Suburbicon & Downsizing: Mundos absurdos como espejo de la realidad.

Desde su consolidación como género, la sátira se ha convertido en una de las herramientas más efectivas para la crítica social. En muchos casos, no es hasta que las irregularidades de la realidad son ridiculizadas y llevadas al absurdo que para muchos se empieza a visibilizar una problemática, por lo que más allá del entretenimiento, esta forma de comedia suele conllevar gran valor contextual como retrato de las preocupaciones de un momento en especifico.

Ya sea con las payasadas de los hermanos Marx en Duck Soup (1933) o la caricatura de paranoia de Kubrick en Dr.  Strangelove (1968), el cine estadounidense siempre ha encontrado lugar para reírse del entorno sociopolítico, por lo que no es sorpresa que la incertidumbre del turbio contexto actual traiga consigo filmes de esta índole. En una de esas tantas coincidencias de la temporada de premios, actualmente se encuentran en cartelera dos de las mentes satíricas más interesantes del cine estadounidense contemporáneo, como lo son Alexander Payne en su nueva película Downsizing (2017) y los hermanos Coen, cuyas huellas se encuentran en el guión de Suburbicon (2017), más reciente largometraje de su buen amigo George Clooney; curiosamente ambas cintas estelarizadas por Matt Damon.

Desde su debut como director en Confessions of A Dangerous Mind (2002) queda claro que la mirada de Clooney está fuertemente permeada por las idiosincrasias de Joel y Ethan Coen, y en el caso de este nuevo proyecto la idolatría llega al punto de adaptar un guión inicialmente descartado por el duo. El relato de como un suburbio superficialmente bello de los 50 esconde expresiones de lo peor del ser humano se explora esta vez desde el núcleo familiar Lodge, donde Gardner (Matt Damon) debe lidiar con las consecuencias de sus acciones y velar por proteger a su familia, la cual se ha visto involucrada en un intrincado misterio de crimen.

Por si sola, la trama del hombre común corrompido por el mundo caótico a su alrededor es una de las grandes marcas temáticas de los Coen, pero a diferencia de ellos, Clooney parece no tener idea de cómo hilvanar los distintos elementos que componen la historia. La caracterización de los protagonistas no profundiza realmente en sus motivaciones o razón de ser, por lo que de entrada existe una barrera que atenta contra la inmersión en los exorbitantes lios en los que se adentran. Por si fuera poco, tampoco existe un balance en cuanto a tono o armonía en las transiciones; Por momentos se trata de un misterio criminal violento y excesivo, en otros de un sincero drama social sobre prejuicios raciales y en ocasiones hasta se cae en la comedia de enredo. La variedad de estilos no se trata de algo inherentemente negativo, casos sobran sobre maestría en este tipo de manejo, pero en este caso la desarticulación termina por afectar desde el hilo narrativo hasta el registro de las actuaciones.

Más allá de su reparto lleno de renombre, Clooney no encuentra balance en el manejo del tono del material.

La intención de mostrar el odio irracional y la discriminación hacia una familia negra en medio de esta utopía del sueño americano es clara, y denuncias de esta índole son siempre bienvenidas, pero en este caso el tratamiento se vuelve tan superficial que más bien se siente como una desviación forzosa de la narrativa principal. Esta también tiene sus propios problemas de ritmo, pero encuentra consuelo en la fugaz pero efectiva interpretación de Oscar Isaac como un escéptico agente de seguros. A diferencia de la mayoría del reparto, su actuación cuenta con el carisma y la ostentosidad necesaria para darle vida a una farsa, y la resonancia de sus escenas deja en claro con cual tono Clooney se siente más cómodo.

Suburbicon es un filme ambicioso y con aparentes buenas intenciones, pero el resultado no pasa de ser un desastre que se vuelve tolerable por un par de momentos puntuales.

Coincidente en las buenas intenciones (y hasta cierto grado en lo desarticulado), pero considerablemente mejor ejecutada está Downsizing, interesante apropiación de Alexander Payne de la ciencia ficción. En esta ocasión el director reconocido por sus íntimos estudios de personajes explora un guión de “alto concepto”, donde la humanidad ha desarrollado un método para encogerse a tan solo 12cm y así reducir los daños al medio ambiente.

En su primera mitad, el filme explora con humor punzante como una buena causa se puede banalizar por los intereses individuales de una mayoría, y utiliza la decisión de Paul Safranek (Matt Damon) y su esposa Audrey (Kristen Wiig) de “reducirse” como alegoría a las opiniones reaccionarias y los prejuicios que salen a luz cuando se habla de cualquier forma de diferenciación social. El subtexto es manejado con la soltura y el absurdismo remite al muy buen debut de Payne en Citizen Ruth (1996), pero en esta ocasión los ángulos picados y las profundidades de campo le da una nueva dimensión gracias al lúdico juego visual del mundo reducido.

Downsizing es competente en sus dos partes, pero estas no se hilvanan con fluidez.

Luego de un punto de quiebre narrativo, Downsizing explora con gran melancolía la normalización que llega luego de un cambio superficial, y es aquí cuando tiene sus momentos más destacados, evocando un tanto la forma del gran guionista Charlie Kaufman (Being John Malkovich, Adaptation) de utilizar situaciones absurdas para explorar sentires universales. Lastimosamente, a la mitad del camino  Payne cambia totalmente su enfoque, convirtiendo al filme en una “película de mensaje” más convencional.

Se nota que sus observaciones sobre  la desigualdad y la consciencia ambiental vienen cargadas de gran humanismo, pero su forma de exponer estas ideas es un contraste tonal tan fuerte con lo anteriormente propuesto que se genera cierto desapego, además que sus diálogos por momentos caen en lo plenamente didactico. Es una lástima, ya que es en esta parte donde aparece un dinámico reparto de personajes secundarios que incluye a Christoph Waltz y Udo Kier como opulentes comerciantes europeos y a la sorpresiva Hong Chau como una ex-activista vietnamita convertida en parte del servicio de limpieza, en una actuación que destaca más allá de la caricatura que reproduce.

Suburbicon y Downsizing son películas con ideas valiosas, pero justo por ello es que sus resultados mixtos se vuelven aún más frustrantes y hacen pensar más en lo que se quería ser, que en lo que se terminó siendo.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *