FICUNAM 2018. Críticas. Season Of The Devil | A Fabrica De Nada

Día 4 del FICUNAM, autores subversivos experimentando con musicales y la confrontación política. Aquí las críticas

Season Of The Devil (Lav Diaz, Filipinas, 2018)

En su conferencia magistral en el marco del FICUNAM, Lav Diaz expresó que en su vida el cine ocupa el lugar de dios. Para él, la fe es la idea de aferrarse a aquello que sostenga la existencia. Se trata de un plano espiritual que alude a la estética más alta, pero así como en la tradición católica el diablo representa una contraposición dialéctica a dios, la obra de Diaz se gestiona como la respuesta a una concepción específica del mal, la cual se explora en su faceta más explícita y confrontativa en La Temporada del Diablo.

El filme mantiene la estructura novelística (particularmente su afinidad a los grandes clásicos de la literatura rusa) y la construcción estética directa que caracteriza a la obra de Diaz. Sus planos son estáticos y las tomas se prolongan por minutos, sumergiendo tanto al espectador como a los personajes en su concepción de espacio, el cual se explora desde la amplia profundidad de campo y un uso expresionista de la luz que exalta los matices marcados del blanco y negro. Aparte de ser una decisión estilística que responde a cómo Diaz percibe el medio (“para mi el cine siempre ha sido en blanco y negro”, mencionó en su conferencia magistral), este elemento también devela el tratamiento de La Temporada del Diablo.

Así como la paleta monocromática se compone del contraste entre luz y oscuridad, lo mismo sucede con los personajes que guían la narrativa del largometraje. El mismo director admite apropiar arquetipos del “bien” y el “mal” con el fin de ser lo más explícito posible en su confrontación al autoritarismo, en este caso representado por los oficiales del dictador Marcos durante la Ley Marcial en Filipinas a finales de la década de los 70. Es en esta caracterización donde el aspecto musical de la película toma fuerza conceptual. El uso de la repetición de coros y estrofas por parte de la fuerza militar sirve como alegoría para explicar la naturaleza del fascismo, donde se bombardea con un discurso que es reiterado hasta su normalización. Por otra parte, el poeta que protagoniza la historia ve en la belleza de la melodía y la lírica la única escapatoria a una realidad donde el dolor y la crueldad son la norma.

En las cuatro horas de duración de La Temporada del Diablo, Lav Diaz ha orquestado una devastadora marcha fúnebre que dialoga y señala sin pudor la historia de su país, exaltando el valor de la verdad en un contexto de desolación. El panorama puede ser ominoso, pero mientras el cine pueda seguir haciendo sentir de esta manera, algo de esperanza permanecerá.

A Fábrica de Nada  (Pedro Pinho, Portugal, 2017)

En una de las secuencias iniciales de La Fabrica de Nada, un poster de la banda punk Death sirve como referencia para el encuadre del cuarto del personaje protagónico. En sintonía con la música frenética de la pionera agrupación de hermanos de Detroit, el cine de Pedro Pinho parte del mismo espíritu de inconformidad y confrontación.

La narrativa de este largometraje sigue a un grupo de obreros en medio de la restructuración administrativa de una fábrica de elevadores. Por la mayor parte de su primer hora, el tratamiento es observacional, sumergiendo en la displicencia de un grupo de hombres y mujeres que se encuentran en la situación buñuelesca de ser citados a su jornada usual pero no tener prohibido ejercer su labor. Mediante avanza el filme, la recurrencia de inserciones académicas discutiendo el socialismo se acrecienta, concluyendo en una segunda hora excesivamente didáctica.

Así como la fuerza de los trabajadores ocupando y auto-gestionando la fábrica por sus propios medios, La Fabrica de Nada funciona mejor cuando se enfoca en el colectivo, deleitando con una delirante tercera hora donde la meta-ficción, la frustración intelectual y hasta números musicales colindan en una imaginativa reflexión de clase.

Con este filme estrenado en La Quinzena de Los Realizadores del Festival de Cannes, Pedro Pinho se posiciona como una de las voces emergentes más punzantes del cine arte contemporáneo. Habrá que seguirle la pista a sus confrontaciones venideras en un mundo de creciente conservadurismo. 

 

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