Las herederas: Rompiendo vínculos

Primer largometraje de Marcelo Martinessi, antes de esta obra tiene tres cortos de ficción, un corto documental, y un mediometraje también documental, triunfando en Venecia por uno de estos trabajos. Lo que destaca en buena parte de estos filmes es el tener personajes femeninos como eje central del relato, personajes que comparten también la marginación como una de sus parias.

 

Las herederas conlleva esto también, aunque claro los personajes son completamente distintos, en esta película las protagonistas son Chela (Ana Brun) y Chiquita (Margarita Irun), dos mujeres de la alta sociedad paraguaya que rondan los sesenta años, son pareja aunque la relación pareciera estar en su ocaso, también lo ocultan, víctimas de su sociedad. Ambas deben su fortuna a dinero heredado de sus familias -el cual ya se está agotando-, lo que las obliga a cambiar su forma de vida.

Martinessi con el Premio Especial del Jurado (Alfred Bauer) y Brun con su Oso de plata a Mejor actuación femenina en Berlín, parte de la veintena de galardones otorgados al filme.

La trama se sucede con una gran variedad de golpes bajos para estas mujeres, sin embargo, el tono del filme por dramático que parezca, es en realidad más una tragicomedia. Chiquita sufre una bajeza, pero a la que más le cuesta asimilar las cosas es sin duda a Chela, gran actuación de Ana Brun, aunque ciertamente el elenco -en su totalidad de mujeres- es magnífico.

 

Brun se deja la piel en el personaje de Chela, atención a su mirada, tímida, inquieta, desgastada, perdida. Atención al papel que juega la mansión que comparte con su pareja -un personaje más-, el desprendimiento material es doloroso, y ella lo va observando a escondidas, es desprenderse también del pasado familiar, de eso que la ata, Martinessi utiliza la cámara subjetiva para mostrar esto.

 

La cuestión para Chela dicta que, por circunstancias muy bien manejadas dentro de la trama, comienza a relacionarse con mujeres incluso un poco mayores que ella, pero de una posición económica estable, por tanto, este involucramiento trae una dicotomía, por un lado el peso que tienen estas mujeres como un rostro de lo que ella está perdiendo, y por otro, que esta actividad se convierte en un respiro para su persona, algo que la comienza a liberar.

 

Por cierto, son estas mujeres las que le dan un tinte cómico al filme, porque son los típicos personajes que escudriñan en la vida del otro, que hablan mal hasta de su propia sombra, pero que de frente se muestran impolutas. Esta también es una crítica que se puede enmarcar dentro de la película, como la sociedad pareciera consumirse sobre ella misma.

 

Este cambio que afrontan las protagonistas es el eje central del relato, como deben romper el estar estáticas, víctimas de sus circunstancias, el golpe económico afecta su universo personal y social. La fragilidad de este encierro vivenciado cuando el dinero se acaba las hace temblar, al no conocer la libertad que puede haber más allá de esto, herencia contraída en época de dictadura, aunque esto no se detalla implícitamente es claro que es así.

 

Es un paralelismo interesante el que hace Martinessi, la libertad se adquiere cuando se rompe ese vínculo con un pasado tan incómodo, y qué mejor forma que representar en pantalla esto con lo que hace Chela en el cierre del filme, un momento de desahogo y de rompimiento con este pasado opulento pero cegador. Un trabajo intimista muy bien logrado.

 

 

 

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