CRFIC-2017: Crítica de Last men in Aleppo

Alepo: El recuerdo de nuestra humanidad derrotada

Por Orlando Morales Carrillo

No es casualidad que en el documental Last men in Aleppo (Feras Fayyad, Steen Johannessen, Hasan Kattan, 2017), la vida sea representada con la imagen de un pez en una pecera. Es una metáfora potente que en el cine suele representar el encierro y la futilidad de la vida como algo repetitivo, estancado. Pero definitivamente lo que más duele y retuerce la mente luego de salir de la sala es ver cómo en la ciudad de Alepo la vida del ser humano es igual de insignificante, frágil y fugaz como la de los peces. En Alepo hemos bajado en la escala de la evolución. En Alepo no hay humanidad.

 

El documental, una coproducción sirio-danesa, está enfocado en la vida de varios miembros de los Cascos Blancos, un grupo de voluntarios que colabora en los rescates de personas dentro de edificios bombardeados. Las acciones se desarrollan durante el año 2016, cuando Rusia apoyó los ataques del dictador Bashar al-Assad contra los rebeldes de Alepo, que comenzaron su revolución pacífica desde el tiempo de la Primavera Árabe. Lo que empezó siendo un esperanzador movimiento para acabar con el régimen opresor de Assad, terminó convirtiéndose en un encierro infernal para los últimos grupos de resistencia en esa nación.

 

Como se verá al final, el filme es el preludio de una tragedia mayor que la destrucción general que vemos consumir la ciudad. Nada es más doloroso que la muerte de aquellos más cercanos, y en Last men in Aleppo debemos estar preparados para la posibilidad de ver morir a cualquier personaje con el que nos hayamos familiarizado. El documental no ha escogido a ningún “privilegiado” y nos deja claro que la vida no puede ser preservada por ninguna imagen, que la muerte no puede ser omitida por la “magia del cine”.

 

Syrians walk along a damaged street in Aleppo’s Tareeq al-Bab neighbourhood on January 18, 2017, a month after government forces retook the northern Syrian city from rebel fighters. / AFP PHOTO / George OURFALIAN

Los directores Feras Fayyad y sus codirectores nos acercan a la vida e intimidad de familias que apenas tienen tiempo de soñar o de desear algo. La cámara siempre corre detrás o al lado de los rostros exhaustos de los voluntarios. Vemos siempre ojeras, ceños fruncidos, pocas sonrisas. Sus mayores preocupaciones son las de la muerte, las noticias diarias de asedios, sobre la posibilidad de huir a algún lugar seguro para sus familias, pero, ¿a dónde?

 

También conocemos sus breves inquietudes sobre la vida, que apenas se asoman a la luz entre las ruinas y sombras. Vemos conversaciones sobre bodas, sobre ideas de negocios, sobre los deseos de sus hijos, y en una impactante escena vemos cómo un día de recreación en un playground es incluso más divertido y liberador para los padres que para sus mismos hijos. La infancia es algo que dejó de existir en Alepo.

 

El resto del filme nos presenta las escenas más difíciles del documental. La cámara nos sumerge en los rescates de los escombros, la recuperación e identificación de cuerpos (y miembros), la vigilancia constante del cielo, esperando no estar en el camino del siguiente misil.  Este ciclo de eterno retorno –la vida y la muerte más cercanas que nunca—, nos genera preguntas que no siempre quedan respondidas por los personajes o los directores: ¿por qué siguen luchando estos rebeldes? ¿Cómo, a pesar de la asfixia de un régimen militarmente superior, es que estos hombres no se rinden y entregan el poder?  ¿Cuál es el ideal político de estos ciudadanos que desean quedarse y esperar la muerte impotentemente junto a su familia? En algunas escenas se insinúa que rendirse solo los llevaría a represalias mayores del gobierno, como torturas y encarcelamientos interminables. Los directores toman partido con los rebeldes y asumen la legitimidad de sus acciones, pues no nos muestran nunca alguna imagen de combate desde dentro de la ciudad, su mirada es romántica en la forma de volver heroico el sacrificio que aceptan los que viven en esta ciudad fantasma y sin futuro, aunque para otros esto pueda parecer un sinsentido.

 

Al final, el símbolo de la pecera no es solo la de la libertad física o el escape de la destrucción, es también una imagen que simboliza el estancamiento de la vida en nuestro planeta, que no deja campo a ningún sueño y que ha sido condenada por fronteras, por la indiferencia humana y por la voracidad de tiranos que pueden exterminar a su pueblo a vista y paciencia de los medios de comunicación. Last men in Aleppo nos expone una cruda verdad que no hemos asumido: la derrota de nuestra especie se gestó hace mucho y nuestro martirio es la única respuesta que queda en un mundo en el que los sueños ya se extinguieron.

 

Last men in Aleppo. Siria-Dinamarca-Alemania, 2017. Director: Feras Fayyad, Steen Johannessen, Hasan Kattan. Guion: Feras Fayyad. Fotografía: Mujahed Abou Al Joud, Fadi Al Halabi, Thaer Mohamad. Edición: Michael Bauer, Steen Johannessen. Elenco: Khaled Umar Harah, Batul, Abu Umar, Abu Husain Abu Waid, Abu Omar.

 

¿Cuándo y dónde?

Miércoles 13 de diciembre, 2:30 pm, Teatro 1887 (entrada gratuita)

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