Festival Shnit 2019 | Críticas Made in Costa Rica 2

La segunda función de cortos en competencia resultó notablemente inferior a la primera, el desbalance afectó la experiencia.

 

Cabin in the watta (Sergio Pucci, 2018)

 

Segundo trabajo de Pucci que se presenta en el Shnit, el otro fue “Despedidas” en la sección Sabor Local. Ambos son parte de Güilas (2018) serie de cortos que se vendieron como un largometraje (sin serlo) en el que se muestran niños de las diferentes provincias.

 

El tema es simple, Costa Rica es un lugar agradable, turístico y feliz, por lo que la historia debe ir en ese tono; en este caso, dos niños limonenses realizan desde temprano tareas, por momentos podría parecer como un simple juego, pero es parte de ayudar en un restaurante local a conseguir pescado para los clientes. La colorización del corto busca vender una imagen país agradable, al igual que las sonrisas de los niños y la música.

 

Todo es felicidad y al final los niños comparten con un músico local. La mayor parte del corto no tiene diálogos y aunque es el mejor de todos los que conforman la obra Güilas, queda la sensación de que existe solo para complacer al espectador.

 

Afterglow (Ariana Bolaños Guevara)

 

Se trata de un proyecto de graduación de la directora. Si bien la técnica de animación es satisfactoria en cuanto a forma, la historia recae en lugares comunes del cine nacional, principalmente en cortometrajes y muy frecuentes en los trabajos de la Veritas. Una historia romántica que no tiene madurez narrativa y el punto de vista es tan ingenuo y falto de emoción.

 

La música y la colorización subrayan en exceso el tono meloso y pretendidamente romántico, y la animación termina por ser movimientos corporales de los personajes que enfatizan la torpeza emocional de estos. El corto puede gustar a un público infantil o juvenil que piensan en el amor romántico como concepto importante en sus vidas, pero para una audiencia más madura no pasa de ser otra historia más que no aporta nada.

 

 

Ext – Parque – Noche (José Ernesto Valverde)

 

Tras realizar el largo documental Gorgojo (2016), el director presenta un cortometraje que juega con la idea de cine dentro del cine. Dos amigas se reúnen para terminar el guion de un filme, mientras ellas van construyendo la historia, el espectador ve los posibles escenarios de ese futuro filme, así cada vez que deciden cambiar alguna situación o diálogo, vemos cómo la pareja de actores va modificando en el acto.

 

El tono cómico le viene bien, aunque hay disparidad en las parejas de actores. Las dos jóvenes guionistas que poco a poco van descubriendo algo más (probablemente el público se da cuenta mucho antes), no resultan convincentes y su interacción parece más amateur. Por su parte, la pareja que encarna a los protagonistas del futuro filme, se nota más distendida y favorece al humor del cortometraje.

 

Gumamel (Juan Carlos Romero)

 

 

Un breve trabajo de tan solo dos minutos. La sinopsis indica “la fragilidad masculina puede tomar muchas formas y figuras”… El cortometraje tampoco aporta mucho más. Un tipo de trazo sugestivo, con énfasis en la figura humana, transmite una sensación de inestabilidad, pero las imágenes se suceden con cierto efectismo sin explorar realmente la idea de la fragilidad masculina.

 

 

 

La Bohemia (Natalia Solórzano Vásquez, 2017)

 

Este trabajo forma parte del proyecto documental “San José de Noche”, una idea original de Felipe Zúñiga en el que distintos directores retratan aspectos emblemáticos de la capital costarricense. En este caso, se trata de un bar (cantina) tradicional llamada La Bohemia.

 

La bella fotografía en blanco y negro nos traslada al espacio de la memoria, del pasado contado por su protagonista, Giorgio Motta, actual dueño y cocinero de la cantina, pero, además, es quien la atiende. Poco a poco el espectador va conociendo la historia de esta familia, cómo emigraron desde Italia y cómo se ha mantenido el bar con el paso de los años. Se nota el cariño que tiene la cámara con el lugar y su protagonista.

 

En otros momentos se muestra la dinámica nocturna del lugar, aunque para espectadores que no conozcan a las figuras del medio artístico y cultural costarricense, no van a reconocer a todos aquellos que salen en pantalla. En fin, la idea es mostrar tanto a las viejas generaciones como a las nuevas, pero esto se hace de forma apresurada y queda la sensación de ser una grabación entre amigos, se pierde el carácter intimista que se había logrado con don Giorgio.

 

Neon Red (Santiago Salas, Felipe Lozano, 2019)

 

Desde hace varios años se viene con una tendencia de mostrar elementos o personajes retro, tanto en cine como en televisión y en general en la cultura popular. Se pasó de un regreso de la moda setentera y, actualmente, los 80’s son el “nuevo” lugar predilecto. Así, con un pretendido estilo neo noir, los directores cuentan una historia de venganza, en la que los puños danzan bajo las luces neón de lugares sórdidos.

 

Por rescatar el tipo de dibujo, lejos de las fórmulas tradicionales que siguen el trazo fácil de Disney, los directores crean personajes acordes con el tono del filme y la época. Abundan los colores estridentes y a un efecto digital para crear “fallas analógicas”. El corto se siente influenciado por los videojuegos, los escenarios y las secuencias parecen ser más de este medio que de uno cinematográfico.

 

Ojos que no ven (Nacho Rodríguez, 2019)

 

Rodríguez ha demostrado ser un director polifacético en su joven trayectoria. En pocos años ha realizado desde el corto documental Yo soy de allá (2016), la comedia de tintes setenteros Coyotes de la misma loma (2017); el largo documental Callos (2018) sobre las dificultades de la comunidad LGBT en el país, además de trabajar como fotógrafo o en otras áreas en filmes de amigos. Es parte de una generación joven que no se encasilla y brinca de un género a otro, explorando temáticas y estéticas.

 

En esta edición del Shnit, participó con un corto de terror. La historia sigue las coordenadas habituales en el género: cinco amigos hacen un viaje y en medio de una cabaña solitaria empiezan a sucederse eventos extraños. Una presencia les sigue y va cambiando la vida de cada uno. Un par de personajes con una historia a la que quieren añadir nuevos capítulos; fiesta, locaciones exóticas y cuando son perseguidos por esa presencia, como es de esperar, cada uno se va separando.

 

Si bien la fotografía es de lo mejor del corto, tanto en las escenas de día como las de la noche, las actuaciones son muy irregulares, lo que distancia al espectador de la historia y lo que les sucede a ellos. Dentro del género de terror no aporta mucho, aunque en el marco de lo que se produce en Costa Rica, se aprecia que existan esfuerzos por diversificar la oferta.

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