CRFIC-2017. Crítica de Medea

Medea: El cuerpo como campo de batalla

Por Marvin Coto*

 

Un embarazo oculto es el desencadenante de Medea, película de la realizadora costarricense Alexandra Latishev en la que el cuerpo de la protagonista se convierte en campo de batalla entre la voluntad individual y los mandatos sociales.

 

La película nos presenta algunas escenas que podrían pertenecer a una película de temática juvenil en donde los rituales de la fiesta, el deporte y las relaciones amorosas se vuelven casi requisitos de la historia. Sin embargo, como desde los planos inaugurales se nos muestra a la protagonista embarazada, este hecho le dará un giro de extrañamiento a todo lo que vendrá después. El personaje interpretado por Liliana Biamonte sigue adelante con su vida con una aparente e inquietante normalidad: fumando, bebiendo y practicando rugby.

 

Esta premisa podría parecer en principio absurda, el ocultamiento de un embarazo en el que constantemente se pone en riesgo su develamiento, sin embargo, la película resulta convincente no solo por el aplomo de su actriz principal sino además por una serie de decisiones creativas de Latishev, a través de las cuales evita las salidas melodramáticas y el exceso de explicación acerca de las motivaciones y antecedentes del personaje.

 

En el cine narrativo de factura más convencional, uno de los estándares más utilizados para evaluar la calidad de una película es la supuesta “redondez” de sus protagonistas, con los que deberíamos sentirnos identificados, además de entender de manera relativamente clara sus motivaciones y objetivos. El caso de “Medea” nos obliga a cambiar de paradigma al ponernos frente a un personaje que aparece en prácticamente todos los planos del filme y aun así se mantiene ligeramente removido de la total comprensión del espectador.

 

Si bien está claro que la joven desea terminar su embarazo, tenemos pocos antecedentes de su vida, que en todo caso resultan innecesarios pues como espectadores la película nos obliga a crear significados e inferir motivaciones. Como parte de esta serie de decisiones creativas también llama la atención que ni una sola vez es necesario mencionar la palabra “embarazo” pues bastan solo las imágenes para guiarnos a través de los hechos de la historia, que conforme avanza se vuelven gradualmente más impactantes.

 

Junto a lo anterior, la película se desarrolla a través del uso de muchos planos cerrados, en donde incluso las escenas de fiesta o reuniones de amigos parecen muy íntimas, sin ninguna necesidad de identificar de manera obvia ciertos espacios que resultarían conocidos para gran parte de la audiencia local. Este aspecto visual, resaltado por la decisión de utilizar el formato de imagen de 4:3 parece nacido de la necesidad presupuestaria, debido a la imposibilidad de tener muchas locaciones o escenarios con decorados complejos. Sin embargo, la estética de los planos cerrados y las locaciones limitadas colabora en cierta sensación de claustrofobia e intimidad que transmite la película.

 

La resolución de la historia, en una película menos sutil, podría caer en territorio sangriento y hasta sensacionalista, por lo que es mérito de Latishev el saber dónde y cómo encuadrar, con el fin de comunicar lo que está sucediendo sin necesidad de apelar al morbo. Esta honestidad de la cámara, por decirle de alguna manera, se vuelve particularmente necesaria y potente en una escena clave que está encuadra por Biamonte.

 

Aparte de algunas observaciones de carácter sociológico muy poco desarrolladas como el prejuicio hacia el novio proveniente de zona rural de la protagonista o el conservadurismo de su familia, la película mantiene un tono potente y sutil a la vez, balance difícil y que en otras películas nacionales no se ha logrado debido a concesiones pensadas para un público masivo o problemas de guion. “Medea” por su parte, resulta una propuesta sólida y arriesgada que además nos cuenta más a través de sus imágenes que de sus diálogos.

 

¿Cuándo y dónde?

Viernes 8 de diciembre, 9 pm, Cine Magaly

Lunes 11 de diciembre, 8 pm, Teatro de La Aduana

 

*El texto se produce en el Laboratorio de Crítica Cinematográfica que organiza el Costa Rica Festival Internacional de Cine 2017.

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