Bacurau: Vísceras y revoluciones

Al partir desde la vasta infinidad de las estrellas, el plano inicial de Bacurau irrumpe en la estratosfera hasta llegar a un punto perdido dentro del sertão brasileño. Se trata del pequeño pueblo que titula el filme, una hermética comunidad tan aparentemente insignificante y aislada que su naturaleza ficticia se vuelve anecdótica. A pesar de las idiosincrasias que son develadas progresivamente por la narrativa, los conflictos en esta locación no se distinguen demasiado de aquellos que tradicionalmente atañen a la ruralidad en América Latina; dando así nuevo significado al momento en que la melodiosa voz de Gal Costa recita “como um objeto não identificado”.

En Bacurau, filme y poblado, todo irradia un aura de inquietud. Las imágenes que vemos, las interacciones que son retratadas, e inclusive las situaciones más trilladas, todas se atañen a alguna referencia, y a su vez, proponen un giro indudablemente propio. La secuencia que introduce a la región protagónica, por ejemplo, muestra un camión a alta velocidad en medio de un paraje desolado. Algún cinéfilo voraz inmediatamente pensará en la emoción trepidante de cintas como Le salaire de la peur (1953), Duel (1971) o Mad Max (1973), y si bien la construcción del largometraje aprecia y apropia abiertamente su lugar en la tradición de cine de género, las intenciones de los directores Kleber Mendonça Filho y Juliano Dornelles van más allá del mero escapismo.

En sintonía con la rica historia del cine brasileño, la dimensión política está fuertemente engranada en los cimientos del largometraje. Los sospechosos son los mismos de siempre; transnacionales que buscan explotar recursos naturales, políticos ostentosos y populistas, y el violento espectro del colonialismo. Pero a diferencia de las punzantes sátiras burguesas que se hacían durante el cinema novo, ilustremente Glauber Rocha en Terra em Transe (1967), el enfoque esta vez yace en los “desafortunados” habitantes. La mayor parte del primer acto de la película se construye a partir de una observación casi etnográfica de la vida cotidiana en Bacurau. Ritos fúnebres, donaciones proselitistas y reuniones vecinales vislumbran el fuerte sentido de unidad que caracteriza al poblado, y que será puesto a prueba mediante avanza el metraje.

Una vez que la tensión llega a su clímax y la narrativa revela sus cartas, el improbable éxito audiovisual brasileño da rienda suelta al desenfreno. Por si la utilización de una composición de John Carpenter no fuera suficiente indicio, la cinta se transforma en un sangriento juego de gato y ratón donde un grupo de mercenarios estadounidenses liderado por el icónico Udo Kier (Suspiria, Shadow of The Vampire y múltiples filmes de Lars Von Trier) intenta derrocar a la comunidad. Sobra adelantar que el pintoresco grupo de habitantes (donde resaltan Sonia Braga, Barbara Colen y Thomas Aquino) tiene planes que no involucran sumisión alguna.

Entre su provocación de suspiros a lo Cine B, ritmos deliberados de filme de festival (fue estrenada en Cannes) y fervor político de audiovisual subversivo, Bacurau reluce por su poco ortodoxo acercamiento a la reivindicación social; haciendo de su imaginativa y posmoderna reapropiación cinéfila un gran caso para asegurar que las revoluciones más efectivas son las que mueven las vísceras.

Bacurau está disponible a modo VOD en la página web de Pacífica Grey.

País: Brasil | Francia. Año: 2019. Título original: Bacurau. Dirección: Kleber Mendonça Filho y Juliano Dornelles. Guion: Kleber Mendonça Filho y Juliano Dornelles. Producción: Ancine | Arte Francia Cinéma | CNC Aide aux cinémas du monde – Institut Français |
CinemaScópio Produções | Globo Filmes | Globosat / Telecine | SBS Films. Productores: Saïd Ben Saïd, Michel Merkt, Olivier Père, Emilie Lesclaux. Montaje: Eduardo Serrano. Fotografía: Pedro Sotero. Música: Mateus Alvez y Tomaz Alvez. Diseño de producción: Thales Junqueira. Duración: 131 minutos. Intérpretes: Sonia Braga, Bárbara Colen, Thomas Aquino, Udo Kier, Silvero Pereira. Color.

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