2010-2019: Una década de películas

Con solo cuatro años en esta década, desde nuestra fundación en el 2016, Krinégrafo ha buscado abrir diálogos en el panorama cinéfilo de Costa Rica. En este camino, hemos podido conocer y trabajar con personas de diferentes partes del mundo, con las que hemos estrechado lazos de amistad y con quienes compartimos una cinefilia apasionada, reflexiva, argumentativa e inconforme; siempre cuestionando nuestras propias apreciaciones y proponiéndonos expandir conocimientos. De esto último se desprende la intención del presente texto: una invitación abierta a diferentes personas relacionadas con el cine, a quienes se les pidió una lista de 10 películas y un breve texto sobre su selección (los textos varían en extensión, lo mismo que las listas; después de todo, romper reglas es parte esencial del medio), aclarando que no queríamos “lo mejor de la década”, sino, 10 filmes que les marcaron de alguna manera particular; en concreto, 10 filmes que quisieran destacar. En total, el resultado son 18 cinéfilos quienes comparten una amplia variedad de títulos. El mero volumen puede resultar abrumador, pero la intención es generar curiosidad y evidenciar películas que, tal vez, existían fuera de algún espectro de referentes, o fueron omitidas en su momento; otras, quizás, ya fueron observadas; en cualquier caso, valga la oportunidad para recordar lo que ha sido esta década a partir de distintos filmes; evadiendo cualquier anhelo de conformar «un canon», y pensando la ocasión como una celebración libre del medio; una amplia vitrina sin hegemonías, donde se busca un dialogo entre obras, realidades y subjetividades.

Dentro de las heterogéneas selecciones fueron mencionadas 131 obras, de las cuales, Tabú (Miguel Gomes) con 7 apariciones, fue la más recurrente; seguida de The Act of Killing (Joshua Oppenheimer), Tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas (Apichatpong Weerasethakul) y Zama (Lucrecia Martel) con 6; y Holy Motors (Leos Carax) y Kaili Blues (Bi Gan) con 5 cada una. Europa aportó la mayoría de filmes resaltados con 62, seguido de Estados Unidos con 24, América Latina con 21, Asia con 20; mientras que dos filmes canadienses, uno africano y uno australiano también se hicieron presentes. Varios autores además subrayaron su gran década con dos películas seleccionadas, como Jean-Luc Godard, Paul Thomas Anderson, Claire Denis, Hong Sang-soo, Joshua Oppenheimer, Bi Gan, Lucrecia Martel, Noah Baumbach, Terrence Malick, Lee Chang Dong, Celine Sciamma y Kleber Mendonca Filho.

Tómense su tiempo, dense la oportunidad de explorar los distintos panoramas cinematográficos aquí presentes, y súmense a esta memoria colectiva de los últimos 10 años en la imagen en movimiento. (Versión Letterboxd aquí).

*Podrán ver en algunos casos un enlace a la plataforma EYELET, desde la cual, previa suscripción (gratuita), podrán alquilar alguna película y verla desde algún dispositivo. La visualización de cada película va a depender si está habilitada para el país desde el que nos lean.*

Les compartimos también, el enlace al programa Pistas Sonoras donde Alonso Aguilar, Yoshua Oviedo comparten con Marvin Coto y Armando Quesada, y hablan sobre el cine de la última década.

Agustín Acevedo Kanopa, Uruguay (La diaria, The New York Times, Revista Vice, BBC)

1. Tabú (Miguel Gomes, Portugal-Alemania-Brasil-Francia-España, 2011): Tabú es, quizás junto a Historias extraordinarias (Mariano Llinás, 2008) el film que más poderosamente recuperó en la textura de lo fílmico el poder evocador de lo narrativo. Con cambios estéticos, técnicos y narrativos que van desde el elegante y sobrio formato digital a un estilo granuloso y comandado por un omnipresente voiceover, Tabú va bifurcándose en subhistorias, introduce pequeños personajes fascinantes y plantea, en un plano casi borgiano, relecturas o reescrituras de sucesos históricos. Hubo muy pocos casos en la década donde lo cinematográfico se entrelazara tan a la perfección con la inocente y pura vocación de contar, y es por eso que Tabú es el film más importante de la última década: un film con voluntad de crear una mitología propia.

 

2. The Act of Killing (Joshua Oppenheimer, Dinamarca-Reino Unido-Noruega, 2012): Es difícil toparse con un film que sea tantas cosas a la vez como The Act of Killing. Si históricamente a la hora de retratar y denunciar crímenes de lesa humanidad el cine documental optaba por dar voz a las víctimas, Joshua Oppenheimer incurrió en el imprevisto tour de force de invertir la lógica y ofrecer el material necesario para que los mismos perpetradores (ex dirigentes de un ala militar indonesia que mataron a cientos de miles de personas) fueran quienes recrearan sus horrendos actos. El resultado final es un film que no sólo sirve para ponernos frente a frente con la transparencia del mal, sino que muestra al cine como dispositivo creador de consciencia y verdad hasta para los mismos asesinos, y a la vez conforma un comentario sobre el bucle de reproducción de la violencia entre el cine y la vida misma.

 

3. Holy Motors (Leos Carax, Francia-Alemania, 2012): Un ensayo sobre la disolución de la identidad y la realidad en tiempos de la digitalización del mundo y la tercerización de todo, muchas de las viñetas que aparecen en Holy Motors pueden parecer extravagantes, estrambóticas y surrealistas pero al poco tiempo a uno le queda la extraña sensación de estar, más allá de la cobertura fantasiosa, frente a un film que maneja profundas verdades actuales. Todo lo que había sido investigado y desarrollado en el cine de Leos Carax y en el estilo actoral de Dennis Lavant en Holy Motors se presenta desde una versión aceleracionista, como un motor que se sobrecalienta, carburando hasta el tope de sus capacidades. Una carta de amor a la virtud oculta de lo performático, en tiempos donde todo parece un simulacro vacío.

 

4. Dos días, una noche (Luc Dardenne, Jean Pierre Dardenne, Bélgica-Francia-Italia, 2014): Por cuestiones de recorte de gastos de una empresa, una mujer tiene dos días para cambiar su destino: o efectivamente pierde su trabajo, o se les quita a sus compañeros los bonos navideños. A partir de esta premisa, los hermanos Dardenne la seguirán durante un fin de semana en el que la protagonista se contactará con su variadísimo plantel de compañeros, creándose así una serie de viñetas que funcionan como un amplio friso, con sus luces y sombras, del universo de precarización y flexibilización laboral del siglo XXI.

 

5. Ahora sí, antes no (Right now, Wrong then, Hong Sang-soo, Corea del Sur, 2015): Hong Sang-soo tiene, en la mayoría de su filmografía, un dispositivo cinematográfico aparentemente sencillo y directo, en el que se detiene a filmar, con un entusiasmo casi inocente y rudimentario, diversas charlas que se dan cuando los caminos de dos desconocidos se cruzan. Más allá del estilo, “honestidad” es la principal palabra que aparece al pensar su cine y Right now, wrong then es una pequeña pieza moral -pero lo suficientemente laxa para no adoctrinar- sobre la importancia de este valor por encima de todo. De esas películas de las que uno sale del cine siendo un 15% mejor persona.

 

6. The Master (Paul Thomas Anderson, EE.UU., 2012): Ligeramente basada en la vida del creador de la Cientología, es difícil precisar a ciencia cierta cuál es el verdadero tema de fondo de The Master, pero luego de verla a uno lo invade la sensación de haber estado frente a una obra gigantesca, un extraño caso de cine puro, que juega en un nivel de intensidad que se derrama por los bordes, tocando una suerte de verdad difícil de precisar. Quizás Magnolia siga siendo el film más redondo de Paul Thomas Anderson, pero The Master fue la que dejó volar más allá de los mapas su vocación y capacidades directoriales.

 

7. Branco Sai, Preto Fica (Adirley Queirós, Brasil, 2014): Adirley Queirós sólo necesita un container viejo para crear una máquina del tiempo, y apenas una pequeña tragedia local para hablar de la forma en que el pasado extiende sus ramas al presente, del racismo institucionalizado aún imperante en Brasil, del poder sublevante de la música y de las promesas urbanísticas fallidas de Brasilia, devenida en una especie de universo distópico y yermo. Queirós logra dar en Branco Sai, Preto Fica con un artefacto rarísimo que estira y borra los límites entre el documental, el ensayo y la ciencia ficción.

 

8. Paterson (Jim Jarmusch, EE.UU.-Francia-Alemania, 2016): Las películas sobre el arte siempre parecen estar más interesadas en retratar la genialidad o temperamento del artista que en las rutinas y esfuerzo real y cotidiano que componen su oficio. En Paterson, el poeta es simplemente alguien que se sienta, observa y escribe todos los días. En este oficio no hay rayos divinos de inspiración, como tampoco en su relación amorosa hay gigantescos actos o declaraciones, sino más bien ternura y dedicación. De algún modo hay, entre estos dos niveles -el de la poesía y el del amor- un cierto terreno de coincidencia y diálogo, algo que hace a Paterson uno de los films más sinceros y realistas de, no sólo lo que es ser escritor, sino también tener una pareja.

 

9. La reconquista (Jonás Trueba, España, 2018): “Somos siempre principiantes/ somos siempre principiantes y el amor no acaba/ a duras penas eso nos depara/ porque nadie sabe nada de su propio amor” canta Rafael Berrio en La reconquista, y de algún modo resume a la perfección, no sólo el núcleo duro de la película, sino de todo el cine de Jonás Trueba. Los films románticos suelen mostrar primero la historia de niños que se conocen y que después de adultos se reencuentran, floreciendo los retoños del verdadero amor que había quedado encapsulado. Jonás hace el proceso inverso, primero el reencuentro y después volver al pasado, a ver qué era lo que siempre había estado en su basamento. Pero más allá de este mini experimento, La Reconquista es la película donde se encuentra más depurado todo lo que hace grande al cine de Trueba: las pequeñas charlas afuera de los bares, la belleza en los pequeños gestos y ese aire siempre rohmeriano que configura a su cine no sólo como una colección de películas, sino un lugar al que uno quiere visitar.

 

10. The Square (Ruben Östlund, Suecia-Alemania-Francia-Dinamarca-EE.UU., 2017): ¿Qué destellos de la condición áurea del arte permanecen cuando todo parece estar quemado por la misma luz de microeventos vacuos? Östlund parece querer responder esta pregunta, pero en el mismo proceso de crítica a esta hiperexposición de happenings y performances vacíos que pueblan nuestra vida, la misma película comienza a funcionar con esa lógica, con el protagonista que siembra sus pequeños actos performáticos, mientras intenta enfrentarse el vacío absurdo de todo el mundo artístico que lo rodea.  Si en Holy Motors Leos Carax utiliza lo performático como el canto del cisne de un arte que se siente desaparecer, Östlund hace de la extensión de la performatividad algo que termina por desfondar el sentido, que agujerea lo artístico en sí, hasta llegar a lo social. Los dos tienen razón.

 

Francisco Acuña, Costa Rica (Programador de la Alianza Francesa)

Ha sido una década notable. Perpetuarán experiencias cinematográficas que se ganaron un lugar en la historia del cine. Un pétalo desprendiéndose de una rosa, una mujer bailando melancólicamente en un atardecer, un hombre de cientos de caras, siendo cientos de personajes, una tragedia familiar e íntima que se torna ominosa y terrorífica, un diseñador de modas sirviendo su desayuno con pericia y elegancia, una toma continua en un lugar que bordea lo onírico o un caballo triste indiferente ante el fin del mundo. Estos son momentos o conceptos que por su potencia, belleza o novedad han logrado aquello que podría ser el máximo logro de una obra: dejar marca o huella, retar al espectador a no ser el mismo después de presenciarla.

 

10. Zama (Lucrecia Martel, Argentina-Brasil-España-República Dominicana-Francia-Holanda-México-Suiza-Estados Unidos-Portugal-Líbano, 2017)

09. El hilo invisible (Phantom Thread, Paul Thomas Anderson, EE.UU.-Reino Unido, 2017)

08. Hereditary (Ari Aster, EE.UU., 2018)

07. Magical girl (Carlos Vermut, España-Francia, 2015)

06. Burning (Lee Chang-dong, Corea del Sur-Japón, 2018) Disponible en Netflix

05. Empate técnico de relaciones decadentes: Blue Valentine (Derek Cianfrance, EE.UU., 2010) y Cold War (Pawel Pawlikowski, Polonia-Reino Unido-Francia, 2018)

04. Kaili blues (Bi Gan, China, 2015)

03. El caballo de Turín (Béla Tarr, Ágnes Hranitzky, Hungría-Francia-Suiza-Alemania-EE.UU., 2011)

02. Casa de tolerancia (L’Apollonide (Souvenirs de la maison close), Bertrand Bonello, Francia, 2011)

01. Holy Motors (Leos Carax, Francia-Alemania, 2012)

 

Alonso Aguilar, Costa Rica (Krinégrafo, Correspondencias, Photogénie, La Nación -Costa Rica-)

A mi parecer, las obras que marcan un momento histórico (en este caso la arbitraria delimitación de una década) son aquellas que vislumbran nuevos horizontes para el arte dentro del que se desenvuelven. Más allá de lo discursivo y lo argumental, las expresiones cinematográficas que calan con mayor profundidad son las que eluden los cánones consagrados en el siglo de existencia de la imagen en movimiento, y la siguen concibiendo como un canvas en blanco; aquellas que crean nuevas gramáticas a partir de las herramientas que el medio brinda y las utilizan para provocar sensaciones, reflexiones y emociones cuya evocación solo se puede entender a cuadros por segundo. Los filmes aquí mencionados no intentan ser parte de ningún tipo de “gran canon”, sino simplemente retratar los intereses y revivir las experiencias más entrañables de una subjetividad; ojalá con el fin último de poder compartirlos con alguna otra. En orden cronológico:

 

Tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas (Apichatpong Weerasethakul, Tailandia-Reino Unido-Francia-Alemania-España-Holanda, 2010): La vivencia espiritual ve más allá de las estructuras y las realidades. El cine de Apichatpong también.

 

Tabú (Miguel Gomes, Portugal-Alemania-Brasil-Francia-España, 2011): El cine devuelto a su sentido de asombro inicial. Géneros, texturas, músicas, geografías y temporalidades entrelazadas en un testamento poético a las posibilidades del lenguaje.

 

Adiós al lenguaje (Adieu au langage, Jean-Luc Godard, Suiza-Francia, 2013): Las antítesis de cine como documento y cine como arte entrelazadas hacia una nueva definición que trasciende lenguajes y metáforas: la imagen en su estado más puro de caos y abstracción.

 

Dusty Stacks of Mom: The Poster Project (Jodie Mack, Estados Unidos, 2013): Las texturas del celuloide convertidas en un diario personal. La ruptura de las formas guiada por una nueva sinceridad.

 

Happy Hour (Ryusuke Hamaguchi. Japón, 2015): La oda definitiva a “los tiempos muertos”. La cotidianidad como dramaturgia total.

 

Let The Summer Never Come Again (Alexandre Koberidze, Georgia-Alemania, 2017): 15 cuadros por segundo y 3 megapíxeles enmarcan una nueva poesía audiovisual. La imagen post-descripción, hecha una partitura para  lúdicas sinfonías de lo cotidiano y lo universal.

 

Western (Valeska Grisebach, Alemania-Bulgaria-Austria, 2017): El cuerpo encuadrado como agente político. La alienación capitalista evocada desde la deconstrucción de los arquetipos del Viejo Oeste.

 

Zama (Lucrecia Martel, Argentina-Brasil-España-República Dominicana-Francia-Holanda-México-Suiza-Estados Unidos-Portugal-Líbano, 2017): La estasis hecha cine. Martel rompe las tradiciones de encuadre y sonido para confrontar con el desconcierto de la ansiedad colonial como nunca se ha visto (y probablemente nunca se volverá a ver).

 

La Flor (Mariano Llinás, Argentina, 2018): El cine narrativo seguirá existiendo después de La Flor, pero no será lo mismo para todo aquel que la haya visto.

 

Long Day’s Journey Into Night (Bi Gan, China-Francia, 2018): La traducción cinematográfica de un viaje por el subconsciente, comprendiendo la naturaleza errática y somnolienta de su flujo, y elevándola a un modus operandi.

 

Evento: Twin Peaks: El regreso (David Lynch, Estados Unidos, 2017):  La idiosincrasia y singularidad inherente al cine expandida para trascender la mera idea del formato. Disponible en Netflix

 

Fernando Chaves, Costa Rica (Programador en Lux Moving Image, La Nación –Costa Rica–)

 Empecé la década enamorado de las listas y llego a su final desencantado. Las promesas de reorganizar el mundo y el objetivo noble de reacomodar el canon han sido insuficientes, incluso vanos. Tal vez, como escribió hace poco Elena Gorfinkel en Another Gaze, hay que abolir las listas de una vez por todas. Sin embargo, con un paisaje saturado de “contenido” (palabra tenebrosa), alguna utilidad tiene y, por ahora, aquí va una más, atravesada por sus omisiones. De ninguna manera son las “mejores” pelis del 2010 al 2019; son solo algunas en las que creo que estaré pensando con idéntica admiración en el 2029 y más allá. Dentro de algunos años nos percataremos de cuánto se enriqueció el cine en esta década en la que tantos se dedicaron a promocionar su muerte. Nunca antes tantas personas habían podido hacer cine en tantos países distintos. La cantidad, por supuesto, no asegura calidad, pero con la transformación de las tecnologías de producción, distribución y exhibición se han multiplicado las formas de expresión. Sin embargo, gran parte del comentario actual sobre cine confunde los cambios en el aparato industrial con un declive en la profundidad del arte. Nada de esto es nuevo para el cine. “Ficción” y “documental” nunca habían sido términos tan violentos ni tan torpes como ahora. Se cantó la muerte del celuloide y, sin embargo, ahí persiste en plena gloria, de Dunkirk y Call Me By Your Name a Vulture y Bait. Sin mujeres no hay historia del cine y ahí están, haciendo el trabajo más emocionante, de Zama a The Rider. Para el cine como arte solo sigue la multiplicidad; para el mercado, tal parece, la avara convicción de que solo hay una forma de hacer las cosas. Ver el cine de hoy, el cine realmente de hoy y de mañana, será una forma de militancia, aunque hay que desprenderse de una vez por todas de la capa de heroísmo (y esnobismo) que se le suele guindar a este hecho objetivo. Simplemente, el cine tiene que ser cada vez más un acto de generosidad y de solidaridad, una pasión justificada solo en tanto se pueda contagiar a mil más; primero, porque nos lo merecemos y, luego, para agradecerle tantas horas de vida.  En orden cronológico:

 

Nader y Simin, una separación (Asghar Farhadi, Irán-Francia, 2011)

Stories We Tell (Sarah Polley, Canadá, 2012)

The Act of Killing (Joshua Oppenheimer, Dinamarca-Noruega-Reino Unido, 2012) y La mirada del silencio (The Look of Silence, Joshua Oppenheimer, Dinamarca-Indonesia-Finlandia-Noruega-Reino Unido-Israel-Francia-EE.UU.-Alemania-Holanda, 2014)

El cuento de la princesa Kaguya (Isao Takahata, Japón, 2013)

Inside Llewyn Davis (Joel & Ethan Coen, Estados Unidos-Reino Unido-Francia, 2013)

Kaili Blues (Bi Gan, China, 2015)

Mad Max: Fury Road (George Miller, Australia-EE.UU.-Sudáfrica, 2015)

No Home Movie (Chantal Akerman, Bélgica-Francia, 2015)

The Souvenir (Joanna Hogg, Reino Unido-Estados Unidos, 2019)

Vitalina Varela (Pedro Costa, Portugal, 2019)

 

Marvin Coto, Costa Rica (Escritor, Pistas Sonoras)

1- Tabú (Miguel Gomes, Portugal-Alemania-Brasil-Francia-España, 2011): Porque muestra cómo el cine puede ser todavía mucho más de lo que ha sido hasta el momento, que una película puede partirse en dos y alternar entre el pasado y el presente con una extraña libertad que en épocas de regresión estética y en donde la narrativa parece poder ser solamente algo lineal y obvio, es señal de que mejores cosas pueden existir, a pesar de que cada vez parecen ser más escasas. Porque incluso una en apariencia banal historia de amor prohibido contada con el lenguaje visual del cine silente, puede convertirse en una ventana hacia la historia colonial y sus miserias.

 

2- Zama (Lucrecia Martel, Argentina-Brasil-España-República Dominicana-Francia-Holanda-México-Suiza-Estados Unidos-Portugal-Líbano, 2017): En donde por primera vez Martel abandona su territorio de confort narrativo y nos da una película de ambientación colonial, con protagonista inerte, el calor y las aglomeraciones humanas de sus otros filmes y su detallado diseño sonoro, todo al servicio de una adaptación literaria, ese lugar común de la “qualité” que en esta ocasión se convierte más en una relectura, una versión, en el sentido más interesante del término. Además, hay que rescatar que los momentos más memorables nos los ofrecen un caballo y una llama.

 

3- Elle (Paul Verhoeven, Francia-Alemania-Bélgica, 2016): Una película hilarante, que hace reír con algunas de las cosas más nefastas de la experiencia humana y trasciende la mera provocación juvenil, para ser algo así como un alegato por la ambigüedad en tiempos de certezas morales. Poco más se puede decir de una Isabelle Huppert en modo glacial y devastador, navegando un mundo de hombres ineptos en el mejor de los casos y perversos en el peor.

 

4- El hilo invisible (Phantom Thread, Paul Thomas Anderson, EE.UU.-Reino Unido, 2017): Lo que parece ser una película más sobre un genio creativo insoportable, se va convirtiendo en un enigma en donde se vuelve difícil encontrar algún centro emocional o una motivación más allá que la de narrar una historia de amor disfuncional y regodearse en la belleza de los decorados y los vestidos. O sea, es cine de verdad.

 

5- Kaili Blues (Bi Gan, China, 2015): Los espacios cerrados y claustrofóbicos de la primera parte, el viaje en motocicleta en tiempo real, el larguísimo y virtuoso plano secuencia en donde se cruza un río y vemos señores chinos haciendo simpáticas interpretaciones musicales, lo parecido de la fauna subtropical china a ciertos espacios de Costa Rica, tantas cosas memorables.

 

6- Ahora sí, antes no (Right now, Wrong then, Hong Sang-soo, Corea del Sur, 2015): La estructura de la película no da la impresión de ser un mero truco o una demostración de virtuosismo y nos muestra la volatilidad de las relaciones entre las personas y los detalles y palabras que pueden modificarlas. Es una película narrativamente ingeniosa, pero también de un humor y una belleza muy sutiles

 

7- Toni Erdmann (Maren Ade, Alemania-Austria-Mónaco-Rumanía-Francia-Suiza, 2016): Algo así como una comedia contemplativa, si cabe el término. Lo que funciona es más la acumulación de gestos y situaciones que algún tipo de desarrollo narrativo, lo que sin duda provocó exasperación entre ciertas audiencias. Prueba de que las relaciones familiares y sus disfunciones pueden seguir siendo material fértil siempre que se aborden con una mirada particular.

 

8- Tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas (Apichatpong Weerasethakul, Tailandia-Reino Unido-Francia-Alemania-España-Holanda, 2010): Mezcla de mito y estética modernista, el mundo de la película es uno en el que los fantasmas se pueden sentar a la mesa con los vivos, y en donde el pasado ancestral de Tailandia parece convivir con la cotidianidad del presente y los traumas de la historia reciente.

 

9- Holy Motors (Leos Carax, Francia-Alemania, 2012): Quizás se pueda leer como una colección ingeniosa de distintos estilos de cine arte y un réquiem por cierta idea del cine que parece agonizar y que ya al final de la década parece todavía más acertado lamentar, pero incluso como una colección de sensaciones e imágenes, al margen de cualquier delirio interpretativo, sigue siendo una experiencia emocionante.

 

10- La vida útil (Federico Veiroj, Uruguay-España, 2010): En un Montevideo eternamente monocromo e incluso algo aburrido, un hombre de mediana edad se da cuenta que dedicó los mejores años de su vida a la pasión por el cine y descubre que no tiene casi nada más a qué aferrarse. Esta pequeña tragedia personal se convierte en una película extrañamente conmovedora y a la vez mesurada.

 

Raciel del Toro, Cuba (Director Artístico CRFIC)

La organización del conocimiento constituye una quimera en constante decantación, adhesión y transformación. Y el “conocimiento estético”, además, ineludiblemente está determinado por algo que Umberto Eco (muy erudito) denominó “conjuntos textuales”, y que el espectador común (ya que estamos hablando de cine) simplemente circunscribe a la categoría de “me gusta y no me gusta”. Por eso voy a romper todas las reglas de esta lista, primero inconsciente y, luego, deliberadamente, porque en ocasiones prefiero ordenar el conocimiento cinematográfico en base a poéticas que se establecen con más de una película. Tengo dos listas: una de los filmes que he disfrutado, como cinéfilo, desde un punto de vista intelectual, por cómo potencian o subvierten el lenguaje audiovisual; y otra de las películas que me han conmocionado por solo ser quien soy.

 

La primera lista, el disfrute intelectual:

 

La estilización hipnótica de De Gan Bi: Long Day’s Journey into Night (China-Francia, 2018) y Kaili Blues (China, 2015).

El poder simbólico de lo sombrío en Andrey Zvyagintsev: Leviathan (Rusia, 2014) y Loveless (Rusia-Francia-Alemania-Bélgica, 2017).

El erotismo brutal de Park Chan-wook: The Handmaiden (Corea del Sur, 2016).

La mirada espeluznante de Joshua Oppenheimer: The Act of Killing (Dinamarca-Noruega-Reino Unido, 2012) y The Look of Silence (Dinamarca-Indonesia-Finlandia-Noruega-Reino Unido-Israel-Francia-EE.UU.-Alemania-Holanda, 2014).

La narración onírica de Apichatpong Weerasethakul: Tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas (Tailandia-Reino Unido-Francia-Alemania-España-Holanda, 2010) y Cemetery of Splendor (Tailandia-Reino Unido-Alemania-Francia-Malasia-Corea del Sur-México-EE.UU.-Noruega, 2015).

La comedia esperpéntica más delirante: Toni Erdmann (Maren Ade, Alemania-Austria-Mónaco-Rumanía-Francia-Suiza, 2016).

Asghar Farhadi, la maestría del melodrama y la tensión: Nader y Simin, una separación (Irán-Francia, 2011).

Las fronteras entre ficción y documental son una limitación anquilosada. La puesta en escena de Roberto Minervini: What You Gonna Do When the World’s on Fire? (Italia-Francia-Reino Unido, 2018) y Stop the Pounding Heart (EE.UU.-Italia-Bélgica, 2013).

 

La segunda lista, la afinidad emocional:

 

El mejor documental musical de la década: Searching for Sugar Man (Malik Bendjelloul, Suecia-Reino Unido-Finlandia, 2012).

Nadie como Julio Hernández Cordón para discursar sobre la violencia con creatividad y sensibilidad, y para ponerle títulos a las películas: Te prometo anarquía (México-Alemania, 2015) y Cómprame un revólver (México-Colombia, 2018).

Los Carlos que están revitalizando el cine cubano político: Santa y Andrés (Carlos Lechuga, Cuba-Colombia-Francia, 2016) y La obra del siglo (Carlos Machado Quintela, Cuba-Argentina-Suiza-Alemania, 2015).

El fracaso también puede ser hermoso: Inside Llewyn Davis (Ethan y Joel Coen, EE.UU.-Reino Unido-Francia, 2013).

La técnica de la caja china en función del metarrelato y viceversa: Reconstructing Utøya (Carl Javér, Suecia-Noruega-Dinamarca, 2018).

Íntimo y experimental, para filosofar con algunas de las preguntas más recurrentes de la existencia humana: ¿quién soy y adónde pertenezco? No soy valiente (Cristóbal Serrá, Costa Rica, 2015).

El humor uruguayo es único: El apóstata (Federico Veiroj, Uruguay-España-Francia, 2015).

La música country y un melodramón de tibios tintes políticos: The Broken Circle Breakdown (Felix van Groeningen, Bélgica-Holanda, 2012)

 

Ben Flanagan, Reino Unido (Seventh Row, Little White Lies, Vagues Visages)

10 filmes británicos que marcaron a un británico.

Dreams of a Life (Carol Morley, Reino Unido-Irlanda, 2010)

Exit Through the Gift Shop (Banksy, Reino Unido, 2010)

The Arbor (Clio Barnard, Reino Unido, 2010)

Attack the Block (Joe Cornish, Reino Unido-Francia-EE.UU., 2011)

Kill List (Ben Wheatley, Reino Unido, 2011)

Berberian Sound Studio (Peter Strickland, Reino Unido-Alemania-Australia, 2012)

Wuthering Heights (Andrea Arnold, Reino Unido, 2012)

Under the Skin (Jonathan Glazer, Reino Unido-Suiza-EE.UU., 2014)

Bait (Mark Jenkin, Reino Unido, 2019)

The Souvenir (Joanna Hogg, Reino Unido-EE.UU., 2019)

 

Luciana Gallegos, Costa Rica (CRFIC, Krinégrafo)

 

Pescados (Lucrecia Martel, Argentina, 2010)

Meek’s Cutoff (Kelly Reichard, EE.UU., 2010)

Encounters with Landscape (3x) (Salomé Lamas, Portugal, 2012)

Manakamana (Stephanie Spray y Pacho Velez, Nepal-EE.UU., 2013)

Distant (Zhengfan Yang, China, 2013)

Carol (Todd Haynes, Reino Unido-EE.UU., 2015). Disponible en Netflix

No Home Movie (Chantal Akerman, Bélgica-Francia, 2015)

Cameraperson (Kirsten Johnson, EE.UU., 2016)

Jeannette, la infancia de Juana de Arco (Bruno Dumont, Francia, 2017)

La Flor (Mariano Llinás, Argentina, 2018)

 

Eduardo Guillot, España (Director Artístico de la Mostra de Valencia, tutor Talents Guadalajara)

Están colocadas por riguroso orden cronológico. Creo que, como decía Béla Bártok, las competiciones son para los caballos, no para los artistas. He confeccionado la lista siguiendo impulsos, sin consultar de manera exhaustiva los estrenos de la década, tratando de recordar títulos que hayan sido capaces de removerme por dentro, de dejarme una marca, aunque no sean necesariamente obras maestras. Creo que, en este tipo de recuentos, muy habituales en fechas tan señaladas como un cambio de década, se tiende a citar a directores que, en realidad, hicieron sus mejores obras en el pasado. Por eso ni se me ha ocurrido incluir a Scorsese, Von Trier, Haneke, De Oliveira, Godard, Tarantino y tantos otros que han entregado films muy valiosos en los últimos diez años, pero que firmaron sus mejores obras tiempo atrás, o al menos eso creo. En cambio, sí me he obligado a tratar de mantener cierto equilibrio geográfico: me molesta que estos listados sean un desfile de producciones estadounidenses, prolongando al sector de la crítica especializada la hegemonía comercial de su poderosa maquinaria industrial. Y lamento que no haya ninguna película africana, precisamente porque su acceso a las pantallas (no solo las comerciales, también las de los festivales) es muy reducido y, como consecuencia, provoca tremendas lagunas de desconocimiento sobre su realidad cinematográfica. Por último, también he tenido en cuenta la presencia de mujeres. No es una cuota, es justicia. No hay paridad, pero las elegidas están por méritos propios.

 

Tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas (Apichatpong Weerasethakul, Tailandia-Reino Unido-Francia-Alemania-España-Holanda, 2010)

El caballo de Turín (Béla Tarr, Ágnes Hranitzky, Hungría-Francia-Suiza-Alemania-EE.UU., 2011)

Holy Motors (Leos Carax, Francia-Alemania, 2012)

Tabú (Miguel Gomes, Portugal-Alemania-Brasil-Francia-España, 2011)

It follows (David Robert Mitchell, EE.UU., 2014)

Verano 1993 (Estiu 1993, Carla Simón, España, 2017)

Twin Peaks: El regreso (David Lynch, Estados Unidos, 2017). Disponible en Netflix

Zama (Lucrecia Martel, Argentina-Brasil-España-República Dominicana-Francia-Holanda-México-Suiza-Estados Unidos-Portugal-Líbano, 2017)

An elephant sitting still (Bo Hu, China, 2018)

Lázaro feliz (Alice Rohrwacher, Italia-Suiza-Francia-Alemania, 2018). Disponible en Netflix

 

Eloísa Juárez, Alemania-México (Programadora del Instituto Goethe Madrid)

Esta selección da cuenta de lo que considero más relevante en las nuevas vías para explorar estilos, tonos, lenguajes cinematográficos y formas de contar una historia. Muchas coinciden en temáticas y considero que los diferentes puntos de vista que aportan resultan muy enriquecedores para tratar de entender el mundo y el sistema que nos rodea. Los documentales destacan especialmente por explorar formas más radicales para sumergir al espectador en historias de por sí muy densas como el exterminio, el racismo, la trata de personas o el dolor por la pérdida de un ser querido. Y finalmente me han llamado la atención películas en las que personajes jóvenes deciden tomar las riendas de sus vidas o no, pero que en cualquier caso resultan personajes muy seductores y sumergen a cualquiera en sus universos mágicos. O aquellas películas que mezclan diferentes géneros y abren nuevas vías a la exploración cinematográfica.

 

The Act of Killing (Joshua Oppenheimer, Dinamarca-Noruega-Reino Unido, 2012)

Tiempo de caníbales (Zeit der Kannibalen, Johannes Naber, Alemania, 2014)

Magical girl (Carlos Vermut, España-Francia, 2015)

20,000 días en la Tierra (Iain Forsyth, Jane Pollard, Reino Unido, 2014)

El abrazo de la serpiente (Ciro Guerra, Colombia-Venezuela-Argentina, 2015)

Ixcanul (Jayro Bustamante, Guatemala-Francia, 2015)

Tempestad (Tatiana Huezo, México, 2016)

Ava (Léa Mysius, Francia, 2017)

Did You Wonder Who Fired the Gun? (Travis Wilkerson, EE.UU., 2017)

Parásitos (Bong Joon-ho, Corea del Sur, 2019)

Bonus: Frances Ha (Noah Baumbach, EE.UU., 2012) –disponible en Netflix– y A Ghost Story (David Lowery, EE.UU., 2017)

 

Arantxa Luna, México (Interior XIII, El Antepenúltimo Mohicano, Revista Código, Nexos, Cine PREMIERE y Sector Cine)

1. Toni Erdmann (Maren Ade, Alemania-Austria-Mónaco-Rumanía-Francia-Suiza, 2016): Fácil: tiene el abrazo más extraño, bello y conmovedor de la década. Previo a este gesto mínimo que desborda la pantalla, Ade teje situaciones hilarantes que ilumina por su particularidad: las constantemente fallidas paternidades. Quizá, para sanar la lejanía y la distancia, baste el disfraz de un Kukeri búlgaro. O el disfraz de un nuevo padre.

 

2. Tempestad (Tatiana Huezo, México, 2016): Hay un antes y un después en el documental mexicano gracias a Tempestad. La tormenta de textos (escritos, audiovisuales, etcétera) nunca fueron suficientes para hablar sobre la violencia avasalladora de las últimas dos décadas en México. Lo que hizo Huezo fue construir una obra que da testimonio sobre la violencia, sí, pero esencialmente la violencia que recae en la historia de resistencia de dos mujeres atravesadas por la apatía y la negligencia del Estado mexicano.

 

3. Las historias que contamos (Stories We Tell, Sarah Polley, Canadá, 2012): Trascender las historias familiares que sólo alimentan el ego del cineasta es un reto complicado. La mejor prueba son los ejercicios de nacen en las escuelas de cine. Polley cimenta desde su experiencia una serie de reflexiones sobre el relato y la facilidad (o la complejidad) que se añade cuando se acude a la memoria. Sus trampas y sus enredos. Las historias que contamos hace un constante cuestionamiento: sin memoria, ¿cómo podríamos – o no- situarnos en el mundo?

 

4. High Life (Claire Denis, Reino Unido-Francia-Alemania-Polonia, 2018): La ciencia ficción nos recuerda constantemente que somos humanos. Humanos que, a pesar de las naves, la tecnología, los nuevos mundos y la conquista prometida, siempre llevarán consigo un pasado terrenal. Denis usa el “artificio” del espacio para afianzar una historia que aborda temas poco atendidos en ese género: la paternidad, el cuerpo (sus fluidos, su deseo, su violencia) y uno de los mayores tabúes de la humanidad: el incesto. Denis mete todas estas variantes en una caja de metal que envía, no a la soledad espacial, sino a una más letal: la soledad apremiante de la propia existencia. Una película particular en su género.

 

5. Lady Bird (Greta Gerwig, Estados Unidos, 2017): Gerwig coloca en un plano distinto las implicaciones de la frase “Cine hecho por mujeres”. Con un sutil y complejo entramado casi autobiográfico, Lady Bird se apropia de los grandes temas del feminismo para trazar el retrato de una joven mujer que no tiene claro su futuro, pero sí muchas otras cosas: la importancia de las raíces, desde la geografía a la historia familiar; la esencia de la amistad y la sororidad, las complejas relaciones que se pueden tener con otras mujeres, la importancia de la representación de la diversidad de cuerpos, además de atreverse a dejar el protagónico a una mujer que viene de una clase trabajadora en un Estados Unidos que contrapone a la ciudad/intelectualidad vs. La periferia/el estancamiento profesional.

 

6. Atlantique (Mati Diop, Senegal-Francia-Bélgica, 2019): Con el sencillo acto de redefinir el mar, su inmensidad y su correspondencia geográfica, Diop entrega una película que camina por distintos géneros con calma y una precisión valiosa: el contundente señalamiento de la migración en Europa abarca un panorama que envuelve una historia de amor, un redescubrimiento sobre la identidad de la mujer en un país como Senegal, hasta la exigencia obrera que deja espacio para representar sujetos que no pertenecen a este mundo. Atlantique es el resultado de una habilidad artística que se acerca sin temor a un posicionamiento político, un acto temido y escaso en estos días. Disponible en Netflix

 

7. Western (Valeska Grisebach, Alemania-Bulgaria-Austria, 2017): Cuestionar la hegemonía del androcentrismo se puede hacer desde otros temas. En Western, la pregunta está sobre la masculinidad y la heterosexualidad compulsoria de sus protagonistas, una característica que se traslada a los conceptos de nación y los conflictos históricos entre países por el control sobre el otro. La observación de Grisebach al grupo de trabajadores alemanes es un tejido fino de lo que pasa cuando un elemento (otro hombre) escapa del molde. Porque las preguntas sobre esto también son esenciales para un cine desde el feminismo.

 

8. Verano 1993 (Carla Simón, España, 2017): Porque son contadas las ocasiones, cuando la perspectiva de una niña o un niño no es interpretada desde la condescendencia y la infantilización, Verano 1993 es un ejercicio sencillo y discreto que guarda en sus emociones contenidas la valiosa habilidad de dirigir la voz y la mirada de una niña que ve transformada su vida de un momento a otro. Simón sabe que las experiencias cotidianas son las más poderosas, las grandes narradoras en un cine que exige cada vez más “grandes acciones” para creer que sucede algo en la pantalla (El fenómeno de los Blockbuster). El cine de Simón es un cine de resistencia.

 

9. Nostalgia de la luz (Patricio Guzmán, Chile-Francia-Alemania-España, 2010): Como sucede con Tempestad y el trabajo de Tatiana Huezo, Patricio Guzmán hace del documental un vehículo para la memoria, no sólo como un documento audiovisual, sino una manera de reflexionarlo como concepto y las implicaciones que esto exige (como lo hace Polley en su juego con los relatos). Nostalgia de la luz es un texto poético que hila cuestionamientos a la vez pares, a la vez impares: ¿De dónde venimos? ¿En dónde terminamos? ¿Es posible saber nuestros orígenes si el Estado trata de borrar cualquier ápice de memoria histórica y política? Desde el desierto de Atacama y los grandes científicos investigando en él, hay voces de personas que buscan a sus desaparecidos para recordarnos que no es suficiente sólo con mirar al cielo.

 

10. Hagen y yo (Kornél Mundruczó, Hungría-Alemania-Suecia, 2014): Si Mati Diop se interesa por la otredad a través de grandes problemas como la migración masiva en Europa, Mundruczó lo hace de una manera particular: una guerra entre especies en donde la “raza” y la “clase” son esenciales para sobrevivir en un mundo desigual. Hagen y yo es una épica vista a través de los ojos de Lili, una joven de 13 años que quiere recuperar a su perro mestizo que fue abandonado a su suerte. En una revolución canina casi apocalíptica, Hagen y yo nos recuerda sobre los efectos del fascismo, la derecha y el empeño del ser humano por no empatizar con la otredad, temas que se perfilan como un efecto de bola de nieve que cada día crece más y más.

 

Olvin Otero, Honduras (Cinema 2.0, colaborador en Krinégrafo)

Construir listas resulta una tarea muy entretenida, las complicaciones surgen cuando se establecen criterios que limitarán su composición final. De lado está lo que sentimos, por ejemplo, la ilusión que me provoca el cine de Hong Sang-soo, que tiene entrada casi automática a cualquier top que realice. Sang-soo realizó 15 películas entre 2010-2018, para esta selección, elegiré cualquiera de su autoría. Este es un punto muy importante que debe quedar aclarado, pues hará más fácil entender esta entrada.  La selección es un tanto cruel y difícil, no solo al limitarla a 10 películas, sino también al tratar de recordar y evaluar cuanto ha cambiado mi forma de ver el cine. Me he cuestionado qué ha sido del cine en este periodo, resulta complejo, es un enredo caótico, tan heterogéneo en cuanto a narrativas y propuestas. Lo consolador es lo trascendente, diverso y maravilloso que resulta en su conjunto. Este listado ha sido editado tantas veces que, finalmente ha cerrado en uno fabricado con remembranzas, subjetividades y muy reprochable, pero contiene algunas películas que considero importantes, están ordenadas alfabéticamente.

 

Drive (Nicolas Winding Refn, Estados Unidos, 2011)

El caballo de Turín (Béla Tarr, Ágnes Hranitzky, Hungría-Francia-Suiza-Alemania-EE.UU., 2011)

El molino y la cruz (Lech Majewski, Polonia-Suecia, 2011)

En otro país (Hong Sang-soo, Corea del Sur, 2012)

La gran belleza (Paolo Sorrentino, Italia-Francia, 2013)

La mirada del silencio (The Look of Silence, Joshua Oppenheimer, Dinamarca-Indonesia-Finlandia-Noruega-Reino Unido-Israel-Francia-EE.UU.-Alemania-Holanda, 2014)

Lázaro feliz (Alice Rohrwacher, Italia-Suiza-Francia-Alemania, 2018). Disponible en Netflix

Misterios de Lisboa (Raoul Ruiz, Portugal-Francia, 2010)

Tabú (Miguel Gomes, Portugal-Alemania-Brasil-Francia-España, 2011)

Tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas (Apichatpong Weerasethakul, Tailandia-Reino Unido-Francia-Alemania-España-Holanda, 2010)

 

Yoshua Oviedo, Costa Rica (Krinégrafo, La Nación –Costa Rica–)

Si al leer una lista sobre algún tema surgen varias preguntas y no menos cuestionamientos, al realizar una, se multiplican. Como ejercicio es divertido, pero más allá de lo lúdico se busca responder una pregunta: ¿para qué? En mi caso, este listado de filmes, que para nada pretendo se considere como lo mejor de la década, tiene la intención de compartirles unos títulos que me hicieron repensar el cine, que me movieron de manera especial y, principalmente, con los que establecí un diálogo que sigue presente. Además, en vez de hacer un listado per se, agrupé las películas en temáticas, por ahí quien lo lea, percibirá mi cinefilia. Empezando por la memoria, esa forma de capturar el recuerdo, el pasado, lo no-dicho, lo no-mostrado, de una manera ingeniosa, reflexiva, el cine como testamento para futuras generaciones sobre hechos trágicos del pasado. De lo doloroso a la esperanza, ver una película es realizar un viaje, es soñar durante un determinado tiempo, de ahí que la segunda categoría contemple aquellos filmes que más me trasladaron por caminos de poesía, de luz hecha imagen, de sonidos estimulantes. Después de más de 100 años de cine, ¿qué no se ha hecho?, esta parece ser una pregunta constante, lejos estamos de la muerte del cine, por ello, la tercera sección es para obras ingeniosas que subvirtieron cánones, reglas, conceptos preestablecidos e invitan a entender el audiovisual de una forma diferente. Hasta acá van 11 películas, ya me había rehusado a eliminar una de ellas para ceñirme a la regla de 10; también hay que ir un poco en contra, sin embargo, por último, una película de género, el filme más reciente del listado, el cual me fue imposible no considerar, además, me servía como pretexto para tener un filme africano (me costó mucho no incluir Timbuktu), una cinematografía olvidada en Occidente, de muy difícil acceso y de la cual tenemos una gran deuda. Como también podrán notar, solo hay una serie (¿película?, ¿evento?, ¿audiovisual?) estadounidense y la única europea es de un realizador chino filmada en su país; no se trata de olvidar, prescindir o negar lo hecho por estas regiones, sino de apelar a un equilibrio que no existe en la mayoría de las selecciones de este tipo y que reflejan el adoctrinamiento por parte de la hegemonía en la distribución internacional de ciertos filmes en perjuicio de otros (aún en ciertos festivales). Realmente creo que el cine más relevante de esta década se habla en una pluralidad de idiomas y el inglés es tan solo uno entre tantos.

 

Memoria:

Nostalgia de la luz (Patricio Guzmán, Chile-Francia-Alemania-España, 2010)

La imagen perdida (Rithy Panh, Camboya-Francia, 2012)

La temporada del diablo (Lav Díaz, Filipinas, 2018)

Dead Souls (Bing Wang, Suiza-Francia, 2018)

 

Viajar-soñar:

Tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas (Apichatpong Weerasethakul, Tailandia-Reino Unido-Francia-Alemania-España-Holanda, 2010)

Kaili Blues (Bi Gang, China, 2015)

Arabia (Joao Dumans, Affonso Uchoa, Brasil, 2017)

Zama (Lucrecia Martel, Argentina-Brasil-España-República Dominicana-Francia-Holanda-México-Suiza-Estados Unidos-Portugal-Líbano, 2017)

 

Subvertir lo establecido:

Esto no es una película (Jafar Panahi, Irán, 2011)

Twin Peaks: El regreso (David Lynch, Estados Unidos, 2017). Disponible en Netflix

La Flor (Mariano Llinás, Argentina, 2018)

 

Una de género

Atlantique (Mati Diop, Senegal-Francia-Bélgica, 2019). Disponible en Netflix

 

Savina Petkova, Bulgaria-Reino Unido (Mubi, Electric Ghost Magazine, Girls on Tops, Photogénie)

 

Attenberg (Athina Rachel Tsangari, Grecia, 2010): The Slow Business of Going (2000), el destacado debut de Athina Tsangari, marcó el impulso de la llamada “Ola rara griega”, y Attenberg lo continuó con su exploración de lo que define al ser humano al margen de las normas societales. Al experimentar de forma transgresora con gestos y una concepción de sexualidad primitivos, Marina (Ariane Labed con una interpretación impresionante en su cualidad física) debe sobreponerse a su disposición misántropa. Es ahí donde Attenberg se pronuncia fuertemente sobre la naturaleza de la deshumanización y, al hacerlo, señala lo que necesitamos reevaluar y aprender nuevamente como sociedad.

 

Goodbye First Love (Un amour jeunesse, Mia Hansen-Løve, Francia-Alemania, 2011): El cine de Mia Hansen-Løve está siempre empapado de una penetrante sinceridad que representa las interacciones humanas en su estado más vulnerable. En Goodbye First Love, la francesa compone una dolorosa oda al amor en sus comienzos, cuando es sofocado, y cuando logra persistir. En una cronología simple, el filme despliega y reacomoda sus dinámicas de género, invitando al espectador a vivir una experiencia de introspección tan abrumadora como trascendental, sin necesitar de referentes filosóficos o caer en lo didáctico.

 

Cumbres borrascosas (Andrea Arnold, Reino Unido, 2011): Esta cruda, estremecedora, y sobretodo, audaz adaptación de la infame novela de Emily Brontë me ha apelado de la forma que ninguna otra jamás lo ha hecho. Andrea Arnold es una experta tanto de la psiquis humana como de la corporalidad femenina. El desenfreno de Kaya Scodelario como Catherine queda plasmado para siempre en la mente del espectador, aun cuando nunca es subrayado por los encuadres del filme. La vacilante cámara de Robbie Ryan se lanza con soltura a la vida íntima de los personajes, reinventando la noción de visualidad háptica y cercanía.

 

The Unspeakable Act (Dan Sallitt, Estados Unidos, 2012): Déjenle a Dan Sallit la tarea de referirse a los traumas que buscamos reprimir de una vez por todas. En su característica mezcla de pugilismo verbal y cámara estática, los zumbidos subterráneos de una situación social tabú se hacen palpables. Tallie Medel es una de las mejores herramientas a disposición de Sallit, ya que su vulnerabilidad y fundamento propulsan una simpatía desbordante, dejando al espectador vivir en carne propia la agonía inherente al amor contradictorio.

 

Thou Wast Mild and Lovely (Josephine Decker, Estados Unidos, 2014): Consolidada como una de las voces más queridas del cine independiente de los Estados Unidos, Josephine Decker es una cineasta que deslumbra y no deja reposar la cabeza ni por un solo segundo. Una maestra en retratar sin problemas la delgada membrana que divide la violencia y el erotismo, Decker por momentos puede alienar con sus osadas decisiones narrativas. Como si la historia de Thou Wast Mild and Lovely creciera desde el pulsante centro de la Tierra, esta es canalizada a través de una mujer silente e impredecible. Su deseo y dolor transforman el espacio en pantalla y el mundo interno de su contraparte masculino con la misma consecuencia, en una forma que garantiza quedar retratada en la nueva historia del feminismo; incorporando lujuria, escabrosas contradicciones, y lo carnal.

 

The Lobster (Yorgos Lanthimos, Reino Unido-Irlanda-Grecia-Francia-Holanda, 2015): En su debut angloparlante, el griego Yorgos Lanthimos traduce su desapego característico, líneas desarticuladas, y colores estériles y luz natural, para transformar un experimento mental en una sustanciosa distopía de relaciones. Se puede argumentar que The Lobster es el filme que mejor captura las múltiples capas de configuración ética, política, y sobretodo, romántica, que tanto representaron la última década. Al elevar la indagación crítica hacia un arte en sí misma, gracias a su idiosincrásico humor seco, Lanthimos nunca cesa de mantenerse sumamente entretenido, encapsulando el estatus quo en su siempre cambiante flujo, tanto en lo social como en lo individual.

 

You Were Never Really Here (Lynne Ramsay, Reino Unido-Francia-EE.UU., 2017): Orgullosamente pelearía por la causa del reconocimiento a Lynne Ramsay, pero sus filmes tienen un pulso tan estable que hacen ver innecesario cualquier intento de ayuda. Ejecutada con maestría en su ensordecedora consistencia tonal, You Were Never Really Here es el tipo de cinta que estremece hasta los cimientos, gracias a su delicado y paulatinamente intenso ritmo, tanto en la progresión narrativa como en la introspección psicológica. Lo mismo podría decirse de We Need To Talk About Kevin, largometraje similarmente devastador en su hilvanar del fracturado mundo interno de la protagonista a través de densidad visual, en encuadres, en montaje, y en musicalización, en vez de abusar en subrayados narrativos desde el diálogo. La idea del discurso tiene poco que hacer ante las contradicciones que nos postulan como humanos, y necesitamos de una mente tan brillante y despiadada como Ramsay para salvar nuestras almas.

 

Song to Song (Terrence Malick, Estados Unidos, 2017): La estética de Terrence Malick está sin duda profundamente engranada en el presente, al repensar las problemáticas mitológicas y religiosas una y otra vez, encontrando las fortalezas y debilidades de la humanidad en los lugares menos esperados. Al situar a Song To Song en mi lista de la década, también me celebro todos sus otros filmes de los últimos 10 años, lanzados antes y después, sin embargo, la cinta en cuestión logra elevar su polifonía de voces del desagüe humano hacia los cielos. Un director que nunca les niega agonía a sus personajes, Malick es sin lugar a dudas vivificante en una manera que destaca su hermetismo en un mundo cínico. Como contraparte a la cruda realidad, su cine siempre ha hablado a través del lenguaje de los conceptos y las estructuras atemporales, comunicando un anhelo por la salvación y la unión que permea la naturaleza humana, sea cual sea esta. Disponible en Netflix

 

A Ghost Story (David Lowery, Estados Unidos, 2017): Un proyecto de pasión para David Lowery, A Ghost Story es mucho más que su aspecto de radio cuadrado tributo al cine de antaño. Al capturar el paso del tiempo en una relación hacia el duelo y la oblicuidad narrativa, el filme ofrece una propuesta exquisita de la posición fantasmagórica del espectador. Al expandir su mundo en largas y contemplativas tomas, y luego condensar el tiempo universal a meros segundos, A Ghost Story triunfa en una nueva forma de identificación; una con el visiblemente invisible testigo que es la sábana blanca que se tiene como protagonista, trascendiendo los bien conocidos medios expresivos para evocar empatía.

 

Portrait of a Lady on Fire (Celine Sciamma, Francia, 2019): Al transformar la noción de la mirada, o la muy discutida “mirada masculina”, Portrait of a Lady on Fire es un futuro caso de estudio para hablar de la “mirada de mujer”. En este romance del siglo 19, nos sumergimos en un mundo hermético para así compartir la soledad complementaria de dos mujeres, y estamos felices de hacerlo por más de dos horas. Una película que deja vivir el proceso de enamoramiento con sus pinchazos leves pero profundos, los que comunica ingeniosamente a través de encuadres y distintos momentos musicales, Portrait of a Lady on Fire funciona tanto como una declaración en torno al rol de la artista mujer, así como de la representación del lesbianismo en pantalla. En un nivel profundamente humano, el largometraje no intenta seducir, ni consolar, sino serle fiel a su sentida postura sobre la necesidad de equidad tanto en el amor como en el arte.

*Traducción por Alonso Aguilar*

Silvia Piranesi, Costa Rica (Escritora, gestora cultural, encargada de la Mediateca de la Alianza Francesa)

Estas películas han marcado mi década. No necesariamente son las mejores, pero son las que han influenciado en mis obsesiones y mis maneras de ver el mundo. Son también las que han redirigido o quebrado por completo mis moralidades. Son las que le han dado nuevas formas a mi feminismo, las que no me dejan olvidar las bellezas más complejas y brutales. Las que me han permitido ser algo más que un testigo. Siempre pensé que ver cine servía para entender, pero cada una de estas películas me ha alejado de ese verbo. Encontrar o asociar me parecen mejores aproximaciones, o por lo menos, me siento más honesta pensando en el cine de esa manera. Me reafirman la admiración que tengo hacia quienes encuentran certezas. Me han ayudado a construir valentía y generosidad. Como dice un amigo, ver cine nos da armas contra la barbarie: contra la barbarie de pensarse a sí mismo como un ser inamovible, contra la barbarie de la indiferencia y la soberbia, contra las injusticias que parecen no acabarse nunca. Eso sí, espero que la próxima década sea más alegre y me deje alguna que otra comedia.

 

Poetry (Lee Chang-dong, Cora del Sur, 2010)

El árbol de la vida (Terrence Malick, Estados Unidos, 2011)

Tomboy (Céline Sciamma, Francia, 2011)

De óxido y hueso (Jacques Audiard, Francia-Bélgica-Singapur, 2012)

Laurence Anyways (Xavier Dolan, Canadá-Francia, 2012)

The Act of Killing (Joshua Oppenheimer, Dinamarca-Noruega-Reino Unido, 2012)

Una paloma se posó en una rama a reflexionar sobre la existencia (Roy Andersson, Suecia-Alemania-Noruega-Francia-Dinamarca, 2014)

Elle (Paul Verhoeven, Francia-Alemania-Bélgica, 2016)

Un sol interior (Claire Denis, Francia-Bélgica, 2017)

El libro de imágenes (Jean-Luc Godard, Suiza-Francia, 2018)

 

Armando Quesada Webb, Costa Rica (colaborador en Krinégrafo, El Semanario, deleFOCO)

En orden cronológico:

Poetry (Lee Chang-dong, Cora del Sur, 2010): El cuerpo de una joven flotando en el agua, una manzana y un libreto de versos. En Poetry el realizador contrapone este trágico e íntimo argumento con una puesta en escena sobria y distante, logrando resultados admirables. La elaboración de un poema funciona como el lienzo para plasmar el mundo interno de la protagonista y su confrontación con la soledad.

 

El árbol de la vida (Terrence Malick, Estados Unidos, 2011): En una ya de por sí divisiva filmografía, el siempre elusivo Terrence Malick comenzó con Tree of Life la etapa artística que terminaría de alienar a los escépticos de su trabajo. Todas las preocupaciones espirituales del director son canalizadas en esta reinterpretación de la historia bíblica de Job. Lo microscópico y lo cósmico se entrelazan con el fin de reafirmar la fe del realizador en el dios cristiano y su diseño del universo. Es una película de desbordante belleza en la que Malick logra la culminación de su arte.

 

Searching for Sugar Man (Malik Bendjelloul, Suecia-Reino Unido-Finlandia, 2012): Este filme es un retrato del cantautor Sixto Rodríguez, un músico fascinante, cuyas poéticas letras quedaron en el olvido en casi todo el mundo. A pesar de que la veracidad del documental es blanco de cuestionamientos, es imposible no ser cautivado por su encantadora narrativa. El suicidio del realizador poco después del estreno de este largometraje, sin embargo, impregna de amargura cada visionado de Searching for Sugar Man.

 

La gran belleza (Paolo Sorrentino, Italia-Francia, 2013): La vehemente obra de Paolo Sorrentino logra conectar dos elementos en apariencia irreconciliables: lo espiritual y lo carnal. Su sexagenario protagonista deambula por los excesivos círculos sociales de la clase alta italiana, decepcionado por haber fracasado en su búsqueda de lo trascendental. Inevitablemente la película ha sido objeto de incontables comparaciones con La Dolce Vita. No cabe duda de que Sorrentino se alimenta del clásico de Fellini, pero encasillarla como un mero refrito es una burda simplificación de las grandes virtudes artísticas de esta gran obra.

 

Inside Llewyn Davis (Ethan y Joel Coen, EE.UU.-Reino Unido-Francia, 2013): Una historia cruda, deprimente e incómodamente graciosa. Es decir, todas las marcas de los hermanos Coen. Inside Llewyn Davis es fácilmente la mejor obra de su sobresaliente filmografía. Las imágenes de Bruno Delbonnel muestran una Nueva York gélida y desesperanzadora, donde la música folk pareciera ser la única muestra de vida. Imposible no mencionar, además, las bellísimas interpretaciones de los temas musicales compuestos por T-Bone Burnett y Marcus Mumford.

 

El viento se levanta (Hayao Miyazaki, Japón, 2013): Este filme era la supuesta despidida del gran ícono de la animación, Hayao Miyazaki. Aunque él mismo ya confirmó que su carrera todavía no termina, The Wind Rises tiene las características de un testamento artístico. Hay un marcado contraste con sus otros filmes, no solo porque el realizador se alejó de los viajes mágicos y los mundos fantásticos, sino por el tono amargo y desesperanzado que predomina en todo el metraje. El maestro japonés compuso una obra madura e íntima que hubiese servido como una digna conclusión para su ilustre trayectoria.

 

Silencio (Martin Scorsese, EE.UU.-Reino Unido-Taiwán-Japón-México-Italia, 2016): La fe (o la culpa) católica es el tema omnipresente en la filmografía de Martin Scorsese. A veces es discreta, pero siempre está ahí. Puede manifestarse como un sutil símbolo religioso apenas visible en el fondo, o explícitamente apoderarse de cada segundo del filme, como sucede en Silence. Gracias a la autenticidad en el abordaje psicológico de sus personajes y a su puesta en escena soberbia y reposada, la obra se convierte en un desgarrador cuestionamiento del silencio de Dios.

 

Arabia (Affonso Uchoa y João Dumans Brasil, 2017): Un juego con la narrativa. Una película que se transforma. Una historia dentro de otra. Arabia es todo eso al mismo tiempo. La historia del joven protagonista es una sentimental crónica sobre la soledad y un mosaico que muestra las vidas que habitan la inmensidad del Brasil rural. Arabia es cine auténtico y desgarrador, de aquel que inevitablemente deja una huella permanente en el espectador.

 

El hilo invisible (Phantom Thread, Paul Thomas Anderson, EE.UU.-Reino Unido, 2017): Oscilando entre lo ridículo y lo soberbio, Phantom Thread es una magnífica y angustiante deconstrucción de los romances de época que tanto han abundado en Hollywood desde sus inicios. Paul Thomas Anderson ha ido depurando su estilo con cada nuevo filme, volviéndose más radical, estética y temáticamente. Esto queda perfectamente ejemplificado con Phantom Thread, su definitiva obra maestra. La película fue además una digna despedida para un ícono como lo es Daniel Day-Lewis.

 

Zama (Lucrecia Martel, Argentina-Brasil-España-República Dominicana-Francia-Holanda-México-Suiza-Estados Unidos-Portugal-Líbano, 2017): Don Diego de Zama espera su traslado a Buenos Aires y el espectador con él. Poco a poco se acrecienta la desesperación hasta que se pierde la noción de la realidad. La directora crea una atmósfera hipnótica y surreal, en la que el tiempo pareciera no existir. En su cuarto largometraje, Lucrecia Martel elabora una puesta en escena impecable, que se nutre de sus propuestas anteriores y perfecciona su estilo.

 

Mariángel Solomita, Uruguay (Corre Cámara -canal: TV Ciudad-; diario El País, Uruguay; integra la directiva de la Asociación de Críticos de Cine del Uruguay, tutora Talents Guadalajara)

10- The Meyerowitz Stories (Noah Baumbach, Estados Unidos, 2017): Especialista en narrar el desgaste de relaciones afectivas que deben romperse más allá del cariño, Baumbach es un director que acuna a sus personajes en el ridículo, pero haciendo de este riesgoso ejercicio un código empático. Este título, como muestra de una cinematografía que logra observar con agudeza y ternura la vida privada de la burguesía estadounidense contemporánea. Disponible en Netflix

 

9- O som ao redor (Kleber Mendoca Filho, Brasil, 2012): Una crónica de la pérdida de los valores en la convivencia comunitaria. El triunfo de la desconfianza, el miedo al miedo, el negocio del temor, la soledad en metros cuadrados. Los pequeños conflictos que rompen la añorada armonía, una temática que el director retoma en otra gran obra del cine brasileño: Aquarius.

 

8- The house that Jack built (Lars von Trier, Dinamarca-Francia-Suecia-Alemania-Bélgica, 2018): Enorme regreso de un provocador. Un ensayo sobre la fascinación del cine hacia los personajes violentos; una reflexión acerca de los límites del tratamiento estético y ético de la violencia en tiempos en que los asesinos seriales son un consumo de moda. Perversa, sádica y genial.

 

7- Parásitos (Bong Joon-ho, Corea del Sur, 2019): La madurez creativa de un director fundamental. Sátira sobre la desigualdad social y el cinismo de las reglas de convivencia en el capitalismo, que mediante el humor negro desvela las grietas de una sociedad fragmentada que erosiona, cuando quienes sobreviven en los márgenes, dan un paso en falso en su ambición por pertenecer a una esfera que les es inalcanzable.

 

6- Dolor y gloria (Pedro Almodóvar, España-Francia, 2019): Un poderoso ejercicio de autoficción para narrar la trayectoria profesional y personal de Almodóvar, desmenuzando el origen y persistencia de los traumas asociados al deseo desde una amplitud de relacionamientos familiares, creativos y amorosos. Un homenaje al arte (y particularmente al cine) como salvación.

 

5- Nader y Simin, una separación (Asghar Farhadi, Irán-Francia, 2011): Ninguna cinematografía confía tanto en el humanismo como la iraní. Una disección de la incomunicación en una sociedad contradictora, víctima de una construcción moral que se tambalea entre las tradiciones culturales islámicas y las occidentales.

 

4- Tabú (Miguel Gomes, Portugal-Alemania-Brasil-Francia-España, 2011): Tres mujeres ganadas por la apatía y la soledad en una Lisboa actual; el relato de un pasado de aventura y trágico romanticismo en África de una de ellas. Un experimento poético de enorme virtuosismo técnico que entrecruza géneros y tiempos narrativos para construir una obra con la vitalidad y la mística de un ritual.

 

3- Leviatán (Andrey Zvyagintsev, Rusia, 2014): La podredumbre de la política infiltrándose en las pequeñas vidas. La corrupción pública, invadiendo lo íntimo. Un demoledor monstruo antiguo, indestructible y sediento que siempre logra extinguir lo que lo estorba. La obra consagratoria de uno de los mejores directores del cine contemporáneo.

 

2- The Act of Killing (Joshua Oppenheimer, Dinamarca-Reino Unido-Noruega, 2012): El cine usado como arma letal para remover la mala memoria. Un director valiente que hizo de un dispositivo narrativo un gesto fundamental para transformar la pasión por el cine de los protagonistas en medio, para que interioricen sus terribles crímenes. La ficción sacudiendo a la realidad; el cine siendo un espejo que interpela sin juzgar.

 

1- Dos días, una noche (Luc Dardenne, Jean Pierre Dardenne, Bélgica-Francia-Italia, 2014): Un impecable retrato social acerca de la solidaridad en tiempos de crisis económica. Los indispensables Dardenne se meten en el universo de las relaciones laborales, analizando cómo sobrevive la empatía en un modelo de negocios imperante que deshumaniza a sus empleados y los empuja al egoísmo.

 

César Mena Torres, Costa Rica (Krinégrafo, Cinemaldito, 10películas/24horas)

De antemano disculpas por las omisiones, complicado sacar una lista de este tipo, aún más pensando en la multitud de películas que han quedado rezagadas sin poder ser vistas. De todas formas, se ofrece una selección diversa e interesante que sirve para descubrir o redescubrir joyas que puede hayan pasado desapercibidas y sean de interés. En orden cronológico

El árbol de la vida (Terrence Malick, Estados Unidos, 2011)

El caballo de Turín (Béla Tarr, Ágnes Hranitzky, Hungría-Francia-Suiza-Alemania-EE.UU., 2011)

Tabú (Miguel Gomes, Portugal-Alemania-Brasil-Francia-España, 2011)

Bird People (Pascale Ferran, Francia, 2014)

Güeros (Alonso Ruizpalacios, México, 2014)

La sal de la Tierra (Wim Wenders y Juliano Ribeiro Salgado, Brasil-Francia-Italia, 2014)

Aloys (Tobias Nölle, Suiza-Francia, 2016)

Aquarius (Kleber Mendonça Filho, Brasil-Francia, 2016)

An Elephant Sitting Still (Hu Bo, China, 2018)

Long Day’s Journey Into Night (Bi Gan, China-Francia, 2018)

 

Jurgen Ureña, Costa Rica (Cineasta; La Nación –Costa Rica–)

Comencemos con una pregunta: ¿qué es una película destacada? Podría ser aquella película importante por sus valores estéticos y sociales, así como por las formas en las que define y amplía los márgenes de su propio contexto. En otras palabras, se considera que una película es destacada –o merece destacarse- no sólo por sus atributos sino también por la estela que deja a su paso. Estos son algunos de los filmes estrenados durante la última década, que cabrían dentro de esa categoría.

 

Exit through the gift shop (Banksy, Reino Unido, 2010): Practica un insólito juego de equilibrista entre el documental de found footage que confirmará durante esta década la relevancia de Asif Kapadia, el director de Senna (2010), Amy (2015) y Diego Maradona (2019), y el cine autobiográfico que estará representado por cineastas como Alfonso Cuarón (Roma, 2018), Agnès Varda, (Varda por Agnès, 2019) y Pedro Almodóvar (Dolor y gloria, 2019). Los créditos finales de Exit through the gift shop afirman que se trata de “un film de Banksy”: el artista más enigmático de nuestro tiempo.

 

El árbol de la vida (Terrence Malick, Estados Unidos, 2011): Es un ambicioso poema cinematográfico que se distingue decididamente del cine hollywoodense que le precede. Tras su estreno, estrellas de Hollywood como Christian Bale, Cate Blanchett, Natalie Portman, Ryan Gosling y Rooney Mara se sumaron con entusiasmo a las obras sinfónicas de Malick. Una y otra vez, en filmes de forma -y fórmula- como To the Wonder (2012), Knight of Cups (2015) y Song to Song (2017), Malick y su tropa estelar intentaron sin éxito acercarse a la exquisita y delicada complejidad de El árbol de la vida.

 

Nader y Simin, una separación (Asghar Farhadi, Irán-Francia, 2011): Dos años antes, el iraní Asghar Farhadi ya había dado muestras de su condición de guionista virtuoso con A propósito de Elly (2009). Una separación es un melodrama familiar que se transforma en un thriller judicial conforme ahonda en las motivaciones y complejidades de sus protagonistas. Se trata de una película notable por su inteligencia, que podría haber sido filmada por algún gran maestro de la historia cine. Una separación confirma a Farhadi como uno de esos maestros.

 

Holy Motors (Leos Carax, Francia-Alemania, 2012): Es una declaración de amor al oficio actoral. Es también una película inclasificable que reivindica la opacidad y el misterio como valores estéticos. Holy Motors es a la década de los 2010s lo que Mulholland Drive (2001) fue a la década anterior. Además de los puntos de contacto con David Lynch, las búsquedas de Carax en este filme pueden igualarse a las de cineastas contemporáneos como Carlos Reygadas (Post Tenebras Lux, 2012) y Shane Carruth (Upstream Color, 2013), entre otros.

 

The Master (Paul Thomas Anderson, EE.UU., 2012): Bastaría afirmar que The master es la mejor película de uno de los más importantes cineastas contemporáneos para sumarla a esta lista. El propio Paul Thomas Anderson la señala como la obra que más le enorgullece. The master se estrenó en el Festival de Venecia, donde consiguió el León de Plata a la Mejor Puesta en Escena y la Copa Volpi a la Mejor Interpretación Masculina para Philip Seymour Hoffman y Joaquin Phoenix. Seymour Hoffman falleció dos años después. Phoenix protagonizó posteriormente Her (2013), The Sisters brothers (2018) y Joker (2019), entre otras películas, y se convirtió en el actor de la década.

 

Mad Max: Fury Road (George Miller, Australia-EE.UU.-Sudáfrica, 2015): Es el filme más dinámico, entretenido e intenso de la serie de películas que tres décadas atrás inventó el cine pos apocalíptico, tal como lo conocemos hoy. Este delirante western punk, que fue filmado en el desierto de Namibia por un grupo de australianos septuagenarios, reinventa las distopías cinematográficas y abre una puerta hacia el futuro de los “blockbuster”. El logro excepcional se consigue conforme sus creadores, encabezados por el director George Miller, miran hacia atrás y se apropian de la mecánica febril del cine silente.

 

El club (Pablo Larráin, Chile, 2015): Aborda el espinoso tema de los abusos sexuales de la iglesia católica a menores de edad. El filme del director chileno Pablo Larraín dibuja lo monstruoso en sus personajes mediante una inusual mezcla de mordacidad y oscuridad claustrofóbica y opresiva. El club renueva una larga tradición de cine de denuncia en América Latina y forma parte del movimiento cinematográfico que surgió durante esta década como respuesta a los abusos del clero, al lado de películas como Spotlight (2015) y Gracias a Dios (2018).

 

Toni Erdmann (Maren Ade, Alemania-Austria-Mónaco-Rumanía-Francia-Suiza, 2016): Las películas que integran el club de las comedias alemanas hilarantes se cuentan con los dedos de una mano. Toni Erdmann (2016) es una de ellas. El filme que dirige la cineasta Maren Ade ofrece una mezcla de farsa inteligente, y algunas veces extravagante, con un naturalismo fresco y conmovedor. De esa forma, Toni Erdmann se presenta como el punto más alto de una serie de películas afines dirigidas por mujeres, entre las que pueden destacarse Somewhere (Sofia Coppola, 2010), The Future (Miranda July, 2011) y Frances Ha (coguionisada por Greta Gerwing, 2012).

 

Get Out (Jordan Peele, Estados Unidos-Japón, 2017): Es una alegoría necesaria del racismo y la experiencia afroamericana en la era Trump. La ópera prima de Jordan Peele es desconcertante, opresiva y, de forma sorprendente, muy divertida. Además, Get Out es un claro indicador del buen momento que vive el cine de horror estadounidense. La bonanza se anunció un par de años atrás, con películas como It Follows (2015) y The witch (2015). El arribo posterior de los filmes Hereditary (2018), Midsommar (2019), Us (2019) y El faro (2019) confirmó que el horror estadounidense tiene mucho que aportar al debate sobre nuestras sociedades contemporáneas. Disponible en Netflix

 

Parásitos (Bong Joon-ho, Corea del Sur, 2019): La última ganadora de la Palma de Oro de Cannes de la década es seguramente una de las películas más divertidas que se presentó en ese certamen. Parásitos (2019) representa un punto alto en la brillante carrera del director Bong Joon-ho y un lúcido ejemplo de que la reflexión y el entretenimiento pueden viajar en el mismo tren. Parásitos es, además, el corolario de una serie de películas coreanas destacables de la década, entre las que se incluyen Pieta (2012), La doncella (2016), The Wailing (2016), El hotel a orillas del río (2018) y Burning (2018).

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *