Festival de Cine Europeo 2018. El insulto.

Como es habitual julio se viste de los colores de la Unión Europea en el Cine Magaly para celebrar el Festival de Cine Europeo, este año la XVIII edición coincide con los 40 años de la sala de cine.

 

En total se presentarán 18 filmes, aunque, como también es habitual, algunas decisiones de los organizadores resultan confusas: una película libanesa la presentan como belga; otra tunecina como sueca; una israelita como alemana y un filme ruso de uno de los más importantes directores de ese país aparece con bandera belga. Suiza tiene una participación como país invitado. Y solo queda esperar a futuras ediciones cuando Gran Bretaña ya no pertenezca a la Unión Europea, por si también será un país invitado o sus producciones tendrán arbitrariamente alguna otra bandera. En todo caso, las embajadas en el país parecen no importarles estos detalles y mucho menos al Cine Magaly.

 

La inauguración será con el filme libanés El insulto (Ziad Doueiri, 2017) nominada a mejor película de habla no inglesa en los últimos Óscar y ganadora de la Copa Volpi a mejor actor en el pasado Festival de Venecia.

 

El cuarto filme de Doueri vuelve sobre su temática preferida: predicamentos morales con el telón de fondo de los conflictos bélicos que han marcado las vidas de los habitantes del Líbano y países vecinos. El tono del filme queda claro en los primeros minutos, cuando se nos muestra por varios minutos un mitin del partido cristiano, para luego mostrar a unos trabajadores palestinos que realizan reparaciones en una zona residencial.

 

El detonante del filme es el insulto, uno de varios a los que hace alusión el título, que recibe Tony Hanna, miembro del partido cristiano, por parte de Yasser Abdallah, ingeniero quien tiene a cargo el contrato de construcción y cuyo origen palestino causa el enojo de Hanna. Más allá de las razones por las cuales se produce el problema entre ambos, el filme lo que evidencia es la inequidad legal que existe entre las diferentes personas que viven en un mismo país. Para ellos, así como al resto de militancias políticas y religiosas, existe una zona gris que no mide de igual manera los actos y ni el sistema judicial tiene una postura clara.

 

Por otro lado, el filme permite evidenciar los problemas de una sociedad machista en el que el ego de los hombres deviene en una violencia que escala a niveles desproporcionados, aquí se le pasa la mano al director y su metáfora se torna algo cómica, no por los hechos en sí, sino en cómo lo filma.

 

Doueiri emigró a Estados Unidos debido a la Guerra Civil del Líbano, allí inició sus estudios y llegó incluso a trabajar en varios filmes de Tarantino como asistente de cámara. Esa experiencia la lleva a su cine que tiene más cercanías con el hecho en Hollywood que con el realizado en estos países, de ahí que no resulte extraña su nominación al Óscar. Su formación se nota principalmente en las escenas del juzgado, las cuales parecen sacadas de cualquier serie de televisión estadounidense sobre abogados, criminales y juicios. Así, lo que inicialmente comienza como un conflicto en la calle, pasa a ser un litigio y más adelante en el filme, se convierte en un show televisivo que mueve a las multitudes y exaspera los ánimos. En esta escalada hay una risible participación del presidente del Líbano que pretende solucionar el problema.

 

Debido a la concatenación de los sucesos y cómo los va uniendo el director, El insulto parece contar varias películas en una, y eso afecta la coherencia y el efecto dramático, se abusa de provocar un efecto lastimero en el espectador mientras se da vuelta al mismo conflicto sin que se avance en el argumento, lo único que cambia es la magnitud con la que se percibe. El tono del filme es educativo, el director quiere explicar quién es quién y el porqué de las enemistades, pero lo hace como siguiendo una receta.

 

A pesar de sus momentos manipuladores, el filme tiene una intensidad que atrapa, merced a un trabajo de edición de estilo hollywoodense y al que el público, en su mayoría, está acostumbrado. El otro punto por elogiar es el elenco, en su totalidad realiza un trabajo muy sólido, convincente, son el rostro de una realidad de miles de personas, víctimas de numerosas guerras, desprotegidos, con rencor y que desconfían de aquel que tenga un color de piel distinto o una religión diferente.

 

Lo que le hace falta a El insulto es trascender más allá de la denuncia, de mostrar el caos en que viven tras dos décadas de acabada la Guerra Civil. Es cine humanista que facilita el observar con (peligrosa) compasión desde la distancia, incluso hasta con cierto morbo; a la vez que incomoda en su país de origen (el gobierno pidió que antes de las funciones se indicara que los hechos del filme no reflejan las políticas actuales), sin embargo, no está a la altura de los filmes del palestino Hany Abu-Assad o el israelita Eran Riklis.

 

Fechas de exhibición*:

Jueves 19 de julio, 8:30 pm

Sábado 28 de julio, 1 pm

Martes 31 de julio, 6:25 pm

* La distribuidora Romaly compró los derechos de distribución del filme a la compañía colombiana Cineplex, por lo que el filme se seguirá presentando después del festival.

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