Roma: El abrazo se diluye

Años setenta, Colonia Roma, Ciudad de México. Cleo (Yalitza Aparicio) trabaja como empleada doméstica de una familia de clase media-alta. Su vida transcurre entre las labores de atender la casa, a sus patrones y a los cuatro hijos de ellos; el tiempo libre lo aprovecha para salir con Adela (Nancy García), su amiga, confidente y compañera de trabajo, con quien aprovecha el tiempo libre para ir a comer y asistir al cine. Esto es cortado cuando Cleo conoce a Fermín (Jorge Guerrero), un joven con el que se involucra sentimentalmente y de quien queda embarazada.

 

Cuarón sigue con el pasar del metraje retratando la cotidianeidad de la protagonista en el hogar, atendiendo las necesidades de los chicos y transmitiendo el nexo sentimental que se da por lo general en este tipo de crianza. Paralelamente, se detalla en el conflicto matrimonial de sus patrones, que es tratado de forma sutil sin robar espacio a la trama central, que evidentemente es el embarazo de Cleo y su intento de que Fermín acepte su paternidad.

 

Para bien o para mal, sí algo ha conseguido Cuarón y Netflix es que se hable largo y tendido sobre Roma durante casi seis meses desde su estreno -y triunfo- en el Festival de Venecia, a finales de agosto del año anterior, a tal punto que incluso es el filme más mencionado en la carrera a los Oscar, y eso es mucho decir si se trata de una obra mexicana, en blanco y negro, y hablada en español, claro, el nombre de Alfonso Cuarón ha ayudado a su exposición, pero todas esas “subtramas” paralelas alrededor de Netflix, su modelo de distribución y las cadenas de cine, también han ayudado, y mucho.

 

El realizador, que también es director de fotografía (además de coeditor), realiza constantes planos secuencias que ciertamente aportan poco -o nada- dentro del argumento que se ofrece, más bien parecen que su única función es enaltecer la fuerza visual que tiene Cuarón, que por cierto ya es bien sabida, para buscar la maravilla, sorpresa y admiración por lo elaborada de la puesta en escena.

 

Porque ciertamente es un filme que por este motivo da gusto verlo, lástima que esto no venga a enriquecer el argumento o adentrarnos en la trama. Como si sucede en dos filmes predecesores del propio Cuarón, como son Children of Men (2006), por ejemplo en la brutal secuencia de la batalla entre el ejército y los insurgentes, que lleva a un clímax sorpresivo para los presentes; o el caso de Gravity (2013), referenciada incluso en Roma, es conocido el enorme trabajo de cinefotografía de este largometraje, donde se cumple el objetivo de transmitir las sensaciones de los personajes en medio de la catástrofe que sufren.

Claro que hay momentos en Roma que son esplendorosos, los más conseguidos la visita que hace Cleo al lugar donde vive Fermín, donde hay un diseño de producción enorme y ambienta a la perfección este lugar. Cuestión que también sirve como un reflejo para ver las enormes diferencias sociales existentes hasta hoy día en México, Latinoamérica y prácticamente el mundo entero. Otro momento destacable -aunque pierde trasfondo argumental más adelante- es la primera aparición en pantalla de Antonio (Fernando Grediaga), el hombre de la casa, el esposo -doctor- trabajador. Es curioso porque contrario a estos planos secuencia mencionados  previamente, en esta secuencia Cuarón opta por planos detalle y cortes rápidos, el retrovisor, el cigarro, las marchas, el freno, el acelerador, las luces, sin ver el rostro de su personaje, tan misterioso como heroico es esperado por su esposa Sofía (Marina de Tavira) y todos los chicos.

 

Lo negativo es que tampoco se aprovecha esta introducción del personaje, se pierde por completo y no tiene funcionalidad. Contrario a lo que se va dando con el pasar del metraje, donde se da una visión del varón o padre de familia como un ente ausente, clara crítica al machismo, al abandono de la pareja y de los hijos, e incluso, en el caso de estos últimos a ni siquiera hacerse cargo de ellos.

 

Así sin más no es complicado discernir que el guion de Alfonso Cuarón queda a medio camino, argumentalmente se encasilla en mostrar cosas muy básicas, con personajes que no tienen ningún tipo de evolución. Donde busca “vender” la aceptación de Cleo como parte de la familia donde trabaja, con el clímax de un abrazo que resulta forzado y sacado de la manga para generar sentimentalismo (muy fácilmente se podía prever lo que se avecinaba apenas el personaje de Tavira sale de pantalla), y claro que esta aceptación en el seno familiar no se da.

 

En esta secuencia en la playa se puede resumir el filme, una escena filmada de forma virtuosa y hermosa, de las mejores del año, con Cleo liberándose y ofreciendo una línea de dialogo tremenda, suelta un peso que traía dentro, para sorpresa de Sofía que refirma el abrazo junto con sus hijos y un “te queremos mucho”, pero todo esto no da como resultado nada, las piezas quedan en la misma posición.

 

El abrazo se diluye y todo queda igual, los chicos antes de este evento la apreciaban, ella seguirá con su misma rutina y dedicación para con ellos y en la casa, Adela siempre será su amiga, y Sofía la seguirá viendo de la misma forma, como lo fue antes del evento en la playa, antes del embarazo y su perdida, como lo ha sido siempre.

 

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