Arabia: la historia de todos

Por Armando Quesada Webb

 

Un niño enfermo le dice a su hermano que hay más razones para creer en el diablo que en Dios, porque en el mundo solo hay muerte y no hay milagros. Un pensamiento amargo que está presente durante toda la película, pero en el cual Arabia (Affonso Uchoa y João Dumans, 2016) logra encontrar belleza.

 

El argumento gira alrededor de André (al menos en el inicio), un adolescente que deambula por su monótona y solitaria vida en un pueblo industrial de Brasil, pero un accidente y el encuentro con un diario le abrirá las puertas al joven, quien pasa a convertirse en el espectador de una narración que llegará a contar verdades de la naturaleza humana.

 

“Todos tienen una historia”, dicen las líneas que André lee, pero todas esas historias están llenas de tan solo breves momentos de felicidad, intercalados en un mundo desolado, en el que la miseria pareciera ser la única constante. El filme, sin embargo, en estos pequeños momentos logra crear auténticas sensaciones de melancolía, ternura y fraternidad que capturan brevemente al narrador y al espectador, aunque eventualmente haya que dejar todo eso atrás y seguir el camino.

 

El cuaderno es el elemento que saca a André del aislado y rutinario ambiente de su vida, y le presenta un mundo exterior, que está lleno de personas únicas, pero que comparten los mismos problemas esenciales. Al mismo tiempo, esas páginas lo llevan a conocer profundamente el mundo interior de un hombre que antes le resultaba irrelevante.

 

Cristiano, autor del diario, cuenta sus viajes, en los cuales se encuentra amistades, amores, trabajos y hasta tragedias personales. Todo esto en una narración aparentemente sencilla (el mismo Cristiano dice no saber escribir muy bien), pero que logra capturar la vida entera y las reflexiones de un hombre que tiene mucho que decir, aunque no lo aparente.

 

Los viajes y encuentros de Cristiano, sirven también como excusa para presentar una mirada al “otro Brasil”, aquel que no se ve usualmente en la televisión y la publicidad, y se realiza un comentario político sobre la desigualdad y los sectores olvidados de la sociedad, pero se hace con buen tacto, sin recurrir a la lástima y a las obviedades.

 

En Arabia se llega a conocer a un país a través de cada pequeña vida que lo habita, y se elabora un mosaico del Brasil rural lleno de riqueza y con un amor por las personas presente en cada escena. Esto no significa que haya una idealización, sino un retrato sincero aunque sentimental.

 

Los directores, Affonso Uchoa y João Dumans, dotan al relato una naturalidad poco común.  Esto responde en gran parte al excelente trabajo actoral, donde cada personaje que interviene en la vida de Cristiano realmente da la sensación de ser alguien tan real como el protagonista.

 

Desde su magnífico plano secuencia inicial, Arabia conquista al espectador infundiendo una profunda y recurrente nostalgia. De la mano de Cristiano, el espectador salta de escenario en escenario, siendo atrapado por su encanto, pero que no mucho después pierden su magia para el protagonista y deben ser abandonados. En algunos momentos la vida para Cristiano parece tener un significado, pero siempre resulta siendo una ilusión momentánea que se debe dejar atrás.

 

Cuando las páginas del diario se acaban, el protagonista parece haber llegado a la misma conclusión que el hermano pequeño de André, simplemente le tomó más tiempo darse cuenta. Esa misma conclusión a la cual pareciera que toda persona se tendrá que enfrentar algún día: la soledad como algo inherente en el ser humano. Un aspecto inevitable de la vida sin importar qué tantos caminos se tomen y personas se conozcan. Aunque por momentos se alcance una supuesta felicidad, esta nunca será permanente, sino solo una distracción para volver la mirada hacia el otro lado y no enfrentar la realidad.

 

Todos tienen una historia, cuenta el diario, y estas son todas muy diferentes, pero puede que haya un mismo punto de llegada tarde o temprano. Por eso, lo único que Cristiano le quiere decir al final a todos quienes le rodean es: “Vámonos todos a casa”.

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