Festival Shnit 2019 | Día 4: críticas dramatic green

Por Armando Quesada Webb

 

Ronda de críticas de la función DRAMATIC GREEN del Shnit Worldwide Shortfilmfestival Playground San José 2019.

 

You’re a Lost Little Girl (Cedric Bourgeois, Bélgica, 2017)  

 

Durante su primera mitad, este corto retrata la cotidianeidad de la joven protagonista, a través de un lenguaje visual sencillo y una puesta en escena naturalista que resulta en una experiencia amena.

 

Más adelante el corto introduce el conflicto principal, y es a partir de ahí que pierde el encanto, ya que realiza una transición hacia un thriller psicológico efectista y superficial.

 

La evolución del personaje principal es poco creíble y es imposible señalar una relación coherente entre los dos segmentos de la obra. Al final pareciera que su buen comienzo fue solamente un adorno.

 

Wine Wenches (Esther Heerikhuisen, Países Bajos, 2018)

 

Tres minutos de caos: así se podría resumir Wine Wenches. Un corto animado entretenidísimo, que se vuelve más ridículo con cada segundo que transcurre y se siente refrescante gracias a su peculiar sentido del humor.

 

Los cuerpos de los personajes son  desproporcionados como las situaciones que viven en su noche de fiesta. No hay diálogo como tal, pero sí se escuchan risas y otros gestos de las irreverentes protagonistas que hacen innecesarias las palabras.

 

Este corto es un producto ligero que tiene el único objetivo de hacer reír, y lo cumple con facilidad.

 

Where the Wild Things Go (Fergal Costello, Irlanda, 2016)

 

En un veloz montaje con voz en off la audiencia es testigo de la vida de un hombre, de sus conflictos, sus relaciones y su inmadurez.

 

El título, así como el disfraz del protagonista, son referencias al libro infantil, adaptado en más de una ocasión al cine, Where the Wild Things Are, de Maurice Sendak, el cual reflexiona sobre las consecuencias del egoísmo.

 

La propuesta visual del corto asemeja la de un anuncio televisivo, el desarrollo de argumento se siente atropellado, no hay ninguna profundización en el conflicto del personaje y todo pasa tan rápido que es casi imposible digerir algo a pesar de la brevedad de la obra.

 

Bacchus (Rikke Alma Krogshave, Dinamarca, 2019)

 

Una mujer que habita en un mundo gris, cuadrado y monótono salta a otra realidad en la que puede dar rienda suelta a sus sentidos y sus deseos. Ahí todo está lleno de formas y colores, es un escape, un completo opuesto de su vida rutinaria.

 

El uso de símbolos, el contraste entre los estilos de animación de los dos segmentos y otros elementos formales como la cámara en primera persona convierten a la obra en una envolvente representación del mundo interno de la protagonista y hacen que su viaje surreal trascienda más allá de ser solo unos minutos de efectos visuales bonitos.

 

Uno (Javier Marco, España, 2017)

 

Cada año, miles de africanos desaparecen o mueren en su intento de migrar hacia Europa por el mar Mediterráneo. En Uno, un celular a la deriva simboliza las muchas veces ignoradas tragedias vividas a diario por estas personas.

 

La obra muestra el sentido de impotencia de un pescador al responder dos llamadas desde un dispositivo ajeno y, tras chocar con las barreras del lenguaje, verse repentinamente con la abrumadora responsabilidad de mentir con tal de evitarle aún más dolor a una persona.

 

Por poco que se llega a saber de los personajes, estos se sienten como individuos auténticos. La narración es realista, cruda y, sobre todo, humana en su afán de mostrar cómo la empatía puede conectar a las personas y trascender las fronteras físicas y barreras culturales.

 

Windowless (Samuel Flueckiger, Suiza, 2017)

 

Una mujer abandona a su hija y la busca décadas después. El encuentro las llevará a intentar llenar el vacío emocional de su separación y sanar las heridas del pasado.

 

El argumento, lidiando con temas como la búsqueda de conexión y de sentido de pertenencia,  contrapone lo penoso de la realidad contra aquellas ilusiones que las personas quieren creer para resolver sus traumas.

 

El desenlace de la historia es predecible, pero aún así la trama plantea temas psicológicamente sustanciales. Las motivaciones de sus personajes son creíbles y tienen resonancia emocional con el espectador, en gran medida gracias a las buenas interpretaciones de las dos actrices principales.

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