CRFIC-2017. Violeta al fin

Violeta, al fin comienza tu viaje

Por Mariamalia Blanco

 

Cuando Violeta decide inscribirse en clases de natación, su entrenador le dice que intente nadar sumergiendo la cabeza en el agua. Ella le responde que se le dificulta hacerlo, y sigue haciendo sus ejercicios en la piscina.

 

Violeta (Eugenia Chaverri) es una mujer de la tercera edad, está divorciada y vive en su casa. Sus dos hijos, quienes, naturalmente, ya son adultos con vidas hechas, tratan de convencer a su madre de abandonar su casa y de vivir con ellos. Pero la pasión de este personaje es su hogar, y aunque tiene una buena relación con sus hijos y su familia, disfruta de su convivencia en soledad y esta no le causa ningún problema.

 

Mediante el humor y un guion fresco, pero no por ello poco profundo, Violeta al fin (2017) de la directora costarricense Hilda Hidalgo muestra cómo una mujer de la tercera edad puede tener ideas innovadoras y muchos sueños. Aferrada a su autonomía y a su hogar, la protagonista se niega a abandonar su casa e irse a vivir con sus hijos; por el contrario, tiene sus propios planes que le permitirán disfrutar de la independencia en su hogar mediante sus proyectos. A través de una historia entretenida y cruda como la realidad misma, este largometraje expone cómo una mujer puede sentirse incomprendida en una sociedad conservadora, no solo a sus 20 años, sino también en la vejez cuando quiere deconstruir el concepto de que la convivencia en familia es el único medio para la plenitud.

 

Asimismo, apartándose del arquetipo de madre y mujer de la tercera edad costarricense, Violeta, comprende que, lejos del imaginario romántico y tradicional familiar, una vida en pareja no es necesariamente la mejor ni la más plena. Con una actuación simpática y conmovedora, el personaje principal de esta historia subvierte la forma lastimera en que la cultura costarricense comprende la vejez: la vida no se acaba cuando llegamos a viejos, por el contrario, este puede ser un buen momento para nuevos proyectos, para realizar otros sueños y para hacer un uso positivo del conocimiento que surge de la experiencia, pues, tal como lo señala la protagonista al conversar con su amigo y profesor de natación: “Con el tiempo todo se ve más claro y eso duele”.

 

Al final de la película, Violeta aparece en la piscina. Se quita su gorra de natación y suelta su cabello. Se sumerge plenamente en el agua. Sonríe, se le mira plena; no con el final feliz de las historias románticas, sino con la satisfacción de una mujer dueña de su destino.

 

Violeta al fin es una película fresca y conmovedora. Mediante la simpleza de su personaje principal despierta en el espectador las emociones más elementales que van desde la risa hasta el llanto, manteniéndolo atento mediante la tensión y la incertidumbre de lo que acontecerá. Se trata de una historia sencilla, narrada de manera espontánea, la cual envuelve sutilmente a quien la mira y lo sumerge en esa gran duda e inexorable destino de ser un adulto mayor. Cine costarricense innovador, porque pone la mirada liberal y feminista de estos tiempos en un grupo en el que se piensa poco, pero el cual, por el contrario, tiene mucho que enseñar y que decir.

 

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