Once Upon A Time In Hollywood: Repensando el mito

Mencionar a Hollywood suele evocar un referente que trasciende lo geográfico y lo industrial. Más que un concepto concreto, la idea detrás de ese nombre funciona como una masa amorfa compuesta por ideales, discursos y representaciones en constante renovación. Su existencia depende enteramente de los vínculos que se generan con su mitología, y en Once Upon A Time In Hollywood (2019), el noveno largometraje de Quentin Tarantino, tal constitución y la afectación que tiene con “la realidad” son exploradas lúdicamente.

 

Como es sabido por todo aquel que ha visto alguna película bajo su firma, Tarantino es primero cinéfilo y luego cineasta. Desde los tiempos de Reservoir Dogs (1992) su obra ha apropiado con transparencia y sin pudor su naturaleza de pastiche cultural; llegando inclusive a crear un sello idiosincrásico a partir de tanto intertexto estilístico.

 

Se puede decir que en el estéril terreno del cine comercial contemporáneo Tarantino es quizás una de las últimas grandes voces singulares, al menos en lo que a reconocimiento masivo se refiere. Consciente de ello, y en sintonía con el personaje del célebre vaquero de televisión venido a menos Rick Dalton (Leonardo DiCaprio), el icónico director parece vislumbrarse en discordia ante su legado y su lugar en un imaginario hollywoodense que avanza a su propio ritmo, sin tiempo alguno para reflexionar sobre los aportes de un tipo “viejo” y “anticuado”.

 

De cierta forma Once Upon A Time In Hollywood es una confrontación abierta a este temor de ser considerado un vestigio; una película guiada por la renuencia a desvanecerse y el interés indulgente y despreocupado por retratar una era que agoniza.

 

Para el director de Pulp Fiction (1994) Hollywood no es meramente el rejuntado de fachadas portentosas, turistas escandalosos y multitud de indigentes que se encuentra quien visita el famoso vecindario en el centro de Los Ángeles. En su mente, la meca del entretenimiento está siempre iluminada por neón y es el hogar de los héroes improbables e iconos de antaño a los que su filmografía tanto les rinde culto. Al situar las acciones en 1969, sumerge al espectador en un contexto de fuerte impacto cultural (el fin definitivo de la edad dorada Hollywoodense, el desvanecimiento paulatino del movimiento hippie, las protestas contra Vietnam, etc. ), pero, aún más relevante para su propuesta, de notable trascendencia personal.

 

Si bien los protagonistas cuentan con actitudes nocivas y trasfondos escabrosos, la laxa narrativa de Dalton batallando por mantenerse relevante y el desentendido heroísmo de su doble Cliff Booth (Brad Pitt) no son realmente fiscalizados. El filme, así como el cerebro por detrás, le tiene demasiada afinidad al valor simbólico de sus avatares. Son quienes en una realidad histórica desesperanzadora (donde el espectro de Charles Manson y el fin de una era literalmente acechan a la cercanía) viven de lleno su idealizada fantasía, esa que Tarantino tanto se esfuerza por evocar. Es ahí donde para muchos llega el punto de quiebre con las intenciones detrás de Once Upon A Time In Hollywood.

 

Ni por un instante el enfoque de la película pestañea en su indiscutible sesgo nostálgico, sin embargo, aún cuando su tesis de añoranza es simplista (Tarantino nunca se ha distinguido como un cineasta “de ideas”), tal sinceridad es la que nutre el sentido de asombro que guía su estimulante propuesta formal.

 

Collages de formatos visuales, saltos espontáneos en la edición y elipsis a través de la saturada banda sonora son solo algunas de las herramientas que el filme utiliza para consolidar un lenguaje paralelo a su errática estructura. Tarantino abiertamente deja de lado la narrativa tradicional y se enfoca en crear un anecdotario cinematográfico. Las historias paralelas, los recuerdos en flashback y hasta las aparentes fantasías se intercalan entre sí sin hegemonías; cada una es parte integral de un testamento a un instante tan peculiar como irrepetible en la historia estadounidense.

 

En una filmografía cuya idiosincrasia suele ser reducida a diálogos estilizados y violencia caricaturesca, inclusive por sus mismo fanaticos (nótese la aclamación popular hacia la insípida Kill Bill y el olvido injustificado de la sobria Jackie Brown), el largometraje estrenado en el Festival de Cannes de este año destaca por su compromiso con un concepto que conscientemente evade ambas características. Su noveno filme es primordialmente una disertación cultural de la década de los 60, más interesado en ser una disección similar a la que Jean-Luc Godard ejecuta del film noir en Made In The U.S.A. (una película de detectives sin acción) que de cumplir con las expectativas de lo que es “una película de Quentin Tarantino”. Quizás la cúspide de tal disidencia se expone con el tratamiento del personaje de Sharon Tate (Margot Robbie).

 

A pesar de ser parte fundamental de la campaña publicitaria y la “verdadera” protagonista del entorno en el que se desarrolla la cinta, su rol dentro del metraje es meramente suplementario. El interés del guion en Tate (y en Robbie de manera metatextual) yace simplemente en evocar su poder icónico de manera abstracta e intencionalmente superficial para así jugar con la noción del espectador sobre “la historia real” y luego subvertirla. Lo mismo sucede con su utilización minúscula de Charles Manson.

 

Durante la gran mayoría del metraje el experimento de Tarantino destaca por su osadía conceptual así como el goce de sus envolventes desviaciones y trivialidades. Lastimosamente, en su clímax el largometraje recurre a los lugares comunes que el director parecía estar evitando, rompiendo así su cohesión con la complacencia de lo que “todos vinieron a ver”. Se entiende la intención detrás de representar a la familia Manson en plan de farsa y apelar a la reivindicación desde la fantasía histórica (similar a lo ocurrido en el final de Inglorious Basterds), no obstante, el tono con el que se ejecuta conlleva una amplificación excesiva y un tanto arbitraria dado el resto de la propuesta.
Más allá de sus incongruencias internas, Once Upon A Time In Hollywood es por la mayor parte una ruptura refrescante en el ocasionalmente autoparódico cine de Quentin Tarantino; el trabajo más personal y arriesgado de un realizador que hacia el ocaso de su carrera parece haber encontrado en la reinvención la llama que lo puede (¿?) mantener vigente.

 

EE.UU. – Reino Unido – China, 2019. Título original: Once Upon a Time… in Hollywood. Director: Quentin Tarantino. Guion: Quentin Tarantino. Productoras: Bona Film Group, Heyday Films, Sony Pictures Entertainment, Visiona Romantica. Fotografía: Robert Richardson. Montaje: Fred Raskin. Intérpretes: Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, Margot Robbie, Julia Butters, Al Pacino.

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