CRFIC-2017: Clásicos de culto

¿Por qué seguir hablando de La noche de los muertos vivientes?

Por Mariana Alpizar*

 

La noche de los muertos vivientes, película estrenada en 1968 en EE.UU. y dirigida por George A. Romero, presenta una nueva conceptualización de los zombies, más anárquica y con una sed de carne humana insaciable. Antes de esta nueva perspectiva, los zombies eran gobernados por una autoridad que los convertía en esclavos, la cual, luego de revivirlos los utilizaba para diferentes actividades; este tipo de personaje viene de la tradición vudú en la cual se creía que mediante un hechizo era posible despertar a los muertos y someterlos a la voluntad de quien lo lograba. En Romero, nos topamos con personajes resucitados por otras causas que actúan como metáfora social.

 

Durante todo el film, existe una gran sorpresa por parte de Barbra (personaje de la película con que nos encontramos en la primera escena), porque evidentemente nunca había visto algo parecido a un zombie, cosa que también posiblemente pasó con las personas que asistieron a su estreno, y es que a pesar de que no es Romero quien trabaja por primera vez esta figura, sí parece tener conciencia de estar siendo sumamente novedoso en otros sentidos, que cincuenta años después de su estreno siguen siendo temas recurrentes en el cine zombie, e incluso en películas actuales que proponen una crítica directa de la sociedad racista, xenofóbica u homofóbica, donde Get Out (Jordan Peele, 2017) no parece tan alejada de la actual sociedad estadounidense.

 

La noche de los muertos vivientes nos habla del zombi como síntoma de una sociedad en decadencia, en donde la muerte no está enterrada, sino que camina a nuestro lado como un temor manifiesto. El impulso por devorar y la conversión de los humanos en zombies será utilizado reiteradamente por Romero en sus siguientes películas, al punto de convertirse en uno de los referentes fundamentales del cine de terror y específicamente del género zombie, pues es quien introduce una lectura política al tiempo que presenta a estos personajes como movilizadores de los más bajos instintos del ser humano, haciéndonos dudar sobre nuestra propia seguridad y planteando que nos preguntemos desde la comodidad de nuestras casas: ¿qué estaríamos dispuestos a hacer con tal de no morir?

 

Queremos a la muerte lejos, pero en esta película persigue a los personajes principales, lo que sigue siendo disruptivo, pues en los medios de comunicación tradicionales se hace una separación entre los sujetos legítimos y los que no, generando un marco moral que además define cuáles muertes deben ser lloradas y cuáles aplaudidas, de acuerdo a su estatus social o a su género. Tal como plantea la autora estadounidense Judith Butler, existen marcos morales que se aplican distintivamente si se trata de sujetos subalternos o si estamos hablando de personas de las altas esferas sociales. Para ella, el cine es un marco que también define cambios o continuidades con respecto a la historia, por lo tanto debemos plantearnos el marco (la lente) como parte de aquello que vemos, que no es neutral. El hecho de colocar, por ejemplo, un actor negro cuando era reciente la conquista social de los derechos civiles por la comunidad afroamericana, nos plantea un nuevo marco para entender el terror, no instalado afuera, sino dentro de nosotrxs mismxs.

 

Para Romero ese otro no es tan distinto, basta ser mordido por un zombie para pasar a ser uno de ellos, sin que medien creencias religiosas, clase social o género; es decir, existe una democracia de lo monstruoso, que puede ser potencialmente compartido por todxs, sobre todo porque, al final, aunque nos salvemos algunas veces, en algún momento vamos a morir. Los códigos de la moralidad ante ese escenario parecen cambiar y, tal como sucede en la película, es aceptable que en tiempo de crisis, las normas establecidas cambien por completo, imponiéndose la sobrevivencia del más fuerte. En el film, uno de los personajes, Harry, quien representa este deseo de ostentar el poder ante una crisis, está más interesado en demostrar su razón que en lograr que el colectivo esté a salvo. Es él quien termina devorado por su hija luego de haberse convertido en zombie (posteriormente, también se come a la madre), una de las escenas más grotescas y arriesgadas de la película, disruptiva no solo enmarcada en esa época, sino incluso en un contexto mucho más amplio que alcanza a la época actual.

 

Un film tan ambicioso como este, de bajo presupuesto y que se propone llevar el terror hacia un nivel intelectual en donde se cuestione la otredad, lo monstruoso, la sobrevivencia y la muerte, así como el contexto capitalista, sigue siendo preocupantemente vigente, pues nos cuestiona si realmente han cambiado nuestras “soluciones” a las situaciones de crisis social.

 

La noche de los muertos vivientes. EE.UU., 1968. Director: George A. Romero. Guion: George Romero, John Russo. Fotografía: George Romero. Edición: George Romero. Elenco: Duane Jones, Judith O’Dea, Karl Hardman, Marilyn Eastman.

 

¿Cuándo y dónde?

Jueves 14 de diciembre, 9 pm, Cine Magaly

 

*El texto se produce en el Laboratorio de Crítica Cinematográfica que organiza el Costa Rica Festival Internacional de Cine 2017.

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