Filmes destacados del 2017

La selección de Alonso Aguilar

En Brawl In Cell Block 99 (Zahler), el protagonista encarna la faceta más displicente de la violencia.

 

A falta de ver unas cuantas contendientes por el Oscar a estrenarse en el país y varias potenciales joyas de la temporada de festivales que aún no cuentan con distribución, estos son 10 filmes lanzados en 2017 que pintan un poco el panorama de lo más destacado. Como parece ser tendencia en los distintos recuentos (de todas las áreas artísticas), se trata de un año sin mucho consenso. Las grandes obras de prestigio y el renombre no calaron realmente en el acontecer cinéfilo. Aun cuando conocidos maestros deleitaron con retornos en estado de gracia, los verdaderos protagonistas fueron las voces emergentes. Aquellas cuyas refrescantes perspectivas y osadía deslumbraron con estimulantes abordajes de las preocupaciones del hoy y el ahora.

 

Del drama histórico al cine de explotación, de debuts documentales georgianos a eventos serializados de iconos estadounidense, aquí 10 recomendaciones que exaltan el poder de este medio, en orden alfabético: 

 

A Ghost Story (David Lowery, EE.UU., 2017). A través de un uso magistral de la elipsis, A Ghost Story eleva la tragedia personal al plano cósmico y explora la recurrencia eterna desde la depresión, todo encapsulado en una propuesta formal totalmente idiosincrásica y emocionalmente devastadora. En síntesis: Toma de 9 minutos de Rooney Mara comiendo tarta.

 

Brawl In Cell Block 99 (S. Craig Zahler, EE.UU., 2017). Con John Wick 2 (Chad Stahelski, EE.UU.), L’amant Double (François Ozon, Francia) y mother! (Darren Aronofsky, EE.UU.), el 2017 ya se perfilaba como un año importante para el cine de explotación, pero el acercamiento contemplativo y brutalmente melancólico de Brawl in Cell Block 99 recontextualiza la violencia desde un núcleo emocional que trasciende el cine de género y llega a un nivel de resonancia genuino.

 

City of the Sun (Rati Oneli, Georgia, 2017). El espacio como personaje, su voz expresada de manera coral a través de las sutilezas de lo cotidiano y el acontecer de aquellos que lo habitan. El documental como poesía visual.  

 

El Puma de Quelepa (Víctor Ruano, El Salvador-EE.UU., 2017). La transfiguración hecha cine. Un viaje onírico y naturalista a la vez, donde la osadía formal conjuga lo cotidiano con lo apocalíptico.

 

Good Time (Ben & Joshua Safdie, EE.UU., 2017). Los Safdie complementan su naturalismo característico con un envolvente artificio estético. Good Time es un thriller frenético de decadencia urbana ejecutado con la potencia y confianza que consolida a un cineasta, en este caso a un par.

 

La libertad del diablo (Everardo González, México, 2017).  El documentalistas Everardo González logra la difícil tarea de darle un enfoque novedoso a la violencia en México. Su destacada propuesta fromal confronta con preguntas desgarradoras y explora los matices más oscuros de la condición humana. Aquí no hay respuestas fáciles. 

 

Rey (Niles Atallah, Chile-Francia, 2017). La memoria histórica abordada desde lo meta-narrativo. Rey es cacofonía visual en el sentido más avasallador y catártico.

 

Twin Peaks: The Return (David Lynch, EE.UU., 2017). Ni el más acérrimo fanático podía prever lo que David Lynch haría en el retorno de Twin Peaks: 18 horas en las que las reglas de la narración serializada quedan hechas añicos y el lenguaje audiovisual es llevado a límites que trascienden cualquier etiqueta de cine o televisión.

 

Vazante (Daniela Thomas, Brasil-Portugal, 2017)Las tensiones raciales del Brasil feudal son exploradas de forma íntima y contemplativa por la directora Daniela Thomas, quien muestra maestría a la hora de conjugar la tragedia desde lo atmosférico.

 

Zama (Lucrecia Martel, Argentina – España – Francia – Holanda – EE.UU. – Brasil – México – Portugal – Líbano – Suiza, 2017). Ninguna analogía entre la estasis de Diego de Zama y la de la producción del cuarto largometraje de Martel le harán justicia a la experiencia hipnótica, delirante y por momentos opresiva en su desolación que es Zama. Esos filmes en los que una vez inmerso, no hay vuelta atrás.

 

Un clásico.

Love Letter (Kinuyo Tanaka, Japón, 1953). La primera directora con una carrera en Japón, Kinuyo Tanaka, explora con maestría en composición y un palpable sentir de melancolía, las relaciones distanciadas por la guerra. Un melodrama esencial, desde su calidad hasta su importancia contextual.

 

La selección de César Mena

La naturaleza salvaje es metáfora de la historia romántica que cuenta Ildikó Enyedi en “En cuerpo y alma”

 

A teströl és a lélekröl (En cuerpo y alma, Ildikó Enyedi, Hungría, 2017). De Hungría aparece la ganadora del Oso de Oro en Berlín, tras 18 años de frustraciones por no conseguir financiación en sus proyectos, la realizadora Enyedi trae un romance alejado de cualquier convencionalismo propio del género.

 

Alanis (Anahí Berneri, Argentina, 2017). Filme argentino enfocado en la protagonista que le da título al filme, interpretado de gran forma por Sofia Gala, una trabajadora sexual que hará frente a las dificultades propias de sus trabajos mientras cría a su pequeño hijo.

 

Blade Runner 2049 (Denis Villeneuve, EE.UU.-Reino Unido-Hungría-Canadá, 2017). Un milagro cinematográfico, que este filme respetara la esencia de su predecesora pero que a su vez consiguiera ampliar el universo Blade Runner de forma tan efectiva.

 

Happy End (Michael Haneke, Francia-Austria-Alemania, 2017). Corrosivo como siempre, Haneke se sirve de una disección a una familia de la alta sociedad europea para mostrar sus problemas existenciales, mientras, alrededor, los refugiados africanos son invisibilizados.

 

Mzis qalaqi (Ciudad del sol, Rati Oneli, Georgia, 2017). Los restos de uno de los grandes proyectos de la Unión Soviética son contrastados con un puñado de pobladores de Chiatura, un pequeño pueblo en Georgia. Hipnótica y seductora.

 

Nelyubov (Sin amor, Andrey Zvyagintsev, Rusia-Francia-Alemania-Bélgica, 2017). Un matrimonio a una firma del divorcio que deberá hacer frente a la búsqueda de su hijo no deseado quien desaparece debido a los malos tratos recibidos. Poderosa, tristemente hermosa, nunca un título había sido tan acertado.

 

Rey (Niles Atallah, Chile-Francia, 2017). Orllie-Antoine de Tonnens quiso a mediados del siglo XIX fundar un reino en las regiones de Araucanía y la Patagonia. Un contenido ya de por sí de gran interés es presentado mediante una serie de técnicas que logran una gran riqueza visual.

 

Selbstkritik eines buergerlichen Hundes (Autocrítica de un perro burgués, Julian Radlmaier, Alemania-Italia, 2017). Crítica por doquier, donde se explora con el protagonista entramados argumentales desde un punto de vista lleno de absurdo y humor negro, lo que funciona para no sentirse como un discurso académico y panfletario de temas como las migraciones o la política.

 

Toivon tuolla puolen (El otro lado de la esperanza, Aki Kaurismäki, Finlandia-Alemania, 2017). De la mano de un migrante sirio, Kaursimäki fiel a su costumbre filma el punto de vista del marginado, un joven que anhela encontrarse a su hermana en una sociedad finesa alejada de la perfección que muchas veces por estos lados se cree verdadera.

 

Una mujer fantástica (Sebastián Lelio, Chile-Alemania-España-EE.UU., 2017). Filme que tiene como protagonista a Mariana (Daniela Vega), una mujer transexual que debe hacer frente a la muerte de su pareja y a una serie de señalamientos en su contra. Espectacular, narrativamente perfecta, una película fantástica.

 

Un clásico

La muralla verde (Armando Robles Godoy, Perú, 1969). Esta producción peruana es una obra intensa, un drama familiar que además presenta una lucha de clases sociales y contra la burocracia. Múltiples flashback funcionan para ver como el protagonista lucha por conseguir un terreno en la montaña para vivir junto a su familia.

 

 

La selección de Yoshua Oviedo

La protagonista de En la playa sola de noche (Sang-soo Hong) se debate en medio de la soledad, un relato amargo sobre los conflictos en las relaciones de pareja.

 

Un año más llega el momento de repensar otro año cinematográfico, en esta ocasión escribiendo para este medio, pero siguiendo la tradición de no escribir un top 10 canónico, sino una apreciación sobre filmes destacables a juicio personal visionados durante este 2017. La lista incluye películas vistas en festivales, dentro y fuera del país, y no solo a estrenos comerciales, por lo que también se pretende alentar a los lectores a buscar aquellas obras que no conozcan o no hayan visto. Por último, mencionar títulos notables que son del 2016, pero hasta este año pude ver: Viejo Calavera (Kiro Russo, Bolivia) es una inmersión sensorial al mundo de los mineros sin caer en estereotipos y usando actores naturales. Hell or High Water (David MacKenzie, EE.UU.), extraordinario western, en mi opinión la película que debió haber ganado el Óscar, una voraz crítica a una sociedad estadounidense depredadora. Corazones cicatrizados (Radu Jude, Rumanía), otro ejemplo del gran cine rumano, una obra introspectiva, de época, en la que la cámara es tan inmóvil como el protagonista, pero que escudriña a fondo sus emociones y psique. People Power Bombshell: The Diary of Vietnam Rose (John Torres, Filipinas), un filme permeado por la tradición, por lo mitológico y por la historia, en el que el director interviene la película original de la que parte, estableciendo un diálogo a partir de técnicas cinematográficas que unen el pasado y el presente. Además, aclaro que no he podido terminar de ver Twin Peaks: The Return, que no tengo duda es de lo mejor del año (y del siglo).

 

Las películas están ordenadas alfabéticamente:

 

A Ghost Story (David Lowery, EE.UU., 2017). Un relato de fantasmas en clave existencialista, en el que el punto de vista viene del muerto, el espectro, que en este caso no asusta, sino que es un medio para entender el eterno retorno, el círculo que se produce entre la vida y la muerte. Con un ritmo pausado (¿para qué quiere apurarse un ser atemporal?), actuaciones contenidas y sin mayores efectos especiales, Lowery es capaz de transmitir la frustración de aquel que ya no tiene un lugar en este mundo, que lejos de ser un monstruo es un ser atormentado, atrapado, con una voluntad y un deseo, pero con la incapacidad de llevarlos a cabo.

 

City of the Sun (Rati Oneli, Georgia, 2017). Siguiendo con lugares fantasmales, la Ópera Prima de Oneli, un documental georgiano sobre Chiatura, una ciudad minera abandonada a raíz de la caída de la Unión Soviética, muestra el lado más vital de los pocos pobladores que todavía la habitan. Largos planos panorámicos muestran las edificaciones semi destruidas, mientras que la cámara se acerca para mostrar los rostros y sueños de esas personas que se debaten entre el pasado y el futuro.

 

Dragonfly Eyes (Bing Xu, China, 2017). Otra Ópera Prima, en este caso del consumado artista Bing Xu, de 62 años, quien arma una historia a partir de grabaciones que hacen las cámaras de seguridad que hay en todo el territorio chino (de ahí el título), desde santuarios budistas hasta oficinas de policía. La historia ficticia es lo secundario, el director es capaz de crear una historia sin actores, a la vez que evidencia la compleja realidad tecnológica y los límites de la privacidad en el gigante asiático.

 

El otro lado de la esperanza (Aki Kaurismäki, Finlandia-Alemania, 2017). El directo finés es el más veterano en esta lista, pero mantiene su elegancia y su cine sigue siendo tan incisivo como en sus inicios. Con su estilo lacónico, de actuaciones rígidas y situaciones que rozan el absurdo, Kaurismäki denuncia la crisis europea (y mundial) con respecto a la tolerancia racial. En este caso, decide mostrar ciertas escenas que usualmente dejaría en un fuera de campo, como el ataque de un neonazi hacia el emigrante sirio, pero es que el director entiende que la esperanza es una utopía, y que la sociedad es cada vez más agresiva, aun así, no faltan las manos amigas. El filme no propone explicar el conflicto de inmigración, ni las razones que llevan a unos a abandonar el país y a otros para rechazarlos, en su absurdo, Kaurismäki de manera cínica expone a la sociedad y al espectador como parte de ella, los planos sostenidos tienen la intención de que este sea partícipe de la acción.

 

En la playa sola de noche (Corea del sur-Alemania, 2017) / El día después (Sang-soo Hong, Corea del sur, 2017). El brillante realizador surcoreano estrenó tres filmes este año. Fiel a su estilo, con largos planos secuencias, cámara estática que se mueve lateralmente o por medio del zoom, y personajes que beben, hablan, caminan y sobre todo expresan sus emociones. El cine de Sang-soo gira en torno a las relaciones pasionales, muchas de ellas con tintes biográficos: la actriz Min-hee Kim sale en ambos filmes, y ha tenido una relación con el director, tema de fondo de la primera película. En esta, la atención está en ella, sus reacciones, sus miedos, ella es la que habla, hay varias tomas abiertas que varían con el tradicional encuadre en interiores del realizador. En The day after, el hombre es el protagonista, pero su silencio y llanto es sintomático de su incapacidad de ser honesto con las mujeres que le rodean. La primera filmada a color, la segunda en un pragmático B/N, y en ambas, aparentes repeticiones, pero que en realidad significan las distintas posibilidades, las diferentes decisiones o deseos y sus repercusiones.

 

Have a Nice Day (Jian Liu, China, 2017). Estrenado en la Berlinale, prohibida en Annecy, este neo-noir de animación es una brutal disección de una sociedad decadente, en la que no importa si se es un trabajador común o el jefe de la mafia, todos están al borde del colapso, buscando cómo escapar de un presente fétido que ya no da opciones. Bajo la excusa de un botín perdido, el director hace una radiografía de una sociedad colapsada, en la que la esperanza es una palabra que parece haber desaparecido. El notable uso del color y la música ayudan a crear una atmósfera agobiante y claustrofóbica.

 

Rey (Niles Atallah, Chile-Francia, 2017). Una de tres ficciones históricas que hay en este listado. Para Atallah, el cine es el medio mediante el cual se puede reconstruir la historia, rellenar los espacios en blanco de un juicio que condenó a un abogado francés en 1858 por erigirse rey de la Patagonia y la Araucanía. ¿Pero cómo representarlo? A través de diversas técnicas y sin olvidar la coherencia de lo narrado, Atallah crea un relato pseudo-histórico en el que ridiculiza a las autoridades legales mediante máscaras que caricaturizan a los personajes y sus discursos, mientras a modo de flashbacks recrea los pasos de ese conquistador europeo, que como es habitual, cae inmerso en una locura que le sobrepasa. Usando materiales de archivo e interviniendo el celuloide para avejentarlo, Rey es una declaración de cómo la tecnología y el arte confluyen en esto que llamamos cine para crear lecturas alternativas a la historia.

 

The Last of Us (Ala Eddine Slim, Túnez-Qatar-Emiratos Árabes Unidos-Líbano, 2016). El cine africano es el gran ausente en estas listas, una injusticia no solo política, sino también artística, en este filme, una odisea apabullante por la ruta de migración de un personaje ficticio, elaborado a partir de miles de hechos reales; sin diálogos y dividida en dos partes, la primera de corte más realista y la segunda con una vocación onírica, precedida por un enigmático prólogo que permite realizar diferentes lecturas. La imagen es suficiente para transmitir significados.

 

Vazante (Daniela Thomas, Brasil, 2017). Tras 7 años sin rodar y 8 sin escribir, la brasileña Daniela Thomas regresó a lo grande con una monumental obra, un retrato voraz del Brasil de 1821. Con dos tipos de personajes tan diferenciados como la contrastada fotografía a blanco y negro: esclavos negros con grilletes y pies enlodados, y hombres blancos sobre caballos. Desde ahí, la directora va retratando una época a la vez que traza paralelismos con el presente brasileño. La ambientación es fundamental para transmitir la pesadez de las situaciones y el maravilloso uso de la elipsis hace que el relato fluya sin caer en escenas de violencia gratuita, la cámara se centra en los rostros y los cuerpos fatigados, y el poder de la imagen es tal que la economía de diálogos se agradece.

 

Zama (Lucrecia Martel, Argentina – España – Francia – Holanda – EE.UU. – Brasil – México – Portugal – Líbano – Suiza, 2017). Tan larga como la lista de países involucrados fue la espera para la cuarta película de la directora que cambió el cine latinoamericano. El resultado es Zama, una vigorosa historia que adentra al espectador en un universo complejo, la llave para entrar en ese mundo es el sonido, un meticuloso diseño sonoro que más que ambientar significa perderse en una espiral en la que se termina igual de desorientado que el protagonista: un oficial español del siglo XVII que va perdiendo la autoridad y el control de lo que le rodea. La rigurosidad de Martel para filmar en unas condiciones agrestes y mostrar un realismo apabullante a la vez que onírico, es una de las experiencias cinematográficas del siglo XXI.

 

Cine costarricense.

Medea (Alexandra Latishev, Costa Rica-Chile-Argentina, 2017). Es posible que ninguna ficción costarricense haya tomado el pulso del contexto social de una época como lo ha hecho Medea, filme que es una bofetada a la conservadora sociedad que prefiere no ver la realidad. La historia mostrada en un revelador y claustrofóbico formato 4:3, con un uso del fuera del campo visual muy acertado, obliga al espectador a ver hacia el frente, a reconocer a esa mujer que no quiere a su bebé no nato, pero que ella se quiere y lucha por recuperar su cuerpo, sin importar si tiene que abortar prejuicios morales a una sociedad hipócrita.

 

Un clásico. Este tipo de listas suele demostrar el olvido a miles de producciones que se han hecho y que obligatoriamente se desconoce la mayoría, un cinéfilo bien podría hacer cada año una lista de los mejores clásicos descubiertos, pero en este caso, solo mencionaré uno:

El ladrillo y el espejo (Ebrahim Golestan, Irán, 1965). Esta poderosa película es una ventana a la sociedad iraní previa a la revolución islámica de 1979. El director filma una ciudad cosmopolita, que durante la noche está plagada de luces de neón y es transitada por numerosos autos (es la primera película iraní con sonido directo). En esa ciudad se desarrolla una historia moderna: una mujer (interpretada por la poetisa Forough Farrokhzad) abandona su bebé en un taxi, el conductor transitará la noche en busca de la mujer, mientras, entre luces y sombras se desplegará un manifiesto político y social, cada decisión, cada plano, tienen un peso, la tensión exhibida explora el miedo y la responsabilidad de una sociedad, además de ser preludio de los cambios que se avecinaban.

 

El evento cinematográfico del año ha sido Twin Peaks, David Lynch sigue siendo un visionario y solo nos queda esperar por más…

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