Temblores: vivir ocultándose

Segundo largometraje del guatemalteco Jayro Bustamante, quien con Ixcanul (2015) removió la conciencia chapina con un crudo relato sobre la explotación de las mujeres indígenas y el comercio de niños. El realizador ha expresado que Temblores (2019) y La Llorona (2019) completan una trilogía que nace de las tres ofensas más grandes en su país: indio, hueco (gay) y comunista. La estructura medular de sus filmes parte de esos tres conceptos para deconstruirlos críticamente y devolverlos con una mirada honesta y sin tabúes.

 

En el caso de Temblores, el título es una metáfora para el estremecimiento individual del protagonista, pero también el remezón para su familia y por añadidura a una sociedad puritana y conservadora.

 

El filme comienza en una noche lluviosa, un hombre trata de ingresar en su vehículo a su residencia, y diferentes personas van advirtiendo que ha sucedido algo, “lo están viendo”, advierte la criada; ya dentro conocemos a la familia de Pablo, el protagonista; la atmósfera es tensa, la luz entra con dificultad en los resquicios de las habitaciones, el llanto y los gritos marcan el tono. La catástrofe es que Pablo es homosexual y eso para la familia, de fuerte convicción evangélica, no es aceptable.

 

Quienes hayan vivido una experiencia similar, las frases que se dicen probablemente les suenen conocidas: “le pasó algo de niño”, “lo que le está haciendo a la familia”, “hay que cuidar la reputación”, entre otras. Los padres y hermanos de Pablo están preocupados por un estatus social; Isa, la esposa, por lo que vaya a pasarles a sus hijos, pero ninguno piensa en Pablo. Un sismo es interpretado como un castigo divino, pero permite a Pablo escapar, por el momento.

 

 

 

El director procederá a contrastar dos ambientes: por un lado, el de la familia de Pablo, caracterizado por escenas en interiores, en los que la luz penetra con dificultad, el hermetismo es palpable y las acusaciones se distribuyen. Luego, está la sonrisa de Francisco, el hombre a quien Pablo ama, y cuyo carácter festivo y alegre es la cara opuesta a la rigidez de los familiares de Pablo. Ya sea en un bar o en un improvisado apartamento, ambos son felices, Pablo indica que “se siente liberado” porque su familia supo de su secreto. Como en cualquier relación, tienen diferencias, pero en el fondo se quieren, aunque la felicidad no dura mucho.

 

Como si se tratara de una relectura de la Letra Escarlata (Hawthorne, 1850), Bustamante va mostrando una avalancha de acontecimientos que van cercenando la voluntad de Pablo. Un logro del director es evitar una postura maniquea de lo sucedido, al contrario, va revelando la compleja estructura social y qué tan profundo se arraiga la intolerancia en una sociedad.

 

Cabe resaltar el personaje de Isa, quien a su vez es víctima de un dogmatismo que impulsa a la mujer a ser un objeto para el hombre, alguien cuya función es solo la de procrear y mantener “feliz” al macho. El patriarcado afecta por igual y vuelve enfermizas las relaciones. Por otra parte, los niños experimentan el caos y ven crecer miedos irracionales, el menor tiene miedo de ser como el papá, “eso es algo que afecta solo a los hombres”, le dice su hermana, pero ambos desconocen en realidad lo que está pasando. La familia ha decidido aislarlos y evitar cualquier contacto con el padre, como si se fuesen a contagiar de una enfermedad.

 

Para cuando vuelve a temblar, el filme ya ha creado una creciente tensión, pero la historia sigue ahondando en el dolor y la injusticia. No sería descabellado decir que Temblores es una película de horror, de hecho, la fotografía de tonos azulados y escenarios con baja iluminación refuerzan esta idea. El mundo habitado por los personajes es tenebroso, lleno de miedos, recelos e inseguridades. Los interiores de las casas, la iglesia y demás espacios asemejan un claustro, un país que sigue viviendo en el Oscurantismo, donde los habitantes solo gustan de oír la voz de los líderes religiosos. En otra escena, cuando Isa va a visitar a Pablo en su apartamento, la toma comienza con un plano que muestra el cableado eléctrico de la ciudad, personajes enredados en una telaraña creada por inseguridades. Más adelante la toma se repite, pero será Francisco quien baja por la calle.

 

Con el afán de poder ver a sus hijos, Pablo se traiciona a sí mismo. Francisco le expresa en varias ocasiones que su vida no es pecado, no obstante, se ven separados. Resulta particularmente conmovedora la escena cuando Francisco va a la iglesia, donde termina trabajando Pablo, y se dan un abrazo; en medio de tanta intolerancia, en su soledad, encuentran un último momento para expresarse.

 

El trabajo de investigación de Bustamante y las entrevistas que realizó para escribir el guion de este filme, se traducen en las escenas más inquietantes de la película. Aquellas que muestran la terapia de reconversión, la humillación final, la pérdida de la autonomía, el descenso a un infierno en el corazón mismo de aquellos que dicen actuar por amor, pero que en realidad los mueve el dinero, como enfáticamente se observa con los datafonos que procesan las llamadas limosnas.

 

Tras el adoctrinamiento, vienen las duchas de agua fría, las inyecciones, la imposición de manos. Son imágenes difíciles de ver. Pablo pertenece a una clase social acomodada, no tiene problemas económicos, salvo cuando lo despiden, aun así, no se le ve en apuros; sin embargo, ¿qué sucede con los otros Pablos? Aquellos quienes no tienen una gran cuenta bancaria, ¿cómo viven su homosexualidad las personas en condición de marginalidad? Temblores remueve la conciencia de una sociedad puritana, pero es tan solo una pequeña mirada, se trata solo de la cima, la montaña oculta muchos más casos, más dolor, más intolerancia, más falsas terapias que se aprovechan del miedo.

 

Una última escena se siente como el epitafio de Pablo. Él se encuentra en el baño de la iglesia, su reflejo en el espejo nos recuerda esa vida doble que ha llevado, ese engañarse a sí mismo, ocultarse ante los demás; se mira al espejo y luego, en un hábil juego de planos, parece que nos mira a nosotros, pero a quien ve es a su hija, ya le es permitido volver con sus hijos…

 

En los créditos finales se escucha la canción Pecado mortal, interpretada por Los Bárbaros. Hasta entonces la música de la película ha sido incidental, pero el director quiso remarcar la historia con esta canción: Yo sé que tu amor es un castigo / que amarte es pecado mortal / y que nada entre tú y yo es permitido / y entre sombras nos tenemos que adorar…

 

 

Título original: Temblores. País: Guatemala-Francia-Luxemburgo. Año: 2019. Director: Jayro Bustamante. Guion: Jayro Bustamante. Productora: La Casa de Producción, Tu Vas Voir Productions, Memento Films Production, Iris Productions, Arte France Cinéma. Productores: Gérard Lacroix, Marina de Jesús Peralta Orellana, Nicolas Steil, Edgard Tenembaum. Director de fotografía: Luis Armando Arteaga. Edición: César Díaz, Santiago Otheguy. Música: Pascual Reyes. Intérpretes: Juan Pablo Olyslager, Diane Bathen, Mauricio Armas, Sabrina de la Hoz, María Telón.

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