First Reformed: nuevos tiempos, misma desesperanza

Por Amando Quesada Webb

 

La soledad, la desesperación y la autodestrucción personal son temas recurrentes en la obra de Paul Schrader, quien debutó como guionista hace más de treinta años con la icónica Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976). Travis Bickle, protagonista de aquel filme, era el reflejo de las preocupaciones que acechaban al guionista en aquella época.

 

Aunque muchos de los trabajos más famosos de Schrader serían sus posteriores colaboraciones en los guiones de Scorsese (Raging Bull y The Last Temptation of Christ), el neoyorquino ha ido forjando a través de las décadas una sólida carrera como director, en la que destacan películas de altísima calidad como American Gigolo (1980) y Mishima: A Life in Four Chapters (1985).

 

En First Reformed (2018), su más reciente largometraje como realizador y guionista, Schrader presenta a un personaje con muchas características similares a las del icónico taxista. Esta vez se trata de Ernst Toller, un reverendo de una iglesia protestante en un pueblo del norte de Nueva York, quien enfrenta una crisis de fe ocasionada por su encuentro con un hombre atormentado por el cambio climático.

 

Una conversación de Toller con el joven ambientalista hace que el reverendo se dé cuenta de su incapacidad para responder con propiedad a las angustiantes preguntas del activista. Esto provoca que el clérigo pierda toda convicción y se vea cada vez más atrapado en una espiral de desesperación por el estado en el que se encuentra el mundo, la apatía de su iglesia ante cualquier problemática social y su impotencia para poder hacer algo al respecto.

 

El director utiliza nuevamente, como ya lo había hecho en algunas de sus películas anteriores, la narración en primera persona, esta vez manifestada en un cuaderno en el cual Toller escribe todas las noches y promete “no tener piedad de sí mismo”. Aunque en un principio este elemento da la impresión de que solo está ahí para sobreenfatizar los ejes del argumento, conforme avanza la historia y crece la desespreanza del reverendo, estas instrospecciones se vuelven cada vez más valiosas.

 

En First Reformed el realizador opta por una puesta en escena sobria, donde destaca la fotografía de Alexander Dynan por el uso del radio de aspecto 4:3, que acentúa la simetría de sus planos estáticos y sus escasos movimientos de cámara. Asimismo, la atmósfera gélida presente durante todo el metraje se ve robustecida por la colorización grisácea.

 

Como ávido cinéfilo y autor de varios libros de teória cinematográfica (entre los cuales sobresalta Trascendental Style in Cinema), no es ninguna casualidad que el filme de Schrader se encuentre lleno de referencias a los directores cuya obra ha analizado en sus escritos.

 

Es evidente el homenaje que el estadounidense le está rindiendo a Ingmar Bergman, ya que First Reformed posee muchos parecidos con Los comulgantes (también conocida como Luz de invierno), una de las grandes películas del autor sueco.

 

Ambos filmes poseen un argumento situado en un pequeño y frío pueblo, donde un clérigo atraviesa una crisis de fe que se ve empeorada después del encuentro con un habitante de la localidad que se termina suicidando. Los paralelismos se extienden más allá del guion y se pueden observar también en el acercamiento formal, ya que cada plano de First Reformed pareciera ser un guiño a Bergman.

 

Hay una escena en particular, cuando el protagonista desprecia a una mujer que prácticamente le ruega por su atención, la cual, Schrader tomó de Los comulgantes, aunque carece de la misma potencia dramática. Cabe mencionar que otro director, el austriaco Michael Haneke, previamente había rendido homenaje a esta escena de Bergman (con mejores resultados), en su filme La cinta blanca (2009).

 

Decir que Scharder “roba” elementos de otros cineastas no es ningún menosprecio, ya que él mismo admite con tranquilidad haber hecho esto previamente. Por ejemplo, la conclusión de dos de sus películas, American Gigolo y Light Sleeper (1992), son reproducciones directas de la escena final de Pickpocket (1959), dirigida por Robert Bresson, otro de los principales referentes del estadounidense.

 

En First Reformed, nuevamente se puede notar la influencia de Bresson, específicamente de su película Diario de un cura rural (1951), cuya trama también gira alrededor de un clérigo que experimenta zozobra espiritual, el tratamiento visual austero de Schrader se alimenta de la obra del francés.

 

El trabajo del japonés Yasujiro Ozu también se puede ver reflejado en el lenguaje cinematográfico de First Reformed. El ritmo pausado de la edición y aquellos momentos de silencio intercalados en el filme, aluden a los “espacios intermediarios” que Ozu utilizaba, los cuales no tienen un objetivo dentro de la narración, sino que funcionan para crear breves meditaciones en el metraje, como explicó Schrader en uno de sus textos cinematográficos.

 

A pesar de todo esto, sería injusto calificar la obra de Schrader como un mero refrito. Paradójicamente, el sinfín de referencias a otros cineastas se ha convertido en una marca personal de este director, quien utiliza su aprendizaje de años estudiando a estos artistas para “robar” algo de uno de ellos y crear a partir de eso un lenguaje propio.

 

El eje de First Reformed es la preocupación particular del autor en ciertos temas, como el cambio climático, la soledad, la masculinidad, el fracaso de la iglesia como institución social y la espiritualidad.

 

El filme no parece cuestionar la existencia de Dios, sino la autenticidad de la fe de quienes se proclaman sus seguidores y el daño que el ser humano y su indiferencia, le han provocado a su creación.  “¿Podrá Dios perdonarnos?”, le pregunta el reverendo a sus feligreses, aunque la pregunta se la está dirigiendo a sí mismo.

 

El tormento de Toller queda manifestado en una extraña escena en la cual comparte un momento muy íntimo con Mary, la viuda del ambientalista que se suicidó y ambos comienzan a levitar sobre bellas imágenes de la naturaleza. Poco después, toda la paz desaparece cuando la destrucción ambiental invade el viaje extracorporal de la pareja, recordándole al reverendo que es imposible escapar de la intranquilidad que lo asecha.

 

Es imposible no mencionar a Ethan Hawke, quien ofrece la mejor interpretación de su carrera, como el religioso en crisis. Es una actuación mesurada, en la cual Hawk expresa los más abrumadores sentimientos de angustia y desesperación, a través de sus expresiones sutiles y la humanidad de su caracterización.

 

Durante la segunda mitad de la obra, la música diegética se vuelve fundamental. En la escena del funeral del ambientalista, un coro juvenil canta Who’s Going to Stand Up and Save the Earth de Neil Young, un tema de protesta ambientalista, que termina provocando el despecho de las autoridades de la iglesia de Toller.

 

Más adelante, durante el clímax de la película, un personaje realiza una interpretación a capela de Leaning on the Everlasting Arms, un canto gospel cuya melodía repetitiva acompaña a Toller en los momentos en los que la desesperanza lo agobia y no parece haber salida.

 

Al final, después de haber cuestionado todo lo que daba por sentado, el reverendo termina por comprender aquellos pensamientos “radicales” del ambientalista que en un principio le resultaron tan ajenos.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *