The Other Side of Hope & The Square: Risas incómodas en tiempos de incertidumbre

Uno de los grandes valores del arte es el de canalizar la realidad de un contexto a través de la creatividad. Los libros de historia podrán decir lo que pasó, pero son las distintas obras de ese momento las que expresan cuál fue la reacción o como se percibió cierto acontecimiento, y es usualmente ante la adversidad que las propuestas más rompedoras e interesantes salen a la luz. Este es el caso de la convulsa situación sociopolítica en torno a la actual crisis migratoria europea, la cual no solo ha se ha traducido en sentidos documentales como Fuocoammare (2016) de Gianfranco Rosi, sino ahora también se explora desde los matices más oscuros de la comedia en filmes como The Other Side of Hope (2017) de Aki Kaurismäki (Le Havre, El Hombre Sin Pasado) y The Square (2017) de Ruben Östlund (Fuerza Mayor, Play).

Si bien ambos largometrajes están amparados en el ámbito de una sociedad nórdica lidiando incómodamente con las víctimas colaterales de situaciones inciertas, como lo son el conflicto bélico en Siria y el capitalismo tardío, las sensibilidades y las formas de abordaje de los directores se diferencian notablemente, más allá del uso de la comedia.

En The Square, el principal marco desde donde se explora es el del arte contemporáneo. El protagonista, Christian (Claes Bang), es el curador de un prestigioso museo en Estocolmo que presentará una instalación que busca instar a la reflexión sobre el sentido de comunidad y la moralidad en un mundo indiferente. Las distintas circunstancias que rodean la presentación son las que componen la narrativa del filme, ejecutada a manera de viñetas que buscan encontrar cohesión desde la unidad temática, pero que al final de cuentas se sienten un tanto desarticuladas desde lo tonal y lo dramático.

Terry Notary como un artista de performance eleva la secuencia más efectiva del filme

A diferencia de sus trabajos anteriores (particularmente Play (2011), donde explora aspectos similares de la sociedad sueca), The Square no encuentra ese engranaje entre la construcción formal y la tesis propuesta. Salvo el recurso de los ocasionales planos distantes y tomas largas que exaltan la incomodidad de las situaciones, la película propone poco con un montaje y fotografía meramente funcionales. Esto no es inherentemente negativo, pero se trata de una obra cuyo enganche dramático yace exclusivamente en “lo que se tiene que decir”, y esto se explicita con tal frecuencia y obviedad que se vuelve un tanto redundante.

En 2 horas y 20 minutos Östlund encuentra ciertas secuencias que destacan por su forma visceral y sin filtros de ridiculizar el absurdo de los “estándares morales” de la alta sociedad, como el performance primal que confronta a los asistentes de una ostentosa cena y la ruptura de protocolo en una conferencia de prensa por parte de un agente inesperado, pero por la mayor parte sus observaciones parecen quedarse entre lo superficial y el cliché. La ambición conceptual está ahí, por ello se premió con la Palma de Oro, pero esta vez parece que Östlund se ha quedado sin las formas imaginativas que en el pasado lo posicionaban como uno de los provocadores más prometedores del cine contemporáneo.

Una visión a la que no se le puede recriminar consistencia es a la del maestro Aki Kaurismäki. Su cine suele encontrar un balance entre la mirada cínica y humor seco del tratamiento con la conmovedora humanidad que permea sus historias de clases obreras y desencanto, y su más reciente (y según ha comentado, último) filme, The Other Side of Hope, no es la excepción.

El complemento entre los personajes de Khaled Ali y Waldemar Wikström generan una relación tan sentida como hilarante.

Retomando la migración como eje central luego de la genial Le Havre (2011), Kaurismäki retrata esta vez su natal Helsinki desde la excéntrica relación entre un emprendedor poco exitoso (Sakari Kuosmanen) y un refugiado sirio (Sherwan Haji). Las vivencias de ambos exponen aspectos de la sociedad tan absurdos en su crudeza, como la xenofobia y la burocracia, que se vuelven inevitablemente hilarantes en el mundo de diálogos fríos y miradas serias del autor finlandés.

Aquí la forma se hilvana a la perfección con lo que se está proponiendo. Los colores saturados y las texturas de la fotografía en celuloide le dan una cualidad atemporal al universo dentro del que los protagonistas emprenden sus viajes hacia hacer un restaurante exitoso y reunirse con un familiar perdido, respectivamente, mientras que los planos estáticos y las actuaciones inexpresivas enfatizan la displicencia con la que se afronta el diario vivir para estos personajes.

Si para The Square el accionar individual es esencialmente egoísta por su naturaleza humana y la verdadera incidencia solo se puede dar desde el ataque a lo estructural, The Other Side Of Hope plantea que las estructuras son apáticas e indiferentes y que la única forma de lograr ayuda son con los pequeños actos individuales, más allá de que a la postre puedan verse como intrascendentes. Más que estar de acuerdo con una u otra, o que una propuesta se pueda considerar mejor lograda que su contraparte, el hecho de que estos dos filmes estuvieran en cartelera es una oportunidad para celebrar visiones idiosincrásicas que exploran temas incómodos de forma accesible e hilarante y que ojalá den para un buen diálogo al salir de la sala.

 

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