De la pandemia a Soderbergh

 

El momento que vive el mundo por el COVID-19 ha hecho que una película de hace casi diez años alcance una gran notoriedad, Contagion (2011) cuenta como un variado grupo de personajes intentan combatir una terrible enfermedad pandémica que se comienza a propagar por todo el planeta, su alta capacidad de transmisión y mortalidad enajenan a la población.

 

Scott Z. Burns, guionista del filme, aprovechó el boom que provocó el H1N1 en 2009 y el SARS un poco más atrás en 2003 para trabajar en esa idea. La pandemia actual no le ha tomado por sorpresa, según menciona en entrevistas recientes los científicos a los que entonces acudió concordaban en que era inevitable que esto sucediera. Además, la película tiene un lema que ha quedado más que confirmado en la emergencia actual: «Nothing spreads like fear».

 

El filme se ha convertido en uno de los más consultados en páginas especializadas de cine como IMDB, o de los más alquilados, por ejemplo en la plataforma de iTunes. Incluso su elenco fue contactado por la Universidad de Columbia para realizar un video buscando concienciar a la población:

 

 

Casualmente a finales de diciembre tuve la oportunidad de volver a verla, lejos de hacerlo por los motivos que actualmente mueven a las personas, ya que en octubre comencé con una tarea que desde años atrás le estaba dando vueltas a mi cabeza, me impuse ver toda la filmografía del realizador estadounidense Steven Soderbergh, director de Contagion. ¿Pero por qué repasar la carrera de una persona al que difícilmente alguien considere como su director favorito?

 

Un punto de quiebre

 

Paupérrimo póster de Ocean’s Thirteen con todas sus luminarias.

Casualmente Contagion trajo de vuelta para Soderbergh el molde del cine comercial: grandes estrellas y un alto presupuesto, luego de varios títulos alejados de dicha concepción. El último de los trabajos que encaja con esa idea había sido Ocean’s Thirteen (2007), la tercera parte de su saga alrededor del ambicioso Danny Ocean y sus secuaces, con un presupuesto de $85 millones y un extenso elenco que incluía -entre otros- a George Clooney, Brad Pitt, Matt Damon, Al Pacino, Don Cheadle y Casey Affleck.

 

De hecho, esta saga explica muy bien buena parte de la carrera de Steven Soderbergh, su lado más comercial y, por ende, más conocido. La trilogía de Ocean recaudó para Warner Bros. más de mil millones de dólares, aparte que en 2018 se estrenó Ocean’s Eight de Gary Ross, filme producido por Soderbergh y Clooney que cuenta con un excelso reparto femenino.

 

Entre Ocean’s Thirteen y Contagion hay seis películas que enmarcan a la perfección la otra parte de su carrera, sus intereses personales y artísticos: un filme -o dos- lo más neutral posible sobre un líder revolucionario latinoamericano, una película protagonizada por una exactriz pornográfica, una obra que es un punto medio, un documental muy personal en homenaje a Spalding Gray y una película que parece nadie verá nunca.

 

Una para mí, una para ellos

 

Steven Soderbergh mostrando su Palma de oro.

El interés en hacer este repaso se dio algún día revisando su filmografía, ya que entre títulos de gran reconocimiento como su debut Sex, Lies and Videotape (1989), Traffic (2000), Erin Brockovich (2000), la ya mencionada trilogía de Ocean (2001, 2004, 2007) o más recientemente la infravalorada Logan Lucky (2017), se encuentran algunos fracasos comerciales, además de películas pequeñas y desconocidas donde experimenta con el lenguaje cinematográfico.

 

El éxito de su primer largometraje fue impensado, ayudó a revitalizar al Festival de Sundance donde tuvo sus primeros pases, llegó a ganar de forma inesperada la edición 42 del Festival de Cannes, con un jurado encabezado por Wim Wenders, que contaba -entre otros- con Héctor Babenco, Krzysztof Kieślowski, el escritor Peter Handke o la actriz Sally Field, y además le valió la nominación a Mejor guion original en los Oscar.

 

Soderbergh pasó en cuestión de meses de ser un desconocido a ser el foco de atención, sin embargo, los fracasos comerciales de sus siguientes largometrajes llegaron a quebrar la imagen de director prometedor, siendo el clímax de esto la que él mismo señala como su peor película: The Underneath (1995).

 

Debido a esto, 1996 se convierte en un año primordial, estrenando dos pequeños largometrajes que le sirvieron para encauzar nuevamente su carrera. Primero, Schizopolis, donde actúa (en un papel doble), escribe, dirige y musicaliza en parte, Soderbergh se ríe de su labor, de sus fracasos, de la crítica, del espectador, de la comunicación personal, rompe la cuarta pared, obteniendo un trabajo inigualable en cuanto a forma, historia y producción. Abajo el hilarante avance de la película:

 

 

Por otro lado, Gray’s Anatomy, una película donde continúa experimentando con el lenguaje cinematográfico y el guion, cuenta casi únicamente con la intervención del actor y monologuista Spalding Gray, que recita uno de sus monólogos. Sus intenciones para una obra de este tipo era explorar alrededor de las posibilidades de su profesión y del lenguaje cinematográfico.

 

Tengo la firme creencia que este año salvó la carrera de Soderbergh y cuadró su forma de hacer cine: una película para él (más experimental) y otra para el público (más formal), aunque claro hay momentos en que ambas se entrecruzan, como por ejemplo en The Good German (2006), e incluso en las películas del Che (2008).

 

2011

 

De regreso a este año que tiene la particularidad de mostrar las diversas facetas de Soderbergh. Contagion, como la película de índole comercial y más formal, a ella se le suma como punto intermedio Haywire, atípico filme de acción protagonizado por la exluchadora de artes marciales Gina Carano, con un presupuesto bajo (para el estándar de las grandes producciones estadounidenses) y una mala recaudación, el filme recuerda sus primeras obras, agraciadas por la crítica pero que no lograron encajar con el espectador.

 

Fotografía de Tom Tom, la puesta en escena que Steven Soderbergh hizo para la Compañía de Teatro de Sydney.

Por su parte, en el extremo más experimental está The Last Time I Saw Michael Gregg, con un trasfondo sumamente interesante. Mientras filmaba The Good German (2006), Cate Blanchett le preguntó a Soderbergh si no le interesaba dirigir teatro, ya que ella y su esposo -Andrew Upton- se iban a hacer cargo de la dirección de la Compañía de Teatro de Sidney, por lo cual le extendían la invitación de montar alguna obra, Soderbergh no se pudo negar.

 

Es así como en el año 2009, en tierras australianas, el realizador se enfrascaría en la puesta en escena de una obra titulada Tot Mom, referida al caso real ocurrido en 2008 de la desaparición y posterior confirmación de muerte de Caylee Marie Anthony, una bebé de apenas dos años, aparentemente asesinada a manos de su propia madre, el caso alcanzó gran revuelo en los Estados Unidos, teniendo una enorme cobertura mediática.

 

 

Durante su estancia en tierras australianas ¿cómo puede pasar el tiempo libre un realizador tan incansable? La respuesta es sencilla, filmando una película con los recursos disponibles. Así es como se gesta The Last Time I Saw Michael Gregg, que está fechada en IMDB como del año 2011, ¿por qué ese año? Quizá fue el momento en que por primera vez se escuchó hablar de esta película.

 

Este filme fue realizado con el elenco que estaba realizando la obra de teatro, el argumento gira alrededor de un grupo de actores que estaba montando la obra Three Sisters de Anton Chekhov. Este trabajo es completamente improvisado, donde tras darle vuelta durante una semana a la idea, reunirse con el equipo de trabajo y plantearles algunas situaciones, se procedió a filmar en diez días.

 

Lo más curioso de toda esta inverosímil historia es que la película nunca ha sido estrenada, ni siquiera ha tenido un pase en algún festival de cine, Soderbergh se ha limitado a decir en reiteradas entrevistas que fue un filme hecho únicamente para que fuera visto por el elenco con el que trabajó, de ahí que le diera una copia a cada uno de ellos, dejando la salvedad de que no podían transmitirlo públicamente, solo en casa.

 

El falso retiro

Detrás de cámaras de Unsane, Soderbergh filmando con un iPhone 7 plus.

 

En los años 2011 y 2013 Soderbergh dejaba entrever un retiro prematuro del cine, para dedicarse entre otras cosas a la pintura, ¿publicidad gratuita o un verdadero sentimiento de ya no saber que contar? Lo único seguro es que sus ansias por explorar nuevas áreas lo sacaron del retiro (sí es que en algún momento lo estuvo), la película para televisión Behind the Candelabra o la serie The Knick (2014-2015), además del impulso económico de Magic Mike (2012), que con un costo de apenas $7 millones y una recaudación de $167 millones es su obra más rentable.

 

Actualmente Soderbergh sigue más activo que nunca, con las ideas intactas de su cine, con su parte más formal como su próximo estreno Let Them All Talk, con Meryl Streep y Lucas Hedges como protagonistas, filme que por cierto será distribuido por la plataforma HBO Max. Así mismo, sigue explorando nuevas posibilidades de realización, como la serie interactiva de HBO, Mosaic (2018), o sus películas dirigidas con un iPhone: Unsane (2018) y High Flying Bird (2019), está última producida por Netflix, con quién también se alió en su momento para que distribuyeran The Laundromat (2019).

 

Cineasta multifacético e incansable, de los directores estadounidenses más interesantes y arriesgados de la actualidad, al que no le importa filmar con un presupuesto alto y reconocidas estrellas, y a los pocos meses filmar con un elenco no profesional, con un presupuesto ínfimo y experimentando, o bien, mezclar ambas perspectivas como en Full Frontal (2002).

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