FICUNAM 2018. Día 2. Críticas: Érase una vez Brasilia | Tesoros | Milla

Segundo día del FICUNAM, primero con una jornada completa de proyecciones tras la exitosa inauguración con el filme La telenovela errante (Raúl Ruiz y Valeria Sarmiento, 2017). Esta segunda jornada comprobó la apuesta por la experimentación de los lenguajes narrativos, pero el resultado fue disparejo. Empecemos por lo más relevante.

 

Érase una vez en Brasilia (Adirley Queirós, Brasil, 2017)

En su segundo largometraje de ficción, Queirós confirma su búsqueda por representar de forma irónica las realidades brasileñas, lo hace, además, a partir de la ciencia ficción como ya lo evidenció en Branco Sai, Preto Fica (2014) y con una puesta en escena austera. Su cine tiene un fuerte componente político y sus personajes no temen cuestionar a la autoridad. En este filme, WA4 es un viajero espacial a quien se le encomendó matar al otrora presidente brasileño Juscelino Kubitschek, pero algo sale mal y llega unos 60 años tarde, justo cuando el senado brasileño destituyó a Dilma Rousseff y Michel Temer asume el cargo. Los discursos políticos son escuchados desde la nave espacial por WA4 y dan un contexto a su misión. En tierra, otros personajes son los que tratarán de resistir: una mujer que siempre se encuentra en un puente y un hombre en sillas de ruedas.

Similar a como hiciera Godard con Alphaville (1965), la ciencia ficción en este filme no es ostentación de grandilocuentes efectos especiales, al contrario, Queirós opta por un decorado y vestuario más cercano al cine de serie B. Lo fantástico proviene del argumento, de la situación en sí misma en la que están inmersos los personajes. Así, la cámara fija es una decisión de estilo para concentrarse en los personajes, a quienes solemos ver en planos cerrados, reforzando una idea de prisión en la que viven. Otros planos los muestran a la distancia, mudos, expectantes, silenciosos observadores de una realidad a la cual no pueden intervenir. Ante la falta de una acción dinámica, la frustración crece, en el espectador y en los personajes, quienes se encuentran en una posición pasiva, en la que solo escuchan/observan las noticias y discursos políticos de un Brasil incoherente, perdido, corrupto. Acá, el espacio público cobra mayor relevancia, un puente peatonal, una calle, un parque con vista a legendarios edificios, diseñados por el famoso arquitecto Oscar Niemeyer, se tratan de lugares reales entre Ceilandia y Brasilia, que junto con los discursos políticos le dan un carácter de urgencia al filme, que sabe capturar el momento actual y lo aprovecha para plantear una lectura con tono post apocalíptico.

Cuando WA4 por fin llega, el director opta por presentar secuencias más humorísticas, pero los resultados no son los mejores, y algunas secuencias se sienten muy largas. Lo mejor es el uso de la música hip-hop como parte de una estética de la resistencia y la protesta, en la que presente y futuro abrazan una misma causa.

Sobre el presente político brasileño se ha escrito mucho y son varios los análisis que se han hecho y seguirán surgiendo más voces, entre ellas, la de Queirós debe ser tomada muy en cuenta, por su autenticidad y originalidad.

Tesoros (María Novarro, México, 2017)

Siete años después de su último largometraje, la directora mexicana regresa con un filme de aventuras, familiar, una propuesta muy agradable que opta, muy atinadamente, a ser narrada desde la perspectiva de los niños, en especial con la voz en off de Jacinta, una de las niñas del filme, que permite que la audiencia más joven pueda identificarse fácilmente con la historia.

La fantasía sin límites es el motor del filme, en el que un grupo de niños sueña con encontrar el tesoro del pirata Francis Drake. Con la inocencia, la perseverancia y la audacia de estos niños, el espectador disfruta de ver cómo los niños van resolviendo las dificultades y planteando la posible resolución al misterio que les intriga. Pero esto es solo el primer plano de la historia, de fondo, la directora muestra sutilmente a una comunidad pesquera en Guerrero, en las playas de Barra de Potosí para ser precisos. Ahí la educación sostenible y la cooperación son una forma de vida que se transmite entre generaciones, promoviendo un mensaje ecologista y un modelo familiar de base comunal.

Destaca la manera en la que Novarro introduce la tecnología a este ambiente paradisíaco: a través de la tableta con la que juega Dylan y en la cual se encuentra la génesis de la aventura que tendrán los niños, que, por cierto, Jacinta, Dylan y Andrea son nietos de la directora. Con tono documental para describir la zona y sus habitantes, la realizadora logra un balance de la historia, que en todo momento resulta atractiva.

Milla (Valérie Massadian, Francia, 2017)

Milla es el típico filme que se espera del FICUNAM, una propuesta exigente con un estilo autoral que no es complaciente con el público. Segundo largometraje de Massadian, desde su ya lejana Nana (2011), pero que mantiene la mirada sobre el universo femenino, en Milla la realizadora plantea una estética del hastío, con la que desmitifica el ideal juvenil de libertad y la posterior maternidad de la protagonista. La película no es una apología al amor libre, ni apela a la superación, con su rigidez formal: la cámara se mueve muy poco, los planos tienen una duración considerable y la acción pasa más dentro de los personajes que afuera, por lo que no se ven muchas secuencias de movimiento.

La ausencia de música en casi todo el metraje acompaña este concepto de austeridad visual, el cual solo se ve invadido en ciertos momentos por filtros lumínicos que pretenden darle un estilo más fresco al filme, pero resultan clichés. La primera parte está dominada por la relación entre la joven Milla y su novio Leo, ambos son jóvenes errantes que roban comida, irrumpen en casas para dormir, pero que lejos del idealismo del amor juvenil, se nota un distanciamiento entre ellos, las risas de Milla son tristes, pronto ciertos reclamos y conflictos en el espacio de convivencia demuestran que la vida no es perfecta. La directa no da ninguna clave de la procedencia de ambos, su pasado es una nebulosa que queda a la imaginación del espectador, quien tendrá la decisión de juzgar o no moralmente las decisiones de los protagonistas, mientras, la directora mantiene la cámara a distancia, evitando juzgar, solo muestra.

Pronto la obvia necesidad de subsistir hace que Leo consiga trabajo en un barco pesquero y así de rápido desaparece del filme, de todos modos el título del mismo solo lleva el nombre de ella. A partir de la sustracción de Leo de la historia, Massadian parece seguir las líneas que décadas atrás propuso Chantal Akerman con Jeanne Dielman (1975), la otrora ama de casa, ahora es una adolescente embarazada, pero lo habitacional y las convenciones sociales siguen siendo una prisión. Para crear en el espectador esta sensación, la directora opta por un montaje menos intrusivo, las tomas empiezan a tener una mayor duración y el innatismo de la protagonista tiene eco en el nulo movimiento de cámara. La ausencia de diálogo también distancia a Milla del espectador, quien solo podrá asumir qué piensa esa chica. Salvo una escena con música (Add it up de Violent Femmes) en la que Milla deja entrever su emocionalidad, el filme retrata un hastío, el fin de la inocencia, el fin del juego, el fin de la juventud. Con elipsis, Massadian avanza en el tiempo hasta el momento en que el niño nace y luego cuando este está más grande. Los cambio en Milla son menos perceptibles que el cambio físico del hijo, ya no irrumpe en casas vacías, ahora vive de la asistencia social y de trabajos precarios, Leo reaparece en una escena, pero su figura es casi fantasmal, no interrumpe el nuevo momento de Milla.

Al final, ¿qué conocemos de Milla? Ella es tan anónima como las cifras que indican el porcentaje de embarazo juvenil o el desempleo, etc. Y acá radica la virtud del filme, más allá de si al público le agrada la propuesta estética, que en todo caso no está para agradar sino para incomodar; ¿cuántas Millas existen? ¿La estabilidad de la mujer es tener un hijo, casa, trabajo? No se trata de que el filme es conservador, sino de que muestra la realidad de muchas mujeres.

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