CRFIC-2017: Radiance

La pedagogía del melodrama

 

Desde hace más de dos décadas, el nombre de la prolífica directora japonesa Naomi Kawase se ha vuelto una constante dentro del panorama fílmico mundial, acogiendo con la calidez inherente y el énfasis emotivo de su obra a todo aquel que busque un respiro del rigor y la potencial solemnidad a la que puede gravitar cierto cine dentro del contexto de festivales.

Si bien sus películas muestran una visión idiosincrásica que se enfoca en la tonalidad sensible de temas de autodeterminación y la naturaleza íntima de la expresión, su suntuosidad poética también puede rayar en lo empalagoso, y su más reciente trabajo, Radiance (2017) , es un claro ejemplo.

El argumento explora la relación que se genera entre, Misako (Ayame Misaki), una joven que adapta narraciones a películas para la mejor comprensión de la población no vidente, y Nakamori (Masatoshi Nagase), un prestigioso fotógrafo quien recién se adapta a esta condición. El sentir de añoranza de la trama se expresa de manera tangible desde el ocaso amarillento y los planos íntimos de la fotografía, lo que no evita que los protagonistas se sientan más como recipientes para las reflexiones líricas de Kawase que como personajes con matices propios.

De hecho, la caracterización individual que se intenta dar más bien sobre-enfatiza un tratamiento ya de por sí melodramático, a través viñetas esporádicas sobre la invalidez en el ámbito artístico y la fragilidad del contexto familiar, ninguna con la profundidad necesaria para trascender el terreno común.

El eje que guía la narrativa es entonces el complemento entre el inocente altruismo de Misako, quien aprende a desprenderse de las explicaciones invasivas en su cine, y el desencanto auto-impuesto de Nakamori, quien a partir de la relación apropia otros elementos sensoriales fuera de la imagen como emisores de emotividad. Este contraste da para un diálogo dinámico entre posiciones, pero el manejo esquemático puede distanciar de un enganche emocional genuino, más allá de que las melancólicas melodías de piano explicitan al espectador cómo debería de sentirse.

A pesar de su clara demarcación sentimental, quizás el aspecto más interesante de Radiance yazca más bien en su propuesta conceptual. Los espacios de retroalimentación de Misako con la población no vidente dan para que Kawase teorice sin tapujos sobre las posibilidades del cine como medio, destacando su capacidad de estímulo sensorial y condenando lo “invasivo a nivel creativo” de la exposición. La proyección de sí misma lleva a una frase de diálogo que parece sintetizar su intención artística en general, cuando Misako expresa “querer que el cine proyecte de manera más tangible la esperanza”.

La auto-referencia llega al punto de tener un filme dentro del filme, que inicialmente parece un guiño al simbolismo exacerbado y la sublime poética de su obra, pero hacia el final, por el contrario, queda claro que es una reflexión genuina que deriva en auto-parodia, al tratarse como una obra magistral para todo aquel que la ve dentro del largometraje.

Naomi Kawase nunca se ha destacado por ser una cineasta sutil, pero la sinceridad de su núcleo emocional y el preciosismo característico de su iconografía visual solo llegan hasta cierto punto cuando sus sensibilidades se expresan de maneras tan didácticas como en Radiance.

Radiance. Francia-Japón, 2017. Director: Naomi Kawase. Guión: Naomi Kawase. Fotografía: Arata Dodo. Edición: Tina Baz. Elenco: Masatoshi Nagase, Ayame Misaki.

¿Cuándo y dónde? 

Viernes 15 de diciembre, 9:00pm. Cine Magaly.

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