Three Billboards Outside Ebbing, Missouri: Entre la moral gris y la comedia negra.

Una mujer se encuentra detenida en la comisaría policial de un pequeño pueblo del medio oeste estadounidense. Su posición es confrontativa, y con humor punzante ridiculiza la labor de los oficiales presentes. De manera abrupta el jefe de policía tose y la cara de la mujer queda manchada de sangre, en vez de reaccionar con aversión, su instinto maternal se apodera de su ser y se denota por primera vez la fragilidad detrás de su tosco exterior. Esta es Mildred Hayes (Frances Mcdormand), protagonista de Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, y esta escena sirve tanto como síntesis de su personaje como del tono y la  temática del aclamado (y divisivo) tercer filme del director anglo-irlandés Martin McDonagh (In Bruges, Seven Psychopaths).

En ella se exponen tres elementos recurrentes que forjan el cine de McDonagh y que son esenciales en Three Billboards: la violencia, la melancolía y lo políticamente incorrecto. Si bien hay momentos un tanto excesivos y bastante gráficos, sin duda este es el largometraje del director donde  la  violencia se explora de manera más mesurada, mostrando un interés mayor en la repercusión de esta y su incidencia psicológica, que en la explotación de sus trabajos anteriores.

Como indican los anuncios a los que hace referencia el título de la película, la hija de Hayes fue violada mientras moría, y mientras avanza la trama, queda en claro que su vendetta  personal contra la supuesta negligencia de la policía es más una forma de direccionar el ferviente dolor que siente, que algún tipo de gran causa o declaración política. Es en torno a esta idea que Three Billboards tiene sus momentos más interesantes a nivel temático, y donde la destacada actuación de Mcdormand termina de enganchar. Su accionar es meramente egoísta y eventualmente la narrativa empieza a cuestionar la posición de la protagonista mediante decisiones cada vez más extremas y erráticas. No hay realmente un centro moral en el filme, solo un área grisácea por la que deambulan los personajes.

Si la trama no lo hiciera lo suficientemente explícito, esto termina de quedar claro con el hilarante humor negro y los comentarios corrosivos de los habitantes del pueblo en Missouri, particularmente el torpe oficial Dixon (Sam Rockwell). El arco dramático de este personaje ha sido el principal punto de discordia a la hora de discutir el filme, ya que McDonagh no teme darle un lado humano a un personaje cuya caracterización se define principalmente por su racismo. La actuación de Rockwell es ostentosa  y carismatica, y la narrativa nunca le da una redención clara, por lo queda a cada espectador definir según sus lineamientos éticos si aceptar o rechazar lo que propone el director. Donde sí hay claridad es en el hecho de que el guión del también  dramaturgo teatral tiene sus desajustes estructurales y  momentos desmañados.

Las actuaciones destacan, pero en momentos caen en la caricatura

A las actuaciones antes mencionadas hay que agregarles la usual gran labor de Woody Harrelson como el jefe de policía Willoughby al que acusan los letreros, quien muestra un híbrido encantador entre desapego irónico y calidez humana. Lo que sucede es que si bien las interpretaciones son vívidas, las caracterizaciones no cuentan con una profundidad que trascienda lo unidimensional. Es cierto que hay puntos de quiebre que le dan vuelta a los personajes, pero es aquí donde se denotan ciertas tendencias teatrales de McDonagh que en este caso se expresan de manera brusca, como lo es el excesivo presagio, la simbología sobre-enfática y el monólogo forzoso, a lo que hay que añadir un inexplicable uso aislado del flashback.

Estos son baches en una narrativa desarticulada que en general engancha más por el sentir que la guia que por la intriga o los incidentes de la trama. De hecho, en un momento se hace una sutil alusión a Don’t Look Now (1976), clásico del horror psicológico dirigido por Nicholas Roeg. Dentro de Three Billboards esto se trata de poco más que un chiste sobre la obsesión de un personaje terciario con Donald Sutherland, pero existe un diálogo importante entre el eje temático de ambos filmes, donde una persona es carcomida por la tragedia de perder a un hijo al punto de llegar a una búsqueda obsesiva que muy adentro se sabe que es futil. Nada les va a devolver a esa persona que aman, y aún llegando a esa realización, el dolor probablemente nunca se termine de difuminar. En esta caso, las formas de exponerlo no podrían ser más distintas, pero no deja de ser una idea envolvente y devastadora.

Este sentir de desolación es exaltado con la buena musicalización del gran Carter Burwell (Carol, Fargo), cuyos caracteristicos arreglos orquestales son complementados con texturas de percusión y guitarra que remiten al western, dandole así un contexto geográfico a la melancolía. Lo mismo puede decirse de las selecciones musicales, donde destaca la utilización de “Walk Away Renee” de The Four Tops, canción que se hilvana perfectamente con el tono tragicómico del filme y cuya letra en esencia relata la travesía emocional de Hayes.

Sin lugar a duda la banda sonora es el aspecto formal más interesante de la película, ya que en cuanto a lo visual la fotografía y el montaje cumplen con un rol esencialmente funcional, con la salvedad de en un memorable plano secuencia.

Más de 20 años luego de Fargo (1996), Frances McDormand encuentra en Mildred Hayes la antítesis perfecta a aquel rol icónico. Quizás esta vez el filme que la acompaña no sea de tal calibre, pero la efervescencia y el sentir de hartazgo de su personaje hacen que más allá de sus falencias, Three Billboards Outside Ebbing, Missouri cale a la perfección en el contexto actual.

 

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