The House That Jack Built: Crónica de un psicópata, o excusa de von Trier para justificar su arte

Jack es el protagonista de la película, donde Matt Dillon consigue una de las actuaciones más sobresalientes de la temporada -y que muy probablemente quede en el olvido de las premiaciones-. Con un personaje tan cínico como enfermizo, un rostro carente de emociones que expresa satisfacción al realizar sus crímenes, esta carencia se derrumba en el momento en que ante Dillon se revelan los Campos Elíseos, clímax que lo hace sentir.

 

Como es costumbre del realizador danés, la estructura del filme es capitular, cinco en total más un epílogo, cada uno de estos se refieren como “incidentes”, por momentos los diálogos provienen de esas acciones mientras que en otras, son narrados por el protagonista a lo largo del metraje en un dialogo con un personaje llamado Verge (Bruno Ganz). Estos segmentos sirven como una guía del pensamiento de Jack y su actuar, mientras vemos algunos de sus inmisericordes crímenes que son presentados sin piedad alguna.

 

Lars von Trier se ha labrado una carrera no exenta de polémica, más bien por el contrario se podría decir que eso es lo que lo mantiene con vida, aún lleno de todas esas diatribas contra su cine y su persona, sin duda su nombre está entre los más destacados de su generación. Su cine lleno de ideas, tan sugestivo como provocador, ha llegado a un momento donde no le da miedo mostrar lo que no es correcto, hace cine para él y nada más.

 

La crónica que realiza el director, de la mano del personaje de Jack, es una excusa para mostrar lo que siempre ha expresado en su oficio. Esto se refleja en el paralelismo que hace Jack con los asesinatos y el arte (violencia y filmes en von Trier). Inevitablemente en algún momento iba a hacer mención sobre lo que se dice de sus películas, y lo hace de forma sublime, dando un rápido vistazo de sus trabajos detrás de cámara, en uno de los mejores momentos del largometraje.

 

Y es que en ese sentido se podría pensar que The House That Jack Built cierra un círculo en la carrera cinematográfica de Lars von Trier, sus ideales artísticos son representados y excusados, haciéndolo fiel a su estilo, de frente, polémico, señalizando para también ser señalizado, volviendo a Cannes de donde fue declara no grato tiempo atrá, esta es la película que encierra toda su obra.

A destacar en todo ese repaso criminal que hace Jack, cuando en cierto momento sobre íconos que se han creado a lo largo de la historia, que para él resultan ser verdaderos artistas, mientras en pantalla se suceden imágenes de dictadores y genocidios, lo que propone es que la violencia siempre va a estar ahí, y estos íconos no son tales por él, sino porque la humanidad los ha hecho así, y esto ya no es ficción, es la realidad.

Porque en este enfermizo mundo, psicópatas como el interpretado por Dillon, se llegan a convertir en lo que parecieran ser figuras de culto, porque siempre está latente una curiosidad morbosa alrededor de estos personajes, sean ficticios como Hannibal Lecter, o uno real como el “Monstruo de Ecatepec”. Las personas se convierten en números, son un simple dato, interesa más una personalidad que cada uno de esos humanos fallecidos.

 

Porque en la casa que construye Jack, ya no vemos las historias que nos cuenta a lo largo de dos horas de metraje, ahora el impacto radica en ver edificada esa casa que se transforma en una puerta a los infiernos, que por cierto, es más un monumento a las atrocidades del ser humano, pero que es también dentro de la idea de la película, la obra culmen de su realizador.

 

A Lars no le importan sus detractores, sabe que siempre los va a tener, es parte de su encanto aceptarlos y saber que va por un buen camino. Se debe recalcar el punto dicho previamente, Lars hace cine para él y nada más, por tanto, no le importa en absoluto romper el molde de lo “normal”, claro que esto no es de ahora, valga pensar un poco en el origen del afamado Dogma 95, que llegó a irrumpir la cinematografía mundial de forma apabullante.

 

Más allá de que con la excusa de este movimiento se hicieron filmes innombrables por su calidad, lo importante es como este llegó a modificar la forma de hacer películas, trayendo una evolución (o involución según algunos detractores) tras cien años de cine cuando parecía que las formas estaban establecidas. Esto es lo que hace Lars, dar de que hablar, en el caso del Dogma 95 creado, junto a Thomas Vinterberg.

 

Entonces dentro de la carrera de von Trier, The House That Jack Built se enmarca como una película que pareciera ser un compendio de ideas, egocéntrico y excéntrico, busca validar la violencia dentro de sus filmes… con más violencia, pero busca validarlo no porque se lo pidieron, o no porque quiera aclarar las cosas, simplemente porque le dio la gana, es este un manifiesto de su pensar.

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