Festival Shnit 2019 | Día 2: críticas competencia global

Por Armando Quesada Webb

 

Ronda de críticas de la segunda función de la Competencia Global del Shnit Worldwide Shortfilmfestival Playground San José 2019.

 

Nursery Rhymes (Tom Noakes, Australia, 2017)

 

En medio de una carretera, un joven de expresión perturbada canta una y otra vez el tema de cuna Old McDonald had a Farm. La cámara se mantiene fija en él durante un par de desconcertantes minutos, hasta que por medio de un plano secuencia (aún acompañado de la repetitiva melodía y la voz desafinada), es revelado el motivo de la bizarra situación.

 

Nursery Rhymes no es una obra con un concepto particularmente memorable, pero es exitosa en su búsqueda de provocar exasperación e intriga en la audiencia hasta la aparición de los créditos.

 

Brotherhood (Meryam Joobeur, Túnez-Canadá, 2018)

 

Brotherhood es un corto intenso y emotivo. Muestra la dinámica de una familia tunecina luego del regreso del hijo mayor, quien llevaba un año en Siria luchando con el Estado Islámico.

 

La presencia de la nueva esposa del primogénito, perteneciente a una corriente musulmana ultraconservadora, provocará una serie de tensos encuentros con su suegro, el cual se niega a aceptarla.

 

Un radio de aspecto de 4:3, así como la poca profundidad de campo, provocan una sensación de cercanía con el drama, como si el espectador estuviera sentado en la cena familiar con los personajes.

 

El corto no es totalmente desolador, hay tintes de humanismo cuando la madre intenta aceptar a su nuera y realiza los quehaceres con ella, o en las escenas que muestran la calidez que hay entre los hermanos.

 

El irremediable egoísmo del padre, sin embargo, será el causante de la tragedia que se desarrolla y desencadena el conflicto de la obra.

 

Quince (Kelly Anally, Perú-Reino Unido, 2018)

 

Esta propuesta consiste en su totalidad de un plano secuencia que nunca se aleja de la joven protagonista, como si la persiguiera de la misma forma que lo hace el juicio de los demás después de que se divulgue un video íntimo suyo en el liceo.

 

La agresión no viene únicamente de sus compañeros, sino también de los adultos que deberían velar por su bien, pero que en lugar de eso empeoran el martirio que ella vive.

 

La extensa toma presenta varios movimientos de cámara complejos y, por lo general, está bien coreografiada, aunque resulta imposible ignorar un error en la locución del diálogo por parte de la actriz protagónica hacia el final del corto.

 

The Levers (Boyoung Kim, Corea del Sur-Estados Unidos, 2018)

 

Por medio de un idiosincrático estilo de animación, The Levers introduce al espectador en una atmósfera deprimente y amarga. Esta termina por consumir a su protagonista, al principio un tipo inocente, quien se encamina en una espiral de decadencia e intercambia sus principios morales por dinero.

 

En el mundo concebido por el director, cínico y desesperanzador, incluso quienes aún no han sido corrompidos se acoplarán eventualmente a una sociedad en pudrición. Todo con tal de poder tener ese auto soñado, o cualquier otra ambición material, cualquier persona está dispuesta a venderse.

 

Prescindiendo de usar un diálogo excesivo, el corto se apoya en sus buenos efectos de sonido que hacen aún más inquietante cada momento.

 

The Colour of Your Lips (Annick Blanc, Canadá, 2018)

 

En un mundo que se queda sin oxígeno, dos personas que sobreviven con tanques de gas realizan una búsqueda de otros seres humanos.

 

No hay ni una sola palabra pronunciada, sino que la historia se sostiene en la expresividad física de los protagonistas, quienes ofrecen buenas interpretaciones, a pesar de tener un guion que no evidencia fortalezas.

 

En el apartado formal el corto no destaca en ningún ámbito. La puesta en escena es insulsa y los elementos como la fotografía y el montaje tienen roles plenamente funcionales.

 

Swap (Rezo Gigineishvili, Rusia, 2018)

 

Este cortometraje se presenta como una historia “basada en hecho reales, pero con personajes ficticios.” Es una contradicción que no queda claro si se trata de una ironía por parte del realizador, o simplemente de un elemento innecesario.

 

Swap es un relato de un secuestro bastante ordinario, que recuerda a un episodio de alguna serie de televisión policial. La trama se lanza hacia la acción inmediatamente y a partir de ahí no cesa de construir tensión hasta el final.

 

Todos los personajes, especialmente  los policías, son típicos y unidimensionales. Incluso el eje del argumento, la relación que surge entre el protagonista y su supuesto rehén, carece de naturalidad y no logra impactar como se pretende.

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