo en lo que el certamen había fallado anteriormente. Esto representa un éxito para la organización del shnit en el país, pero más allá de eso plantea un reto, de ahora en adelante debe mantenerse este nuevo estándar que la última competencia ha establecido.

 

En ocasiones anteriores, la sección Made in Costa Rica ha incluido “un poco de todo” en términos de calidad. Es decir, nunca brilló por tener una meticulosa curaduría de las obras que formaban parte del certamen. Por momentos se podía tener la impresión de que los cortos eran escogidos al azar y no por sus méritos artísticos y técnicos.

 

En una función se podían encontrar trabajos de alto nivel, merecedores de estar en la competencia, pero también abundaban trabajos mediocres, temáticamente insustanciales y torpemente construidos, que no tenían lugar en un festival en el que se espera rigor al escoger las obras en competencia. Debido a esto, el shnit Playground San José no había logrado establecer altas expectativas para la sección nacional.

 

En la recién concluida edición del 2017, durante la primera función de filmes costarricenses, solo tuvieron que transcurrir unos pocos minutos de Nada ni nadie (Roya Eshraghi, 2015), para dejar claro que este año, la competencia nacional vendría a marcar la diferencia. El corto de la cineasta de origen iraní, se trataba de una obra poética, absorbente y de gran emotividad.

 

Al finalizar este primer corto, la duda que permanecía era si lo recién observado iba a ser un trabajo aislado o si habría consistencia en el resto de la programación. Pronto se comprobó que los cortos que siguieron esa noche y la siguiente, eran de alta calidad. Fue una selección sólida y  probablemente la mejor que se ha presentado hasta la fecha.

 

Vale resaltar que hubo un balance entre los distintos géneros cinematográficos e incluso hubo casos que ignoraban las fronteras entre ficción y documental como Chaves en la foto (Alejandro Bonilla, 2017). Asimismo, otros cortometrajes como El despertar de las hormigas (Antonella Sudasassi, 2016) y Bajo la arena (Natalia Guzmán, 2016) exploraban temáticas social o psicológicamente complejas.

 

Las obras proyectadas dejaban ver el talento por contar historias, de las personas que las realizaron, con lo que se disfrutó aún más de la experiencia del festival.

 

Esto no significa que todos los cortometrajes hayan sido trabajos perfectos, ni mucho menos, cada uno tiene sus aciertos y sus errores, como cualquier obra, sin embargo, al examinar la selección de este año como conjunto, se hace evidente la consistencia en la calidad cinematográfica y eso es lo más importante.

 

Ahora bien, el éxito del Made in Costa Rica 2017 no debe ser una anomalía en la historia del festival, sino que se debe convertir en la norma. El verdadero reto para la organización es mantener el alto estándar establecido este año.

 

De aquí en adelante las expectativas de la competencia nacional serán mucho más altas, tanto por parte del público como de la prensa especializada. Si el shnit San José se propone lograr este objetivo, existe la posibilidad de que consolide su imagen como un evento de alto nivel.

 

Un festival exigente con los cortometrajes que desean participar, beneficia a todas las partes involucradas. Por un lado le otorga prestigio al evento, pero también es un reto para quienes ansían participar en los años próximos. Así, los directores y productores nacionales sabrán que no bastará con enviar cualquier corto para calificar, sino que debe ser una obra sobresaliente. De esta forma se estimulará el desarrollo de productos audiovisuales cada vez mejores y el shnit cumplirá un papel aún más protagónico en el desarrollo del cine costarricense.

 

2 comentarios sobre “Shnit: Made in Costa Rica 2017. Un nuevo estándar que se debe mantener

  1. Nos encantaría que hicieran esa evaluación el Proximo año en el Lúdico Festival Latinoamericano de Cine. Junio 2018. y no se equivoque yendose para el Magaly, vengase para san carlos. Donde premiamos lo mejor del Cine Latinoamericano, costarricense y generamos nuevos talentos en el arte de contar historias.

    Invitados!

    1. Saludos José Barquero, disculpe la demora en la respuesta. Podemos hablar para el próximo año y realizar críticas sobre el Festival Lúdico.

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