Three Billboards: La resistencia en tiempos de Trump

Mariana Alpízar

Hablemos de una película que trasciende las cuatro paredes de un cine y que incluso se convierte en una expresión del nihilismo que caracteriza a la sociedad actual, en la que los finales felices ya no son un beso entre la pareja heterosexual que ha luchado por su amor, sino la quema de una estación de policía incompetente y el posible asesinato de un violador que se jacta de sus acciones. Cambiamos de la comedia romántica con Jennifer Aniston, a la comedia negra con Frances McDormand, mujer de rasgos fuertes, sin maquillaje y con un sarcasmo lleno de fuerza que doblega los chistes misóginos y racistas de Dixon, un “villano” ridículo que aún vive con su madre.

Este filme dirigido por Martin McDonagh, ganador de los Golden Globes, nos trae una propuesta novedosa y es que se acerca a la realidad de las periferias, en la que existe una separación de la sociedad de acuerdo a divisiones fantasiosas y absurdas: racismo, misoginia, adultocentrismo, violaciones, violencia, victimización de los hombres, suicidio, entre otros “males sociales” que son parte de nuestra cotidianidad. Pero además nos dice que existen formas de resistencia posibles, alianzas que anteriormente eran difíciles de pensar, es decir, colectivización de los dolores que al final, todxs lxs que somos parte de esas marginales tenemos, aún siendo hombres blancos que viven con su madre.

Esta película no es una coincidencia y tampoco lo es que su antítesis sea La forma del agua (Guillermo del Toro, 2017), con quien debe luchar por el Oscar en la próxima gala. Tampoco es coincidencia que la actriz principal, Frances, haya hablado de lo político en su discurso ganador de los Golden Globes diciendo “no suelo hablar de mis posiciones políticas, pero en este caso lo voy a hacer porque me honra ser parte de un movimiento”. Justamente, Times Up busca visibilizar aquello que era acallado en Hollywood: pedofilia, acoso sexual, violaciones para poder ascender, endogamia, incesto y, fundamentalmente, dinero sucio detrás de todas estas prácticas. De allí que las mujeres se hayan organizado pidiendo no solo salarios justos, protagonismo, direcciones en las películas, financiamiento sin sobornos a su cuerpo, y un cese total a las violaciones de niñas, niños y mujeres.

En una de las escenas, la protagonista habla con un sacerdote y de forma directa e incisiva le dice “la Iglesia es parte de una mafia, mientras usted se fuma un cigarro en el segundo piso, violan a un monaguillo en el primero, usted es culpable”. Es decir, existe una institucionalidad creada alrededor del delito que legitima ciertos actos, de acuerdo al cuerpo al que se dirigen.

Ahora, no todo en el filme es su protagonista, existen también “villanos”. El más sobresaliente es Dixon, quien, en algunos momentos cae en exageraciones en su interpretación, con lo cual se hace “demasiado detestable” para ser real. Es decir, en algunos momentos se ridiculiza exageradamente, con lo cual vemos algunos excesos para mostrar un punto que ya había quedado claro. Por su parte, ante el suicidio del jefe policial, otra escena que sale sobrando es la de las hijas “pescando peluches”, que no termina de encajar en el resto del filme. Es por ello que el protagonismo de Frances se hace tan poderoso y es un sostén para el resto de personajes que están un poco flojos.

A pesar de lo anterior no solo vale la pena ver Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, sino que además es fundamental discutirla, compartirla, apoyarla y crear movimientos a través de ella. Al final este es el lugar del arte popular en la sociedad, no limitarse al retrato aburrido del espacio y el tiempo, sino proponer, y trascender. No podemos hacer menos en tiempos en los que Trump, Fabricio Alvarado y Juan Diego Castro son referentes nacionales en la política estatal.

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