FICUNAM 2018. Día 1. Críticas: La Telenovela Errante

La Telenovela Errante (Raúl Ruiz y Valeria Sarmiento, Chile, 2017)

 

La octava edición del FICUNAM dio inicio oficialmente con una ceremonia de inauguración en la la sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario. En los discursos de apertura de los distintos organizadores hubo una clara tendencia a exaltar lo que la actual directora del festival, Eva Sangiorgi, llama “la esencia del FICUNAM”, la que se construye desde un compromiso serio con el cine de vanguardia; aquel que expande las barreras de las tradiciones formales y estéticas y busca desde la innovación y la experimentación exponer distintas realidades. Tomando palabras de la clase magistral de Lucrecia Martel, el cartel del FICUNAM se compone de aquellas películas que no tienen miedo del riesgo y buscan salir de “los lugares comunes” con visiones críticas, y como tal, que el filme de apertura fuera La Telenovela Errante (2017) de Raúl Ruiz y Valeria Sarmiento se torna sumamente congruente.

Luego de la muerte del icónico autor chileno en 2011, se inició un proceso para recuperar este largometraje grabado en 1990 durante apenas 7 días y un bajísimo presupuesto. Usualmente este tipo de restauraciones póstumas son recibidas con cierto escepticismo, pero lo que Sarmiento, esposa de Ruíz y reconocida directora, y el editor Galut Alarcón logran evita lo superfluo del valor nostálgico y retrata con elocuencia el genio de uno de los directores latinoamericanos más osados de la modernidad.

Sería imposible redactar una sinopsis, ya que fiel a su tradición, este filme de Ruiz cuenta con una narrativa convulsa y una estructura salida de los lineamientos convencionales. Su eje conductor es más bien un concepto, en este caso el de cómo el escapismo popular en medio de un contexto sociopolítico convulso (la transición a la democracia de Chile luego de décadas de la dictadura militar) empieza a difuminar las barreras entre la realidad, la ficción y la meta-ficción. No hay un argumento más allá de las situaciones ridículas que son el punto de partida de cada una de las siete viñetas que componen la película.

Estas son concebidas desde una propuesta que apropia el lenguaje melodramático y saturado de las teleseries y lo lleva a un punto donde la sátira punzante y la subversión formal se vuelven la norma. Evocando por momentos al cine de Buñuel en la reflexión social desde lo surreal y al dramaturgo Samuel Beckett en su experimentación formal del absurdo, Ruiz destaca por la solvencia hilarante con la que caricaturiza las idiosincrasias de la sociedad chilena, particularmente el desencanto de una izquierda insulza y consciente de su rol dentro la narrativa, donde la ruptura constante de la cuarta barrera y la auto-parodia de los personajes recurrentes invitan al espectador a la complicidad. Si bien no todas las viñetas mantienen la misma inspiración, lo que evita que el largometraje sea enteramente cohesivo, la naturaleza confrontativa y el gran valor estético de La Telenovela Errante la hacen un filme que no se amedrenta ante la labor de servir de postulado para un festival con el estándar del FICUNAM.  

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