Keylor Navas: cine abúlico

Con el estreno el pasado diciembre de Keylor Navas: un hombre de fe, el cine costarricense cerró uno de sus años más productivos, sin embargo, este último estreno refleja bien la dicotomía que se vive en el país en cuanto a cine.

 

Todavía lejos de tener una industria, sin contar con una ley de cine y con un público que está en proceso de aprendizaje de ver(se) reflejado en la pantalla, la producción nacional está dividida entre aquellos quienes hacen un cine con intenciones más artísticas, con tramas intimistas y una apuesta por valores de producción más austeros y, por otro lado, quienes realizan producciones costosas que buscan crear un negocio, estas atraen más público que las primeras y su interés es crear un entretenimiento para el espectador, lejos de pretensiones artísticas.

 

Este último caso es el de la película biográfica del arquero costarricense Keylor Navas, dirigida abúlicamente por la colombiana Dinga Haines, dato irrelevante porque se trata de una película de encargo, en el que importaba más el mercadeo que la historia.

 

Si antes se dividió el cine nacional de acuerdo a sus valores de producción, también se puede considerar la manera en que las películas son distribuidas. Es obvio que, si un filme tuvo muy poco presupuesto para realizarse, no tenga mayor capacidad para publicitarse comercialmente, y si los directores hacen un cine que rehúye de las fórmulas fáciles, un espectador analfabeto que no sabe distinguier entre lenguajes cinematográficos, va a tener reticencia de ir a una sala comercial. En cambio, si una película como la de Keylor Navas: un hombre de fe, realiza su “premiere” en una sala de eventos, con muchachas edecanes en trajes ajustados, sesión de fotos con el ídolo, y si además rifan viajes a España, carros y demás premios, está claro que detrás hay muchos patrocinadores y que todo ese circo llevará público.

 

Cabe mencionar que las películas que mejor les ha ido en términos de taquilla son aquellas que han tenido protagonistas que constantemente son vistos en televisión (con la misma lógica el pueblo ya ha votado por un Jefe de Estado en el pasado): Maikol Yordan de viaje perdido contaba con los comediantes de la Media Docena; El lugar más feliz del mundo, también hacía uso de varios comediantes; Entonces nosotros, se apoyaba en la figura de Hernán Jiménez; mientras que no son pocos quienes siguen la liga española de fútbol y los partidos de la selección nacional, por lo que reconocen a la figura mediática de Keylor. Mención aparte merece Esteban Ramírez, cuyas películas han sido bien recibidas por el público y no ha caído en ese mercantilismo barato.

 

A todo lo anterior hay que sumarle el creciente interés de Televisora de Costa Rica (canal 7) de participar en realizaciones con intereses comerciales, espacio que aprovecha para implantar distintos personajes, especie de Star System criollo, con la diferencia que aquel sistema de los grandes estudios sí contaba con verdaderos actores y actrices, mientras que Canal 7 improvisa con humoristas, presentadoras reconvertidas en “actrices” y en el caso de Keylor Navas: un hombre de fe, con comentaristas deportivos.

 

Es tal la intervención de esa televisora, que en todos los filmes en que ha participado existe un plano que remite a su campaña comercial de los ochenta y noventa, con tomas panorámicas de montañas o cualquier paisaje turístico nacional, ahora mucho más económico de filmar gracias al uso de drones y que solo falta que suene el estribillo “no hay valle que no pasemos…”. Y es que ese eslogan de “siempre con usted” se ha convertido en una imposición ideológica, que más que acompañar al televidente/espectador de cine, lo que hace es crear una falsa conciencia de realidad mientras sigue vendiendo sus acciones merced a la complacencia de un público domesticado.

 

Ante estas circunstancias la historia de un niño que crece en un entorno pobre y llega a triunfar al jugar para uno de los equipos de fútbol más importantes del mundo, obviamente ayudado por su fe en la divinidad cristiana, es lo de menos, porque de lo que trata Keylor Navas: un hombre de fe es de vender un producto, una ideología, es campaña publicitaria disfrazada de película.

 

Para ello usa una fotografía fantasiosa, con una iluminación artificial que en todas las tomas hace aparecer una sempiterna luz de las ventanas, salvo cuando es necesario mostrar dramatismo, por lo que los personajes hablan en la oscuridad, enfatizados torpemente con alguna sombra de persianas. En este sentido, fotografía, iluminación y dirección de arte se confabulan para crear una especie de cuento de hadas: el del pobre niño que su padre lo deja, pero que triunfa ante la adversidad con el apoyo de la familia. Y ojo que esto no es crítica hacia la vida real del guardameta, ni a sus convicciones o entorno familiar, se trata de evidenciar el discurso de una producción audiovisual que está lucrando con esa historia.

 

La torpe edición no permite el desarrollo de una escena, sino que esta parece ya iniciada una vez que se ha hecho un cambio de plano: la brusquedad en el montaje hace que la actuación no esté en función de la puesta en escena, sino que se recitan diálogos sin interiorizar la situación dramática. A esto se le suma una pésima dirección de actores, estos aparecen tiesos y repiten sus diálogos sin convicción. Desde las situaciones cajoneras con el joven José David Coste (Keylor de niño) hasta la soporífera interpretación de Matt Márquez (Keylor adulto), que además aparece en el filme a través de una risible secuencia, en la que se hace pasar al portero de tener un cuerpo y cara de niño, a la de un adulto en tan solo tres años. Mala decisión de casting y muy mal uso de la elipsis.

 

No hay una concepción de narrar a través de distintos tipos de planos, sino que se usa una banda sonora que atropelladamente conduce la narración, indicando el tipo de emoción que debe sentir el público de acuerdo a la escena: los actores son incapaces de mostrarlo con su trabajo. Igual de desatinada resulta la introducción de personalidades reales, que lejos de servir a lo narrado, resultan secuencias publicitarias; y el uso de diferentes cámaras, según sea algo filmado para la película o algo sacado de un vídeo de archivo: imágenes pixeleadas y mal corregidas en postproducción.

 

En una industria cinematográfica se mezclan diferentes tipos de películas, con mayores o menores presupuestos y ambiciones, pero en el caso de Costa Rica, sin tener una industria, este tipo de filmes parece que solo sirven para llenar los bolsillos de unos cuantos: con tan poca elegancia cinematográfica Keylor Navas: hombre de fe sigue llevando gente al cine, la campaña publicitaria y rifas siguen siendo exitosas, es parte también del negocio.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *