Chernobyl: héroes anónimos

Miniserie de cinco capítulos producida por HBO junto a Sky, centrada en el desastre nuclear de Chernobyl ocurrido en 1986, Craig Mazin logra la que hasta el momento es su “magnum opus”, luego de haber escrito varios guiones de comedias de dudosa calidad, da un enorme salto para presentar una obra mucho más ambiciosa, seria y dramática.

 

Cinco capítulos, aproximadamente cinco horas y media de duración donde se resume de buena forma los eventos acontecidos, las reacciones estatales y la intervención realizada con el fin de paliar hasta donde fuera posible las nefastas consecuencias que este evento tuviera.

Los bomberos atienden el incendio la madrugada del 26 de abril de 1986.

Probablemente muchas personas han escuchado hablar del desastre nuclear de Chernobyl, aunque quizá sean pocos los que comprendan su magnitud y como este puso en vilo a buena parte de la humanidad. Fue alrededor del año 2015 cuando Mazin comenzó a verse interesado -por no decir obsesionado- con este hecho, sus investigaciones y estudio lo llevaron a proponer y escribir esta serie.

 

Jared Harris interpreta a Valery Legasov, científico que integró el comité de investigación del desastre.

Lo que el guionista fue descubriendo conforme se iba adentrando más y más en lo sucedido era algo turbio, todo se muestra muy bien en los capítulos, decisiones polémicas y cosas ocultas, hijas de un contexto como la Guerra Fría, que aun hoy retumban de seguro en la sociedad rusa, ucraniana y por qué no decir, del mundo entero.

 

Como documento histórico, a más de treinta años del desastre, y todavía en algunos frentes con la pregunta de: “¿qué fue lo que realmente sucedió?”, es de forma inapelable una obra completamente necesaria. Que además aproxima al espectador común a este hecho, que por un lado tiene todas las explicaciones científicas, pero por otro, tiene situaciones que de forma sencilla explican que sucedió, y especialmente, de qué forma se hizo frente al desastre.

 

Mazin se muestra ágil al mostrar los hechos y lo que esto desencadenó, lo que pudo verse convertido en una serie acercada al documental académico, se convierte en una obra versátil, con momentos de impacto y de alta tensión. El sueco Johan Renck, -director de los cinco capítulos- entiende muy bien sus ideas y las traslada de forma perfecta a la pantalla, moviéndose muy bien a través de las distintas líneas argumentales.

 

Uno de los dos reactores nucleares de Ignalina, ¿se les hace familiar?

Algo que sin duda ayuda a Renck -y a la serie en sí- es la ambientación, la filmación del desastre fue realizada en la central nuclear de Ignalina en Lituania, lugar muy similar a Chernobyl, por tanto, en todo momento el espectador se siente dentro de Prípiat y de la central nuclear donde se dio el desastre.

 

Sin duda otro punto a destacar es la musicalización a cargo de la islandesa Hildur Guðnadóttir, sonidos estridentes envuelven la serie, enfatizando algunos momentos en particular donde la tensión argumental va de la mano con las notas que escuchamos, creando una atmósfera irrepetible, asfixiante y perturbadora, casi como un filme de terror.

 

Ahora, dentro de todo el panorama de ideas que aporta la serie, hay dos que deseo abordar como ejes centrales del relato; del primero ya se ha hecho mención en este texto, el papel del Estado soviético ante la catástrofe, no hace falta ser un experto en el tema para recordar el contexto y la lucha ideológica que existía, además de las múltiples aristas que tenía la lucha entre soviéticos y estadounidenses.

 

Por supuesto un desastre como el acontecido fue un golpe bajo, considerado como algo que aceleró el derrumbamiento de la potencia europea, cuestión que cambió el panorama de la geopolítica mundial entonces. Ocultarlo hasta donde fuera posible, minimizarlo cuando la radiación llegó a otras latitudes, tratar de obviar los errores de la prueba que se llevaba a cabo cuando todo se desencadenó.

 

Ahora bien, viendo las cosas desde un punto neutral, es claro que también era una lucha contra algo nunca antes sucedido, ¿cómo afrontarlo? Más aún con ese contexto tan vivo. Sin duda el desastre de la planta nuclear tuvo enfrente una mezcla peligrosa que dictaminó su camino: ignorancia y propaganda.

Una de las mejores secuencias de la serie, un liquidador hace su trabajo, uno de tantos héroes olvidados.

Por último, dejo la idea más importante, desde las primeras unidades de bomberos que llegaron posterior a la explosión, hasta los liquidadores que ayudaron a limpiar la zona, la Historia se fue llenando de héroes, la gran mayoría anónimos, personas de las que no vamos a encontrar mayores referencias, solo cifras, números extensos de afectados o fallecidos por la radiación.

 

Engañados algunos, otros que sabían que su destino iba a estar marcado, la visión romántica de aquellos que sí sabían a lo que se exponían, la radiación incesante les iba a consumir, su esperanza de vida se acortaría estrepitosamente y las secuelas se comenzarán a ver casi de inmediato. Sea como sea, finalmente héroes.

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