Como un ángel: burdo adoctrinamiento ideológico

El cine costarricense evidencia una disparidad absoluta entre ciertas producciones, por un lado, hay proyectos que se gestan tras largo tiempo de preparación, en el que se suman diversos profesionales, muchos de estos, con una intención de hacer un cine alejado del modelo tradicional hegemónico, más acorde con tendencias internacionales que poco llegan al país. Por otro, surgen películas que se producen más rápido y que apelan a ciertos temas de la sociedad costarricense para atraer al público: fútbol, comedia, religión, entre los más constantes. Sin embargo, entre estas últimas también se aprecia una distancia en cuanto a valores de producción. En la mayoría de los casos hay gente comprometida, que trabaja y cree en su proyecto, pero los resultados no siempre son acertados. Tanto los distribuidores como las salas de exhibición y los propios realizadores deberían ser más conscientes de lo que puede llegar a cine y lo que no, de aquello que en verdad es un filme o si es un ejercicio mal ejecutado, un vídeo sin valores artísticos. Luego, el público asistirá o no a ver las películas y determinará su agrado de las mismas.

 

Esto nos lleva a un nuevo estreno: Como un ángel, del periodista y escritor, ahora convertido en director, Gabbo Martínez. En lo que ya es una necedad de las producciones nacionales, que buscan apelar con ser “el primero en”, el filme se presenta como la primera adaptación de una novela 100% costarricense, obra homónima del propio director.

 

El argumento es sencillo, una joven es atacada y violada por un hombre, unos meses después sin haber superado el trauma, es cortejada por un par de compañeros de la universidad, con uno intentará tener una relación estable. Paralelamente y con mucho descuido, se muestran historias anexas que van desde el embarazo no deseado hasta el bullying.

 

El principal problema del filme está en su guion, no existe una fluidez narrativa, sino que cada escena tiene como objetivo dar un mensaje moralizador, aleccionar al espectador con enseñanzas y moralejas, por lo tanto, los actores nunca son capaces de interactuar entre sí, de convencer, cada uno recita -la mayoría grita- su diálogo, ninguno de los actores es profesional, por lo que la mala dirección actoral se hace evidente. El torpe montaje tampoco colabora, ya sea por los cortes bruscos y cambio de escena, por la mutilación de las secuencias con variaciones antojadizas de los ángulos del plano, o por la insistencia en tomas aéreas con dron que no aportan nada al argumento y se sienten como un ejercicio infantil.

 

El manejo de cámaras también es deficiente, con varias tomas desenfocadas y una iluminación amateur. Igual sucede con la música, su insistencia resulta estridente, innecesaria, no aporta, sino que estorba por su falta de amalgama con la imagen. La música llega incluso a trasladarse de una escena a otra, sin que el cambio de locación amerite ese recurso, y deja de sonar arbitrariamente.

 

Los fallos formales se repiten en el resto de apartados, maquillaje y vestuario risibles, que, junto al mal diseño de personajes hacen de estos una caricatura. Luego están recursos técnicos como los flashbacks que tienen una factura deficiente, se prolongan más de lo necesario y son explicativos precisamente por lo mal estructurada que está la historia, en términos de guion y de orden narrativo.

 

Sin embargo, lo más alarmante es que Como un ángel sigue una tendencia adoctrinadora, la ideología del realizador es restregada en cada secuencia, en cada diálogo. Toda película como producto humano, tiene una ideología, pero si esta se impone sobre la estética y se convierte en el discurso es peligroso, porque no muestra una historia, sino que es un mecanismo de adoctrinamiento.

 

La película no cuenta absolutamente nada, aglutina escenas mientras enumera una serie de moralejas conservadoras, de carácter católico, cuyo mayor irrespeto hacia el público son los minutos finales, en los que la película deja de importar y uno a uno pasan una serie de personas (actores, productores, etc.) a dar datos estadísticos sobre la violencia contra la mujer y demás temas sociales, y que terminan con el director hablando de la biblia y de su dios. Esto no es cine, es propaganda. ¿Los temas son de importancia? Sí, pero es una ofensa como son presentados al público (la mitad de las 16 personas que estaban en la función salieron de la sala en este momento). Esos minutos son como un vídeo institucional y pueden ser compartidos en redes sociales como capsulas informativas, pero esto no se puede llamar cine, atenta contra todo lo que el cine representa, como arte, como medio de comunicación o como entretenimiento.

 

Este tipo de vídeos, tan pobremente desarrollados, afectan a quienes quieren realizar cine en el país, tanto a los que filman inquietudes personales, como a los que solo quieren hacer una historia para que el público la disfrute y generar dinero. Una posible industria cinematográfica nacional tendrá obras de los dos estilos, pero lo que preocupa es que existan productos mediocres que lleguen a salas comerciales, con una alarmante falta de conceptos cinematográficos. Eso es lo que debería importar.

 

Como un ángel. AFCHS Productions, Mastmo Producciones, BC Pro. Dirección y guion: Gabriel Martínez. Productor: Andrés Francisco Chávez. Edición: En la mira. Fotografía: Ronny Yax Elenco: Marianne Ureña, Alberto Lara. Costa Rica. 70 min.

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