CRFIC-2017: Happy End

La crueldad como hazmerreír

 

Los primeros segundos de Happy End  (2017) muestran la tortura de un hamster desde la perspectiva de un celular.  Luego de drogar al roedor con los antidepresivos de su madre ausente y comentar en vivo el proceso desde la interfaz de una red social , la mano de una niña entra a cuadro y lo empuja con una regla. La mascota cae petrificada y un segmento de la audiencia se ríe.

Esta escena resume la esencia del más reciente filme del polarizante director austriaco y dos veces ganador de la Palma de Oro, Michael Haneke, a partir de dos dimensiones.

En primer lugar, está la autoreferencia. Este se trata del trabajo donde Haneke por primera vez dialoga abiertamente con el resto de su filmografía.

Si bien es cierto que sus protagonistas suelen tener siempre los mismos nombres (variaciones de George y Anne), los motivos visuales y ejes temáticos de Happy End llevan esta concepción de universo fílmico hacia lo compilatorio.

Por ejemplo, la idea de violencia a través del filtro de una pantalla es algo que se explora de manera casi homóloga al inicio de Benny’s Video (1992), en ese caso con un VHS y no un smartphone. Por su parte, el voyeurismo desde formatos visuales cotidianos remite a la base de Caché (2005), al punto de que una secuencia vista desde el material de una cámara de seguridad se denota como una referencia clara. Además, dentro de las preocupaciones expresadas dentro de la película, la tensión étnica y racial de Código Desconocido (2000), la decadencia moral de la alta burguesía de La Pianista (2001), y la desensibilización de la niñez ante un mundo indiferente de La Cinta Blanca (2009) están también presentes. La explicitud de estos guiños llegan al punto de que Georges (Jean-Louis Trintignant), patriarca en proceso de senilidad de la acomodada familia protagonista, hace alusión directa a los eventos que suceden en Amour (2012).

 

Si bien familiar en tematicas, Haneke saca un lado que no se había visto con sus dotes cómicos.

¿Entonces que nuevo está diciendo Haneke? Realmente nada que no se haya explorado con mayor profundidad previamente en alguno de sus filmes, pero el tratamiento y el tono con que se maneja la narrativa expresan cierta consciencia  del aclamado provocador hacia este hecho; lo que lleva a la segunda dimensión: la autoparodia.

La trama del largometraje no es tanto un eje argumental sino más bien una base sobre la que se construyen viñetas que paulatinamente escalan en misantropía. Se trata de la exploración de cómo una serie de inconvenientes exponen las tendencias más deplorables de cada uno de los miembros de la familia Laurent, clan burgués que se reúne en una mansión en la región costera de Calais, la cual está asediada por la inestable crisis migratoria.

En papel, esta premisa ligada al nombre de Haneke podría guiar hacia la concepción de cierto tipo de filme solemne y trágico en su brutalidad, pero el realizador más bien le da vuelta a esta expectativa con su película con mayor soltura y sentido del humor a la fecha.

De hecho Happy End perfectamente puede ser vista como una comedia negra sumamente oscura, donde el humor yace en que esas expresiones nihilistas y decadencia generalizada del entorno ya no son motivo de conflicto para los personajes, sino que se han normalizado con una frialdad y displicencia hilarante. El sensacionalismo que era chocante antes, ahora no es más que parte de un panorama apático y desolado que ya no tiene la capacidad de sorprender a nadie.

Este desapego irónico da para varias secuencias destacadas, particularmente la retorcida relación entre Georges y su nieta Eve (Fantine Harduin), quienes parecen mantener una competencia en cuanto a actitudes sociopáticas, lo que culmina en un clímax tan agravante como lleno de regocijo (spoiler: el título es irónico).

Lastimosamente no todas las relaciones o situaciones que presenta el filme cuentan con este nivel de efectividad (las partes entre Anne (Isabelle Huppert) y su esposo (Toby Jones) son particularmente poco memorables, por ejemplo)  lo que también lo hace sentir como el trabajo más desarticulado del director a nivel narrativo.

Sin duda Happy End es un trabajo menor de Michael Haneke, en donde su dirección y visión artística están en modo-automático y su ambición no ha ido más allá de lo tangencial, pero al mismo tiempo se trata de una entrada refrescante y amena en su falta de pretensión, algo necesario en una filmografía que si bien abunda en grandes obras, le hacía falta poder reírse de si misma.

Happy End. Alemania-Austria-Francia, 2017. Director: Michael Haneke. Guión: Michael Haneke. Fotografía: Christian Berger. Edición: Monika Willi. Elenco: Isabelle Huppert, Jean-Louis Trintignant, Mathieu Kassovitz, Fantine Harduin, Laura Verlinden y Toby Jones.

¿Cuándo y dónde? 

Sabado 16 de diciembre, 8:00pm. Teatro 1887.

 

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