Jojo Rabbit: El optimismo como revolución

Por María José Madriz

A lo largo de la historia del cine son varios los directores que se han atrevido a satirizar el contexto tabú que usualmente es el Tercer Reich. El director neozelandés, Taika Waititi, se une a esta exclusiva lista con su más reciente película, Jojo Rabbit. 

Así como el absurdo Hitler interpretado por Charles Chaplin en The Great Dictator (1940), Waititi comparte un acercamiento similar. En Jojo Rabbit el cineasta no solo interpreta a la figura más infame del siglo XX, sino que justifica la existencia del personaje desde la imaginación del protagonista, un niño nazi de 10 años cuyo sueño es servir y luchar por el Tercer Reich. Esta premisa en sí misma plantea la dicotomía de la obra entre lo absurdo y lo peligroso de la realidad en que está basada. 

Es en el desarrollo de la película que se encuentra lo inestable de la propuesta. Desde el “ADN” de la misma, se plantea que su abordaje es temerario, construyendose de la forma más cínica desde el humor. Esto arremete contra su estructura de guión la cual es extremadamente selectiva en los hechos que presenta y en el nivel de “oscuridad” que aborda. 

Durante toda la historia no se mencionan muchas de las atrocidades que se vivieron en los últimos días del Nazismo en Alemania, una decisión que debilita la irreverente propuesta inicial. Tanto es así que el humor negro dentro del tratamiento es censurado por la misma película. Las salas de cine no habrían reído con la misma intensidad si Jojo, producto de la explosión, en lugar de quedar con cicatrices imperceptibles hubiera terminado sin un brazo.

Esta decisión por parte del director de priorizar el tono “feel good” de la película sobre el “statement” de su argumento, resta poder en el impacto pero hace mucho más accesible la cinta. ¿Es esto una decisión consciente o solo miedo a ir a lo más oscuro? Solo Taika Waititi y su equipo de producción saben la respuesta a esta pregunta.

Jojo Rabbit busca parodiar los prejuicios, pero, ¿que tan efectivo es hacerlo con un tono amigable?

En contraste con Jojo Rabbit, resaltan en la memoria ejemplos recientes de un mejor equilibrio entre dualidades, como BlacKkKlansman (2018) de Spike Lee. Tal obra oscila entre la comedia y el drama de forma tan bien lograda que los espectadores, entre escenas, quedan con risas cortadas y ahogadas que invitan a la reflexión.

Es claro que la esencia de Jojo Rabbit no es el análisis o la profundidad en los temas planteados. Pero, ¿logra la decisión de no ir a espacios más oscuros en la historia liberar la obra de responsabilidades históricas?

Si bien es cierto, el optimismo como tratamiento permite al espectador salir de la sala con una sonrisa después de haber visto una película sobre nazis, y este es un resultado revolucionario en sí mismo. Sin embargo, habrá quienes piensen que el acercamiento desentendido no quedó solo en el tratamiento del filme, sino también a la hora de apropiar el compromiso ético que implica trabajar sobre esta temática.

No hay duda de que Jojo Rabbit logra capturar el mensaje de superación que quiere enviar, y gracias a su tratamiento optimista, las personas lo reciben sin miramientos o vacilación. Aún cuando para muchos quede la duda de si reír es la solución ideal. 

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