CRFIC-2019 | Crítica de El silencio es un cuerpo que cae

Por Armando Quesada Webb

 

Aparece en la pantalla el David de Miguel Ángel, la representación de la figura masculina perfecta. La cámara, lentamente y con mucha gentileza, explora y aprecia cada parte de ese cuerpo, casi como si lo estuviera acariciando.

 

Esta no es solo una imagen casual. Para Jaime Comedi, el hombre detrás de ese lente, capturar su vida en la cámara fue la forma de plasmar su esencia como ser humano. Andaba este objeto consigo todo el tiempo, era una parte de él. Después de su muerte, dejaría atrás, más de mil horas de material casero, en el que se encontraba documentada no solo su vida hogareña, sino también su otra vida, la de hombre gay, que era desconocida para su familia.

 

Es así como surge El silencio es un cuerpo que cae (2017), documental que la hija de Jaime, Agustina Comedi, elabora a partir del gran archivo visual que heredó de su padre. El resultado es un expresivo retrato de este hombre, que a la vez plantea una serie de preguntas sobre la libertad, las huellas del pasado, la sexualidad y la identidad.

 

La ópera prima de Comedi, goza de una coherencia narrativa que sorprende en un filme que consiste, en gran parte, de material de archivo. Construir esta narración requirió de un sobresaliente y riguroso trabajo de edición. Destaca también el uso de entrevistas con personas que fueron importantes para Jaime, filmadas de tal forma que se recrea la estética del formato Super 8 de las grabaciones de archivo, dotando así de cohesión visual al relato.

 

La voz de la misma realizadora, con un tono agridulce y melancólico, narra la historia de su padre. Comedi no abusa de estas intervenciones orales, ya que cuando estas aparecen tienen peso dramático  y refuerzan la autenticidad emotiva de la historia.

 

El silencio es un cuerpo que cae es cine más íntimo. La cámara de Jaime, los recuerdos de Agustina y el paralelo entre las vidas de ambos son elementos que marcaron a la directora y que ella transporta a la pantalla con un afán de eliminar la línea divisora entre el arte y la vida.

 

En ese sentido la película recuerda a los primeros filmes de Naomi Kawase, directora japonesa que experimentó con la recreación de su propia vida durante su primera etapa artística, apropiándose también de grabaciones caseras en Super 8.

 

La obra de Comedi es una reconciliación con el pasado, con la muerte y con aquella faceta de su padre que no conocía. Sin embargo, también es un cuestionamiento de las circunstancias en las que su padre vivió y que lo obligaron a  abandonar una parte de sí mismo y adoptar una nueva vida ¿Por qué Jaime debía escoger entre ser el padre amoroso que tanto añoraba y ser un hombre homosexual? ¿No era posible ser las dos cosas?

 

No lo era en la Argentina donde Jaime vivió, en la cual la comunidad LGBTI sufrió una violenta persecución. El documental también dedica un segmento importante a abordar las vivencias de este grupo de personas en los años que gobernó la izquierda. Son hechos que han sido silenciados por décadas y que aún representan una herida abierta en este país sudamericano, como bien Comedi lo demuestra en su película. “Si sos bisexual nunca serás feliz”.

 

La directora concluye la historia con un regreso al presente, dejando atrás el Super 8 y presentando su vida actual con su hijo en una imagen digital. Mientras este juega, ella le pregunta  su definición de libertad. “Es no estar encerrado en una jaula”, él responde. Esa frase tan sencilla encierra la idea principal del documental. La dificultad para ser libre.

 

País: Argentina. Año: 2017. Directora: Agustina Comedi. Productora: El Calefón. Guion: Agustina Comedi. Fotografía: Agustina Comedi, Ezequiel Salinas, Benjamín Ellenberger. Montaje: Valeria Racioppi. Duración: 72 minutos

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