CRFIC-2017. El Puma de Quelepa

El Puma de Quelepa: La ruptura y la trascendencia

 

La transfiguración se define como la transformación que devela la verdadera naturaleza del ser. Usualmente es una idea que se concibe dentro del marco de lo religioso y lo metafísico, por lo que su representación tiende a exaltarse con grandilocuencia, en lo que es una tradición que va desde el fresco homónimo de Sanzio, en el Renacimiento, hasta la avasalladora secuencia final de 2001: Una Odisea en el Espacio (Stanley Kubrick, 1968). Más allá de su carácter trascendental, también se trata de un proceso inherente a quien está siendo parte, hecho que el director y artista visual salvadoreño Víctor Ruano explora de forma íntima y transgresora en su filme El Puma de Quelepa.

De entrada, una pequeña estrofa da cierto preámbulo temático en cuanto a lo que se verá en pantalla. Esta alude a la naturaleza efímera de la existencia y se le atribuye a Carlos Ulloa, joven pintor de la zona indígena de Quelepa quien se quitó la vida en 1997.  Si bien se trata de un subtexto oscuro el cual nunca se explicita dentro de la película, este contextualiza el lenguaje empleado por Ruano, quien relata y resignifica un hecho cercano y de índole personal dentro de una expresividad deliberadamente densa y por momentos abrumadora, pero no por eso impenetrable.

Las fotografías desgastadas con las que da inicio la película determinan la textura granosa e imperfecta del blanco y negro, mientras que la captura explícita de un hombre colgado del cuello devela el naturalismo gráfico del tratamiento que, si bien no escatima al mostrar sin filtros y de manera extendida el sacrificio de una vaca y una secuencia de sexo sin simulación , mantiene cierta distancia que evita el morbo.

La forma de contar del filme enfatiza la disonancia  a través de tomas contrapuestas, efectos estroboscópicos y un diseño sonoro que guía la turbia transición del personaje principal con su tempestad constante y atmósferas pesadas. Es la yuxtaposición como eje conceptual. La asociación entre elementos  contrastantes, como puede ser la música del reggaetonero Farruko y el neorrealismo poético del cine de Carlos Reygadas,  que al coexistir se hilvanan con fluidez gracias  a una visión artística singular que los integra a este mundo donde lo onírico y lo naturalista se complementa.

Estos elementos marcan la pauta al ritmo contemplativo, que se dilata en la rutina y las expresiones cotidianas, con un detalle casi etnográfico antes de dar lugar a las secuencias más simbólicas del viaje espiritual, en el que el estoico protagonista ve cómo el endeble asimiento de la civilización se empieza a difuminar ante el misticismo seductor de la selva, aspecto que evoca en tratamiento y preocupación a la obra de Weerasethakul.

Donde Ruano se distingue es en el diálogo que mantiene de manera constante con iconografía y conceptos católicos, la cual va desde imágenes recurrentes de santos y crucifijos en la periferia del encuadre, hasta una conversación entre obreros locales en donde se rompe la cuarta pared y se discuten las implicaciones de ir al infierno.  Estos elementos aluden a la necesidad imperante de un apocalipsis que purifique antes de que el renacer pueda hacerse efectivo y la transmutación se concrete. Solo cuando se deja ir y se apropia el cataclismo, se puede aspirar a la catarsis de la trascendencia, la que llega por medio de una simbiosis con el entorno. La inmersión total en el estado primario y puro al que remite la naturaleza.  

Más que relatar esta tesis, El Puma de Quelepa sumerge al espectador en una experiencia confrontadora y estimulante, en la que la transfiguración no solo se hace palpable, sino que se vive en carne propia.

 

¿Cuándo y dónde?

Lunes 11 de diciembre, 5:30 pm, Teatro 1887

Viernes 15 de diciembre, 12 md, Teatro 1887

*El texto se produjo en el Laboratorio de Crítica Cinematográfica que organiza el Costa Rica Festival Internacional de Cine 2017.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *