Climax: La droga cinematográfica de Gaspar Noé

Por María José Madriz

En la nueva entrega cinematográfica de Gaspar Noé se comienza por el final. Es en estos primeros minutos que con una toma cenital con matices de sangre, se les muestra a los espectadores que lo que están por presenciar no tiene una culminación feliz. 

Siendo Climax el nombre de su última película, el director franco-argentino narra la historia de un excéntrico grupo de bailarines que celebra con música y sangría la finalización de 3 días de ensayos.

Con un inicio colmado de indicios, la película introduce a los personajes con una instalación en la que cintas de VHS de hitos del horror y del exceso como Saló (1976), Suspiria (1977) y Un Chien Andalou (1929) invaden la toma. Estas referencias dirigidas a los espectadores más observadores marcan el tono bajo el que se va a desarrollar la historia. 

A pesar de estar ambientada en los 90’s, este producto cinematográfico cuenta con personajes y temáticas tan diversas que logran reflejar a la perfección la realidad actual. Cada persona en pantalla existe dentro de una cohesión de grupo, la cual se manifiesta en un elaborado número de baile en los primeros momentos de la película. 

Es hasta que comienza el caos, producto de una intoxicación colectiva por LSD, que tal cohesión se difumina, y los personajes pasan a ser un grupo de individuos enfrentando una decadente espiral de excesos. Un sentimiento que Noé también extiende hacia los espectadores, quienes como individuos enfrentando Climax, son también parte de este descenso infernal

La actriz Sofia Boutella sirve como el eje central de un reparto coral.

Climax se puede entender entonces desde su doble MacGuffin (elemento arbitrario que hace que avance la trama). El primero, el LSD en la sangría, es el del argumento; un catalizador que desarrolla los horrendos acontecimientos. El segundo, es la narrativa en sí misma, funcionando exclusivamente como una excusa para que los espectadores se introduzcan en la película y que rápidamente se torna circunstancial ante la “verdadera experiencia” que propone Climax. 

Esta experiencia que viven los espectadores nace a través de la música que nunca se detiene y las luces que acompañan la psicología de los personajes. Cada uno de estos elementos cumple un rol sensorial dando a la visualización de esta película un sentido atrapante, casi hipnotizante. 

La mejor forma de entender esta nueva entrega de Gaspar Noé es aceptando que no hay nada que entender.  No hay metáforas, ni simbolismos, ni mensajes ocultos: Climax es una experiencia inmersiva y absorbente la cual debe ser vivida más que entendida.

Conforme la película avanza, la cámara comienza a sumergirse en el caos, bailando entre los personajes hasta alcanzar su propio Climax estético. Noé, siendo un director que no quiere gustar o entretener y cuyo fin último es provocar, castiga entonces las búsquedas de comodidad de aquellas personas que se adentran en su obra.  

Al concluir Climax, queda la sensación de un un efecto narcótico. Esta película es una droga que proporciona un viaje que para muchos puede ser extenuante y agotador, e inclusive hacerlos desear constantemente por su culminación, pero que aún luego de su fin, se asegura de que sus efectos se mantengan vigentes en aquel que se atrevió en consumirla. 

Francia – Bélgica., 2018. Director: Gaspar Noé. Guion: Gaspar Noé. Productoras: Rectangle Productions, Wild Bunch. Fotografía: Benoit Debie. Montaje: Denis Bedlow y Gaspar Noé. Intérpretes: Sofia Boutella, Kiddy Smile, Roman Guillermic, Souheila Yacoub, Claude Gajan Maull, Giselle Palmer, Taylor Kastle y Thea Carla Schøtt.

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