La Mexicana: Defectuoso retrato de las calles josefinas

Por Armando Quesada Webb 

En Tres Marías (2010), el director Francisco González exploró las vidas de tres mujeres durante una noche en los barrios de San José. Aquella fue una película con resultados irregulares que tomaba de Amores Perros (Alejandro González Iñárritu, 2000) tanto en su estructura dramática como en su afán de exhibir las dinámicas sociales de un entorno urbano.     

La Mexicana es una especie de película hermana de Tres Marías. La nueva obra de González comparte muchas de las características narrativas y estilísticas de su trabajo anterior, pero también amplifica sus debilidades. 

De la misma manera, este filme cuenta una historia sucedida a lo largo de una sola noche en San José. Ninja, el protagonista, es un vendedor de drogas cuyo hermano fue asesinado y quien, debido a una serie de conflictos con clientes y socios, pareciera estar siguiendo el mismo fatal camino. 

El realizador se asegura de dejar muy claro al inicio de la obra que esta fue elaborada sin utilizar un guion tradicional y que se apoyó en el trabajo de improvisación de los actores. Resulta paradójico que a partir de este trabajo de improvisación haya surgido una historia tan convencional. La Mexicana está inundada de clichés y lugares comunes de los productos televisivos conocidos como narconovelas. 

Por más que lo intenta, la atmósfera de tensión nunca termina de calar. Es difícil vislumbrar la magnitud del conflicto cuando los diálogos son forzados y los personajes acartonados. Algunas figuras, como la del criminal mexicano llegan inclusive a rayar la categoría de parodia.

Justo como en Tres Marías, en la película se pueden apreciar varios paisajes reconocibles de San José, como sodas, bares y parques. Esta ambientación queda relegada como un elemento contextualizador debido a la frivolidad en la representación de las realidades sociales josefinas. 

A pesar de la sencillez del argumento, este no termina de dejar en claro hacia dónde va, qué quiere examinar sobre San José, las personas que lo habitan, la desigualdad o la violencia. La historia carece de verosimilitud o de sentido de consecuencia para sus personajes. Aunque busca crear inmersión en las situaciones dramáticas, la pobreza del desarrollo causa que el filme se estanque en lo anecdótico e impide que logre despegar en sus 54 minutos de duración. Por lo menos Tres Marías gozaba de coherencia en su narrativa. Algo así no se podría decir de La Mexicana. 

La obra demuestra también deficiencias en los aspectos técnicos. Hay abundantes problemas en la mezcla de sonido (particularmente en las inserciones musicales), así como ecos y diálogos con el sonido desfasado. Son evidentes varias fallas en el montaje como cortes abruptos y errores en la continuidad. El uso de cámara en mano, además, provoca distanciamiento del drama a raíz de su ejecución arbitraria. 

La Mexicana no pasa a ser más que una larga secuencia de interacciones absurdas entre sus personajes ¿Había que sentir lástima por Ninja? ¿Era este joven un producto de su entorno tóxico? Inevitablemente surgen preguntas, pero es inútil tratar de encontrar congruencia donde simplemente no la hay. 

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