The Favourite: Placeres injustificables

Mientras Abigail (Emma Stone) baja unas escaleras de madera, y la cámara desciende lentamente con ella, la iluminación de numerosas candelas aparece progresivamente, como una serie de espirales de luz que giran. En otro momento, ese mismo personaje galopa hacia el bosque con el fin de encontrar alguna hierba medicinal para aliviar su mano quemada y, quizá principalmente, atenuar los dolores de Anne, Reina de Gran Bretaña (Olivia Colman), quien padece de gota. Vemos a Abigail salir del palacio al amanecer, cuando el exterior, cubierto de tonos azulados, apenas comienza a ser alumbrado por el sol. En otra ocasión la luz de madrugada vuelve a presentarse, acompañada por las antorchas de varios hombres que salen a caballo a buscar a la desaparecida Sarah Churchill, Duquesa de Marlborough (Rachel Weisz). Y en distintas oportunidades, gran parte de la pantalla permanece oscura, con la excepción de pequeños focos de luz (candelas) encargados de iluminar amplios espacios interiores.

La dirección de fotografía, y el manejo de la luz en específico—tareas asumidas principalmente por Robbie Ryan, cuya filmografía incluye varias obras de Andrea Arnold y el proyecto más reciente de Noah Baumbach—son para mí elementos particularmente disfrutables de The Favourite, del director griego Yorgos Lanthimos. Aun así, admito que comenzar con las descripciones del párrafo anterior puede ser engañoso. Podrían hacer pensar que se trata de un largometraje lleno de escenas contemplativas, cuya principal inquietud son las sutilezas de diversos tipos de luz. Y aunque esa inquietud en efecto estuvo presente para Lanthimos y Ryan durante la grabación, más que por la contemplación reflexiva, la película se caracteriza por el exceso.

En el diálogo abundan líneas ocurrentes en medio de interacciones rápidas y agresivas; en ese sentido me fue inevitable pensar en Armando Iannucci, quien tanto en cine como en televisión ha desarrollado sátiras políticas—In the Loop, The Death of Stalin, Veep—llenas de personajes amorales que maldicen cada vez que pueden. A la sobrecarga de ofensas y al ritmo acelerado se le agregan una puesta en escena y un montaje que llaman la atención a sí mismos: recurrentes paneos veloces que se utilizan para evitar cortes o planos-contraplanos (ausentes en la película), intertítulos que anuncian capítulos con tipografía vistosa, y el uso de un lente gran angular de 6mm que logra registrar más de 180 grados. En al menos un par de momentos, el sonido de una escena comienza antes de que podamos ver la siguiente, o continúa cuando ya no vemos la anterior, y ciertas imágenes se sobreponen con otras con resultados variados, quizá de forma más memorable en la escena final. Las actuaciones también tienen su cuota de exageración, como sucede con la expresión facial intensa que Stone utiliza para transmitir sorpresa cuando Abigail descubre que Anne y Sarah son, además de amigas, amantes.

Existen películas en las que cada decisión formal significativa tiene un discurso que la respalda, una noción de que lo audiovisual está en cierta armonía con lo narrativo o lo temático. En Zona Sur (Juan Carlos Valdivia, 2009), la cámara se mueve de forma circular, sobre su propio eje, repetidamente. Esa decisión de movimiento se ha asociado, por su director u otras personas, con al menos dos ideas: primero, que sus personajes, una familia de clase alta, viven en “esferas individuales” dentro de una “burbuja de comodidad”; y, segundo, con ciertas concepciones circulares del tiempo. El uso de ratio 4:3 en Meek’s Cutoff (2010) ha sido explicado por su directora, Kelly Reichardt, como una forma de transmitirle a la audiencia la sensación de visión limitada que las mujeres tenían en ese momento (1845), figurativamente, por su posición social, y literalmente, por el tipo de sombrero que solían usar. Todd Haynes argumentó que el estilo visual de Carol (2015) fue inspirado en parte por fotografías tomadas en la época en la que está ambientada la película, y que ciertos encuadres buscaban evocar la noción de mirar obsesivamente, aunque sea de lejos, a la persona de quien uno está enamorada.

Ese tipo de razonamientos, en muchas ocasiones, me parecen fascinantes. Sin embargo, no creo que sean un elemento necesario en toda obra. Distintas personas involucradas en The Favourite comparten valoraciones divergentes sobre el “sentido” del uso del lente gran angular. Por ejemplo, provocar claustrofobia, o evidenciar que aun los enormes espacios del palacio tienen límites, y que algunos personajes pasan la mayor parte de su tiempo aislados dentro de esos límites. Pero también admiten que a veces solo los mueve el deseo de usar ese lente; que a veces las cosas suceden imprevistamente o se hacen “sin una razón”. En esos casos, más que cuestionar la ausencia de un razonamiento que justifique tal o cual decisión formal, quizá solo nos queda la posibilidad de disfrutar, o no, el resultado. El terreno pantanoso e interesante del “gusto” de cada espectadora.

La trama de The Favourite es bastante sencilla. Luego de quedarse sin recursos ni título nobiliario, Abigail toca la puerta de su prima Sarah, Duquesa que ocupa una habitación en el palacio de Anne, reina de Gran Bretaña e Irlanda. Lentamente Abigail irrumpe en la relación entre Sarah y Anne, quienes se conocen desde la infancia. Las intenciones de Abigail de congraciarse con la reina son claras desde muy temprano, así como resulta esperable la resistencia de Sarah a perder su posición privilegiada. Conflictos de distinto tipo e intensidad—whigs contra tories, países en guerra, sirvientas siendo crueles entre sí—marcan el entorno en que se desarrolla la lucha de poder entre las tres mujeres protagonistas (para no restarle atención al trío protagónico, Lanthimos incluso optó por eliminar porciones de contextualización política presentes en versiones previas del guion). Así, el potencial de sorpresa o disfrute de la película no radica tanto en sus giros narrativos sino más bien en otras particularidades: su humor brusco, su ya mencionada hiperactividad estética y los rostros de sus personajes. El placer que puede encontrarse en un susto causado por ciertos cortes abruptos entre escenas, o por la expresión caricaturesca pero enternecedora de Colman cuando su personaje finge desmayarse en una reunión del Parlamento.

En general mi valoración de la filmografía de Lanthimos es irregular. No me molesta que sus películas puedan considerarse “manipuladoras” o “provocadoras”; pienso que todo el cine lo es, solo que de distintas maneras. Y, claro, cada quien puede preferir ciertas manipulaciones o provocaciones sobre otras. Personalmente, a ratos la extrañeza en sus películas me ha parecido tediosa, y no siempre me agrada su propensión a la exageración y la violencia física. Conforme los elementos de thriller sangriento en The Killing of a Sacred Deer (2017) tomaban fuerza por encima de la ambientación misteriosa del inicio de la película, por ejemplo, mi aburrimiento y desinterés crecían. No les encontré nada nuevo (nuevo para mí) ni sorprendente. Y la sorpresa me parece un componente importante del cine, sea esta general—una técnica de grabación que no habíamos visto o una idea en la que no habíamos pensado—o muy específica: la manera particular en que una actriz mueve su cuerpo o dice alguna frase (acá una intensa carta de amor dirigida a las expresiones faciales Emma Stone).

Un factor que, para mí, distingue a The Favourite de sus películas anteriores es el humor, lo cómico que me parecieron muchos momentos. Pienso, por ejemplo, en las escenas de baile, tan anacrónicas como ridículas (ambos adjetivos usados favorablemente). De hecho, en general la concibo más como una comedia que otra cosa, aunque reconozco que los límites entre categorías tan amplias como drama o comedia son muy cuestionables. (Similar fue mi experiencia con Phantom Thread, película del 2017 dirigida por Paul Thomas Anderson, cuyo tono también se mueve entre comedia y melodrama al abordar relaciones turbulentas de poder, violencia y vulnerabilidad.) Algunos de los momentos dramáticos también lograron conmoverme de una u otra forma, como cuando Anne habla de todos los hijos que perdió, reemplazados simbólicamente por conejos que llevan sus nombres. Y la mencionada última escena. Primero vemos a Abigail sufriendo durante casi un minuto, luego a Anne al borde del llanto, por un tiempo parecido, y finalmente a ambas superpuestas y combinadas con conejitos en movimiento que se desvanecen hasta parecer humo. Incomodidad, tristeza, y la idea de que nadie “ganó” en realidad. ¿Tal combinación de elementos representa algo más, es una metáfora? No estoy segura, pero disfruté la tensión que me produjo cada vez que la vi en el cine.

Reino Unido – Irlanda – EE.UU., 2018. Título original: The  Favourite. Director: Yorgos Lanthimos. Guion: Deborah Davis y Tony McNamara. Productoras: Element Pictures, Scarlet Films, Film4, Waypoint Entertainment, BFI Film Fund. Diseñador de sonido: Johnnie Burn. Fotografía: Robbie Ryan. Montaje: Yorgos Mavropsaridis. Diseño de vestuario: Sandy Powell. Intérpretes: Olivia Colman, Emma Stone, Rachel Weisz, Nicholas Hoult, James Smith.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *