CRFIC-2017: Loveless

Nelyubov (Sin amor, 2017) de Andrei Zvyagintsev.

Andrei Zvyagintsev tiene un gran respaldo en su carrera, antes de esta película sus cuatro largometrajes habían recibido algún premio en los festivales de cine más prestigiosos del mundo.

Vozvrashchenie (El regreso, 2003) ganó el León de oro en Venecia, por su parte en Cannes, Konstantin Lavronenko protagonista de Izgnanie (El destierro, 2007) se llevó el premio a Mejor actuación, Elena (2011) el Premio especial del jurado de la sección “Un Certain Regard” y Leviafan (Leviatán, 2014) el de Mejor guion.

Con semejante panorama, las expectativas sobre su persona cada vez que sale a la luz que está trabajando en un nuevo proyecto no pueden ser mejores, lo mismo ocurrió este año con Nelyubov (Sin amor), filme con un título idóneo de acuerdo al arco argumental que construye, alrededor de un protagonista que está ausente, desaparece, sí, él es el protagonista.

Como pareciera no podía ser de otra forma cada vez que llega, Zvyagintsev en esta ocasión se alzó con el Premio del jurado (tercero en importancia) del Festival de Cannes. Acompañado como de costumbre por el escritor Oleg Negin en la confección del guion, con quien ha forjado una dupla maravillosa con relatos de gran fuerza e impacto emocional sin recurrir al exceso barato.

Mikhail Krichman, director de fotografía, es otra de las personas recurrentes dentro del equipo de trabajo del laureado realizador, ambos consiguen acompañar de forma elegante la cámara consiguiendo secuencias que meten al espectador dentro del entresijo del relato. Todo encadenado fijamente por la editora Anna Mass, quien logra congeniar la propuesta visual y argumental expuesta.

Nelyubov se centra en Zhenya (Maryana Spivak) y Boris (Aleksey Rozin), pareja que ronda entre los 35 y 40 años de clase media que está a punto del divorcio, situación que se dificulta por la presencia de un hijo, Alyosha (Matvey Novikov), un chico de 12 años que la pasa fatal debido a la poca atención y el maltrato que recibe, en síntesis, ninguno de sus padres quiere hacerse cargo de él.

La asfixiante situación de este personaje es mostrada sin ningún tapujo, razón por la cual un día simplemente desaparece, quizá pensando que la vida se volverá más sencilla para sus progenitores, quienes sin perder tiempo, en medio de todo el engorroso proceso de divorcio y luego de búsqueda del hijo, están formando nuevas relaciones de parejas.

Zvyagintsev muestra con encanto el rehacer sentimental de los protagonistas adultos, una intensa ilusión que se transporta a escenas sexuales cargadas de erotismo y satisfacción, un hechizo por dejar un pasado turbio que carcome, o bien, un futuro inestable. Para Zhenya es vivir un primer amor, según sus palabras, ¿o es esto solo una careta? Para Boris pareciera más un interés económico-laboral que otra cosa.

En medio de todo esto la ausencia de Alyosha les sigue persiguiendo, aunque nunca como uno esperaría que pase en un contexto normal. Él era un niño que incomodaba a sus padres, un peso con el que debían cargar, por eso al existir la separación ninguno quiere hacerse cargo. Pero al final, se arroja la luz de que él no era el problema, a fin de cuentas los padres siguen con su vida, con sus nuevas familias, e igual de infelices.

Infelicidad que no se muestra como el peso de la conciencia tras toda la situación acontecida, para nada, es simplemente que la felicidad que estos adultos buscaban no era algo real, era más una ilusión de alejarse de su presente, de su realidad. Ahí es donde Zvyagintsev se luce, porque logra manejar el sentir del espectador hacía esa mirada, y no la de que los papás están arrepentidos por haber sido malos padres, porque nunca lo estuvieron.

¿Por qué Alyosha desaparece? La respuesta es simple, únicamente vale leer el título de este largometraje para caer en cuenta, además de retomar su mirada tierna entristecida, con lágrimas, pocos minutos sobresalientes para el chico. ¿Dónde estuvo su libertad? ¿Cuál fue su salida? Zvyagintsev tan sutil como siempre, lo muestra de una forma tristemente hermosa, con el agua -elemento recurrente en su obra- como protagonista.

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